jueves, 9 de julio de 2009

El que se enoja pierde

Por Polimnia Romana
09 de Julio, 2009 - 00:00
Leí en el Correo Ilustrado de la Jornada a un lector muy enojado y desesperado porque el PRI ganó las elecciones. A él y a muchos que tal vez sienten rabia les quiero recordar que el que se enoja pierde.

En primer lugar les recomiendo que no vean tanta tele, invadida hoy por analistas de derecha que hacen pésimas interpretaciones de lo que ocurre, acuérdense que su labor es desalentar el gran movimiento de conscientización que se extiende por todo el país. Son muy pocos los que hacen una lectura correcta de las cifras que dieron ventaja a los dinosaurios.

El abstencionismo alcanzó un porcentaje mayor al 55.29 por ciento, alrededor de 43 millones de personas no asistieron a votar, de una lista nominal de 77.4 millones de ciudadanos. El triunfo tan cacareado por el PRI alcanza sólo 12 millones de votos. Y, por supuesto, no van a meditar ni un segundo en el hartazgo que expresó la gente al no ir a votar.

Sabemos que el desencanto por el fraude de 2006 apartó a mucha gente de las urnas, pero también el bombardeo de los medios que alentaron la idea de que todos los políticos son iguales y entonces ya para qué demonios vamos a votar. Lo que no decían era que ese voto nulo beneficiaría a los partidos de la derecha que conservan todas las prácticas deshonestas y corporativistas para conservar su voto duro, esto en el caso del PRI porque al PAN si que se le hizo bolas el engrudo, con todo y que una parte del PRD se alió a él para dividir a la izquierda.

Sin embargo, y a pesar de todo, hay una ganancia importante que los medios no dicen y que significa mucho para los que no perdemos la esperanza, para los que no nos rajamos ni nos enojamos.

El ejemplo de Iztapalapa ya sembró el antecedente de que sí se puede revertir un fraude anticipado, y que la organización de la ciudadanía resulta maravillosa y efectiva cuando se trata de defender la voluntad popular.

Conservar el registro de dos partidos que estaban en la mira de los poderosos, por apoyar al líder moral, es también un triunfo y un ejemplo de congruencia y reconocimiento a su lealtad.

La Ciudad de México, considerada una de las más grandes del mundo, sigue gobernada por la izquierda, y eso permitirá que sus ciudadanos conserven los beneficios de los programas sociales que implementó Andrés Manuel López Obrador durante su gestión, y que sigue apuntalando desde el Gobierno Legítimo. Trágico sería que la derecha se infiltrara en esta gran Ciudad.

Desde aquí vamos a continuar esta lucha que sabíamos larga y difícil, pero no imposible.

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