miércoles, 11 de agosto de 2010

El señor de Los Pinos como rey en restaurante caro--- Federico Arreola


No hablo de Felipe Calderón, sino de Gerardo Ruiz Mateos, jefe de una dependencia del gobierno federal pomposamente llamada Oficina de la Presidencia.


Ahí estaba don Gerardo anoche, en una de las mesas del carísimo restaurante Becco, de Polanco...


Cuento la historia.


La noche del martes acudí a la sede de la Presidencia legítima de México, en la colonia Roma del Distrito Federal. Ahí me reuní con Andrés Manuel López Obrador. Terminé poco después de las 22 horas. Cuando abandonaba el despacho de AMLO, me llamó un amigo empresario con el que debía tratar un asunto más o menos importante. Este hombre de negocios estaba cerca del Becco y propuso que nos viéramos en ese establecimiento. Acepté.


En cuanto me senté, ya cerca de las 11 de la noche, advertí que en una de las mesas ubicadas frente a la nuestra, el mencionado colaborador de Calderón bebía un vino caro, bastante caro. No conozco mucho de estos productos, pero casualmente la botella que consumía Ruiz Mateos pude distinguirla: sí, era un vino caro.


No estoy en contra de los lujos. El que se los pueda pagar, que se los pague. Pero con su dinero.


¿Debe el funcionario público disfrutar de una vida de magnate? En mi opinión, no. Porque su sueldo y sus gastos, los paga el pueblo.


En twitter, anoche mismo, comenté que vi a Gerardo Ruiz Mateos en calidad de pachá en el exclusivo Becco. Los tuiteros conscientes lo criticaron, pero de inmediato entró en acción el equipo de internet de Los Pinos para defender al amigo de Calderón.


El derroche de un funcionario público no es defendible. Ni siquiera con el argumento barato de que "ese funcionario ya tenía dinero desde antes" o de que "estudió en el Tec".


En la Ciudad de México, lamentablemente, los restaurantes más caros no están llenos de empresarios haciendo negocios, sino de burócratas dándose la gran vida con cargo al erario.


Uno de los costos de participar en el gobierno debiera ser el de aceptar vivir, mientras se es funcionario público, en la "justa medianía" de la que hablaba Benito Juárez.


El funcionario público puede y debe visitar restaurantes, pero sin exhibirse en sus excesos. Hace no mucho tiempo vi en El Cardenal, de Lomas, a Felipe Calderón y a su esposa, Margarita Zavala. No había en ellos ninguna actitud prepotente ni de despilfarro. Consumieron un sencillo desayuno, correctamente sentados a la mesa, y ya. Nada que criticarles y aun un hecho digno de reconocimiento.


Lo que mostró anoche Ruiz Mateos en el restaurante Becco fue otra cosa: el exceso por el exceso. Carajo, qué mal se veía casi recostado en la silla con la copa en alto en pose de potentado mamón. Una vergüenza, de plano.

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