viernes, 12 de junio de 2009

UNA LUZ ENMEDIO DE TANTA OSCURIDAD

El premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades que recibió nuestra Universidad Nacional Autónoma de México, es una muestra fehaciente de que las instituciones puestas en buenas manos sí funcionan, y no sólo eso sino que los mexicanos tenemos la capacidad para destacar internacionalmente.

Lo malo es que la mayoría de nuestras instituciones han sido tomadas, a la mala, por gente que lo único que busca es un beneficio económico individual, dejando a un lado su razón de ser y anulando la posibilidad de que éstas sirvan para mitigar la enorme pobreza que alcanza ya a más de 80 millones de mexicanos que viven padeciendo los abusos del poder, la corrupción de gobernantes, de funcionarios, de representantes del pueblo y por supuesto de los empresarios abusivos aliados a la clase política.

Los que hemos tenido el privilegio de formarnos dentro de la máxima casa de estudios, estamos hoy obligados a corresponder sumando nuestros esfuerzos para evitar el deterioro total del país. Cada universitario desde su espacio puede colaborar en la transformación de México. Lo hicieron los científicos y especialistas durante los foros que organizó la UNAM para detener la privatización del petróleo, ese ejemplo da muestra de que sí se puede acabar con la voracidad de los traidores.

Este premio, de alguna manera, representa un duro golpe para aquellos que dentro del Congreso han permitido que no se asigne mayor presupuesto a la educación superior, me refiero a PRI y PAN. También representa un golpe para la política neoliberal que ronda sus jardines, sus aulas, sus laboratorios y sus centros culturales y de arte en busca de la ansiada privatización.

En medio de la tragedia por la pérdida irreparable de 44 niños en un incendio provocado por la negligencia del Estado, este premio es un bálsamo para que los mexicanos no perdamos la fe, y sigamos luchando todos los días y de manera organizada por el cambio que permita salvarnos del precipicio.

Mi reconocimiento y felicitación a José Narro Robles, rector de la UNAM.

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