martes, 17 de noviembre de 2009

CARTA DE ANDRES MANUEL AL PUEBLO DE MEXICO

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Hoy a las 9:04
Al pueblo de México:
En la actualidad, muchos mexicanos están sufriendo o viven angustiados por la
violencia imperante en todo el país.
Por eso, he decidido dar a conocer mi opinión sobre este grave problema y
proponer al mismo tiempo algunas medidas para enfrentar el flagelo de la
delincuencia.
En primer término tenemos que preguntarnos y aclarar ¿cómo fue que llegamos a
estos extremos de inseguridad?
Desde mi punto de vista, esta descomposición social viene de lejos, se acentuó en
los últimos tiempos y se precipitó después del fraude electoral.
Esta crisis tiene su antecedente inmediato en la política salinista, que convirtió al
gobierno en un comité al servicio de una minoría de banqueros, hombres de
negocios vinculados al poder, especuladores, traficantes de influencias y políticos
corruptos.
A partir de la creación de esta red de intereses y complicidades, todas las
acciones del gobierno se orientaron a mantener y acrecentar los privilegios de
unos cuantos, sin importar el destino del país y la suerte de la mayoría de los
mexicanos.
En este marco de complicidades y componendas entre el poder económico y el
poder político, se llevaron a cabo las privatizaciones de las empresas públicas en
beneficio de una minoría. También, en este contexto, debe verse el asunto del
Fobaproa, el saqueo más grande que se haya registrado en la historia de México,
desde la época colonial.
Recordemos que Ernesto Zedillo, con el apoyo del PRI y del PAN, del PRIAN,
decidió convertir las deudas privadas de unos cuantos, en deuda pública.
A la llegada de Vicente Fox se fortaleció y se hizo más vulgar esta red de
complicidades, al grado que un empleado del banquero Roberto Hernández, pasó
a ser el encargado de la Hacienda Pública. Pero lo más grave fue que Fox dio al
traste con la incipiente democracia mexicana.
A estas alturas, ha quedado suficientemente claro que quienes urdieron y llevaron
a cabo el fraude electoral del 2006, lo hicieron para seguir imponiendo una política
económica contraria al interés popular y a la soberanía nacional.
El fraude causó un daño inmenso: lastimó los sentimientos de millones de
mexicanos, socavó a las instituciones, envileció por entero a la llamada sociedad
política, y quien actualmente se ostenta como presidente de la República no sólo
carece de autoridad moral, sino que su ineptitud es cada vez más evidente.
El fraude nos llevó a más pobreza, desempleo, carestía, crisis de bienestar social
y desamparo, a más inseguridad y más violencia. Todo lo cual, si se hubiese
respetado el voto ciudadano, no se estaría padeciendo o, cuando menos, habría la
esperanza de salir adelante y no la sensación de frustración que empieza a
dominar en amplios sectores de la sociedad.
Además, la falta de sensibilidad y la hipocresía de los potentados, y de su
representante en la Presidencia, es cada vez más notoria. Por ejemplo, ahora
cuando se ha desbordado la inseguridad y la violencia en el país, lo único que se
les ocurre es amenazar con el discurso propagandístico de “la mano dura”, y
quieren resolver el problema con más policías, más soldados, más cárceles, leyes
más severas, y condenas más largas. Como ello bastara para enfrentar una
situación que se ha originado por 26 años de estancamiento económico, por
mayor desigualdad, por falta de empleo y educación para los jóvenes, por la
corrupción y por el modelo de vida que han venido fomentando las elites, a través
de los medios de comunicación, donde lo más importante es triunfar a toda costa,
sin escrúpulos morales de ninguna índole y donde el dinero siempre se impone
sobre la moral y la dignidad del pueblo.
La delincuencia y la convulsión social son producto de la injusticia y de una
estructura de clases corrupta que ignora o menosprecia a los pobres. Mientras en
una sociedad hay oportunidades para todos, también hay tranquilidad social.
Cuando hay mucha gente desempleada, económicamente desposeída y sin
esperanzas, es mayor la tentación de escapar de la amarga realidad, mediante las
drogas y la violencia.
Sin justicia no hay garantía de seguridad, ni de tranquilidad, ni de paz social. La
solución de fondo en el combate a la delincuencia, la más humanitaria, eficaz y
probablemente la menos cara, consiste en combatir el desempleo, la pobreza, la
desintegración familiar, la pérdida de valores y la ausencia de alternativas. Pero
nada de eso están haciendo los hombres del poder en México.
Tampoco están dispuestos a rectificar, ni practican la autocrítica. Por el contrario,
a pesar de que el país está hundido en una profunda crisis económica y de
bienestar social, insisten en seguir saqueando, en despojar al pueblo de su
patrimonio y de su porvenir.
No se ponen a pensar que si se aprobaran las reformas que propone Calderón
para privatizar la industria petrolera, habría más pobreza, más desempleo, pero
también más frustración y violencia, lo cual ni a ellos mismos les conviene, porque
nadie podría vivir en un país con tanto desorden social. A menos que por la
codicia estén dispuestos a permanecer como rehenes en casas amuralladas, a
viajar en carros blindados y a moverse con nubes de guardaespaldas, pero a eso,
francamente, no se le puede llamar vivir.
De modo que si ellos no alcanzan a entender que el petróleo en manos de la
Nación es un factor de estabilidad política y social, a nosotros nos corresponde
actuar con responsabilidad y hacer todo lo que podamos para frenar el proceso de
degradación progresiva que afecta a la sociedad en su conjunto y a la vida
pública.
No puede ser que por la enajenación que produce la ambición al dinero, se
destruya lo más preciado para todos que es la tranquilidad y la paz social o se
obliga a algunos mexicanos a abandonar al país.
Todos queremos que nuestros hijos y nuestros nietos puedan caminar por las
calles, libres de miedos y temores.
Por lo anterior, propongo de manera concreta lo siguiente:
1. Lo primero que tenemos que hacer es evitar la privatización, abierta o
disfrazada, de la industria petrolera nacional y seguir luchando hasta rechazar por
completo las iniciativas de reformas que presentaron Calderón y el PRI en el
Congreso.
Entre otras razones, nos oponemos a la privatización, porque queremos vivir en
paz y sabemos que la paz es fruto de la justicia. El despojo de la renta petrolera
creará un ambiente de insatisfacción y farsa, que nos mantendrá en constante
riesgo de confrontación y habrá más inseguridad e inestabilidad política.
2. Es necesario ver el gasto destinado a la juventud como una inversión social.
La Cámara de Diputados debe autorizar mayor presupuesto a las universidades
públicas con el propósito de que los 300 mil jóvenes que cada año son rechazados
con el pretexto de que no pasan el examen de admisión, tengan la oportunidad de
estudiar y no se les orille a tomar el camino de las conductas antisociales.
Asimismo, deben otorgarse becas a todos los jóvenes que estudian en el nivel
medio superior, como lo está haciendo el Gobierno del Distrito Federal.
3. Deben renunciar, de inmediato, los secretarios de Gobernación y de Seguridad
Pública federal, Juan Camilo Mouriño y Genaro García Luna, respectivamente, así
como el procurador General de la República, Eduardo Medina Mora. Los motivos
son obvios: el primero, es un delincuente confeso y los otros dos ya fueron,
durante el gobierno de Fox, titular de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) y
secretario de Seguridad Pública federal. Y durante todo este tiempo, han
demostrado su falta de integridad e ineficiencia.
4. Debe orientarse el presupuesto público a impulsar actividades productivas,
crear empleos y garantizar el bienestar de la población.
El gobierno de facto no ha hecho nada para reducir su enorme gasto burocrático.
Por el contrario, en 2007, lo aumentó en 154 mil millones de pesos. Y hasta ahora
su gasto corriente en 2008 se proyecta en 250 mil millones más. Es decir, en sólo
2 años sumará 404 mil millones de pesos.
A su vez, en 2007, los excedentes por precios altos del petróleo de exportación
fueron de 12 mil millones de dólares y en 2008 serán 20 mil millones más.
Por eso proponemos que se lleve a cabo una reducción del gasto burocrático de
por lo menos 200 mil millones de pesos y que estos recursos, junto con los
excedentes petroleros, se destinen a la inversión en infraestructura y desarrollo
social. En particular, estos recursos deben orientarse a fortalecer a Pemex, a
garantizar la soberanía alimentaria y a crear empleos sobre todo para los jóvenes.
5. Debemos seguir insistiendo hasta lograr una renovación tajante de la vida
pública. Nada o poco se logrará mientras se mantenga este régimen de opresión,
corrupción y privilegios.
El país está secuestrado por una minoría rapaz. No se pueden enfrentar los
graves y grandes problemas nacionales si continúa el predominio de una mafia
política tanto o más peligrosa que la delincuencia organizada.
Sí hay salidas, sigamos organizándonos.
Sigamos defendiendo al pueblo y al patrimonio de la Nación
Sigamos trabajando en la transformación de la vida pública de México.
Andrés Manuel López Obrador
Presidente Legítimo de México

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