El triunfo de Rosario Robles
Pero el triunfo de la funcionaria de Sedesol no es la inusual prolongada nota de Marín, sino el saludo, el pésame de la alta burocracia priista ya sea en redes sociales o en presencia, de Chong a Navarrete pasando por Coldwell y Ruiz Massieu.
“Sobran motivos para abrazar a Rosario”, titula el merolico televisivo, Carlos Marín, su columna enMilenio (04-11-13). Se refiere a la muerte (lo más normal a edad avanzada) de la madre de la funcionaria de Peña Nieto.
Y se lanza a un florilegio elogioso que cuando tropieza cronológicamente con un malestar lo justifica: “La combinación de una pasión equivocada y los bochornosos videoescándalos, hace nueve años, la hicieron renunciar a la dirigencia nacional y a la militancia perredista.”.
No se sabe de cierto si Marín quiere quedar bien con Robles o con su jefe, pero le parece buena idea combinar la presencia de Cuauhtémoc Cárdenas en el velorio así como la virtuosa decisión de Peña de incorporarla a su equipo para decir que en esa combinación Rosario consuma su compromiso “con la izquierda social, con la izquierda racional”; ¿idiotez u oportunismo?
Lo normal es que se haga homenaje y recuento del muerto, aquí se hace de la viva; un panegírico balance de su vida. Una cercanía con cualquiera de ambas ameritaría un recogimiento íntimo, no una alharaca, a menos que la muerta, como figura pública, fuera la viva.
Pero el triunfo de la funcionaria de Sedesol no es la inusual prolongada nota de Marín, sino el saludo, el pésame de la alta burocracia priista ya sea en redes sociales o en presencia, de Chong a Navarrete pasando por Coldwell y Ruiz Massieu.
En un país tan bien descrito políticamente por Cosío Villegas (y donde el compromiso con principios o ideologías se desvanece), trepar es el verbo más socorrido. El trazo de Rosario Robles es claro, le ha ido bien saltando de un lado a otro, ha sabido trepar, de allí que no tenga de qué preocuparse.
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