04 de Diciembre, 2009
Lo que sucede en Iztapalapa es producto de una traición al pueblo protagonizada por Rafael Acosta y maquinada por los contrincantes políticos de Andrés Manuel López Obrador. Los medios de comunicación han tenido cuidado de mantener la cobertura completa del conflicto, en primer lugar, para distraer la atención de la gente sobre los verdaderos problemas que enfrenta el país y, en segundo lugar, para aprovechar la oportunidad de golpear a López Obrador y a sus seguidores haciendo creer que todos los políticos son iguales.
Si existe un pueblo consciente en este país es el de Iztapalapa. Prueba de ello fue la votación que revirtió el daño que al proceso democrático había causado la decisión de Carmen Alanís, amiga de Margarita Zavala, de sacar de la contienda electoral a Clara Brugada.
Todo México se enteró que votar a favor de Rafael Acosta en realidad era votar por Clara Brugada, ya que Rafael Acosta se comprometió frente al pueblo a pedir licencia indefinida para dejar como delegada a Clara Brugada, la candidata que el pueblo eligió por mayoría.
Si bien la salida fue precipitada por la premura de resolver la canallada del Tribunal, también es cierto que la traición de Rafael Acosta resultó un golpe para el pueblo que confió en él y para Andrés Manuel López Obrador que diseñó la estrategia.Reconocer esta situación, por ningún motivo debe decepcionarnos.
Las traiciones han existido y seguirán existiendo entre los seres humanos. Lo común no decepciona, lo realmente admirable es la lealtad, y de esos ejemplos afortunadamente existen muchos dentro del Movimiento Lopezobradorista.
Si ponemos atención nos podremos dar cuenta que esta situación está revelando perfectamente ante el pueblo de México la calidad humana y la ética de los políticos que están azuzando a Rafael Acosta para infiltrar, a la mala, a la derecha en la delegación más grande del D.F.
El objetivo de exhibir a López Obrador como un mal estratega en asuntos políticos no les resultó, al contrario, el pueblo organizado y unido va a demostrar en los hechos que un verdadero líder no se vende al mejor postor.
Este país sería otro si los medios dieran cobertura a los verdaderos problemas que el gobierno usurpador, lejos de resolver, ha agravado con sus arreglos en lo oscurito y su ineptitud. Así la gente estaría enterada de cómo y quién la atraca, para razonar su voto, en vez de inmiscuirse en declaraciones y mentiras de un traidor convertido en personaje novelesco por los que quieren sacar raja política del conflicto que provocó el incumplimiento de su palabra.
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