Por Morfo
06 de Febrero, 2009 - 11:59
Un científico francés, desciende del avión, cambia 4,600 euros, luego es robado, baleado para morir días después. En poco, un comerciante norteamericano, cambia 4,600 dólares, es robado, baleado.
Un general retirado es secuestrado, torturado y ejecutado. Todo el mundo oficial se indigna. Homenajes aquí, allá, nacen nuevos héroes y los homenajes llenan las planas de los diarios oficialistas y oficiosos. Otro general, también retirado, es asaltado en su domicilio, se defiende y termina matando a dos de sus agresores. Se convierte en héroe, no hay homenajes pero inspira a los fanáticos de las instituciones a exigir la portación de armas a cualquier burócrata como si con ello se resolviera el problema del crimen y la impunidad.
Un presidente mexicano, es ovacionado en un diario de Norteamérica, influyente en todo el mundo. Da muestras del liderazgo social que ostenta en un país sumido en la crisis como México. Lo señala como un personaje fortalecido, congruente; en fin, todo un estadista casi en funciones. Por otra parte, otro presidente se siente relegado de la atención de tan importante diario y lanza gritos plañideros, de berrinche. Hace un llamado contra el catastrofismo, rememora la reunión en Davos donde el mundo acordó la crudeza de la crisis mientras este presidente no dejaba de decir que no, que aquí no pasa nada, que la crisis se la pela a México, que vivimos mejor haiga sido como haiga sido. El loco del pueblo pues.
Algunos de los casos anteriores son casualidades y otras no tanto. Las que refieren al gobierno de facto de Calderón son muestras de la desesperación, de una persona al borde de sus capacidades intelectuales. Y es que no debió ser nada grato para el espurio recibir tremendo golpazo por un diario crítico y objetivo al reconocer en Andrés Manuel un liderazgo del que él carece, y por lo tanto desea. Debió preguntar a sus asesores "¿Qué pasó aquí?", y estos debieron dar mil y un explicaciones que inflaran el diminuto pecho de este personaje. Basta ver el contexto de Calderón: generales muertos, fracaso en la economía, fracaso en su imagen, en una constante posición a la defensiva, siempre haciendo sus ridículos llamados a la unidad. El tipo, resumiendo, es un perdedor.
Por tanto algunos de sus pocos seguidores, pagados y no, se solidarizan con él, se expresan de él como si lo hiciesen de un cachorro lastimado: "Es que debemos apoyarlo", "Es que no lo dejan trabajar", "Es que Chávez, Fidel, Andrés Manuel". Ante tales expresiones no queda más pena ni conmiseración. Las consecuencias las pagamos todos, pero de distinta forma, esa diferencia hace madurar a algunos y a otros los relega de la toma de decisiones en la vida nacional. Los que somos conscientes de la situación, y las causas, estamos en constante observación y participación de las acciones que sacarán de México a los responsables de la debacle. Los culpables, los responsables y los simpatizantes de la usurpación, ni tiempo tienen de preocuparse de apoyar el régimen, están sólo tratando de sobrevivir en un ambiente que ellos mismo propiciaron.
Cuenta saldada.
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