martes, 15 de abril de 2014

Los viajes de Durazo a París para llorar a Colosio

I. La autoría del homicidio de Colosio para deshacerse de él al cuarto para las doce de la elección y sustituirlo por Zedillo, conduce a los pasillos del poder presidencial salinista, incluida por supuesto la pandilla de Zedillo-Liébano Sáenz, sin faltar quien “mucho tuvo que ver”: el tenebroso franchute José Córdoba, ahora asesor de Luis Téllez en la Bolsa Mexicana de Valores, el casino del capitalismo mexicano. A 20 años de ese crimen político, los colosistas dizque lo recuerdan y le lloran, y hasta Peña se apuntó haciendo una equivocada comparación entre el magnicidio de Obregón y el asesinato en Lomas Taurinas, Baja California. Tal vez el sicario haya sido el encarcelado Mario Aburto, pero la mano invisible que ordenó lo privaran de la vida fue la mano peluda del salinismo. Aquel 23 de marzo de 1994, el sonorense fue ultimado en Tijuana, y el país estuvoa un tris del golpe de Estado por ese evento y los demás asesinatos, el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la imposición de Zedillo como sucesor de Colosio y de Salinas.
 
II. Pues bien, al expriísta, expanista, experredista y por el momento lopezobradorista en el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), Alfonso Durazo Montaño, lo persiguen al menos dos misterios sospechosos (recordemos el sospechosismo de Creel): uno, la maleta que tenía Colosio con más de 10 millones de pesos de aportaciones para su campaña y que “desapareció” tras su homicidio, y enterado Salinas de ese donativo por quien lo hizo, investigó su paradero, y con eso obligó a Durazo a aceptar un cargo que rechazaba en el entonces Departamento del Distrito Federal. El otro misterio son sus viajes a París, uno al poco tiempo del asesinato de quien fuera escogido por Salinas (“¡No se hagan bolas, es Colosio!”), creyéndolo manipulable. Cuando se dio cuenta que éste se independizaba y pintaba para rectificar al salinismo, y como no quiso renunciar a la candidatura, lo sacaron de la escena con al menos dos balazos certeros: uno en la cabeza y el segundo –por otro gatillero que no fue Aburto– en un costado.
 

III. Y para llorar a su amigo (y dice que también discípulo), Durazo organizó más de tres viajes a la capital de Francia como muestra de luto y pesar. Es cierto que él y su familia tienen un negocio de venta de gas en Sonora, pero no parece que diera tantas ganancias como para cruzar el Atlántico, llegar a París y desde ahí turistear por Europa. Como hayan sido financiados, lo cierto es que Durazo no quería estar en nuestro país. Allá, dándose la gran vida, derramaba lágrimas (como los cocodrilos al estar tragando su presa) con los platillos de la cocina francesa; española cuando se iba a Madrid; italiana al llegar a Roma, etcétera. Por esos lugares tramó salirse del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y empezó sus contactos con el Partido Acción Nacional. Y cuando el loquito Fox se agandalló la candidatura, se alistó como foxista al frente de lacruzada, difundiendo que Fox era el “salvador” del país. Como poseído echaba pestes al PRI, y con su sonrisita ingenua de siempre cultivaba amistad con los panistas Korrodi o Ramiro Garza Cantú, hasta ser nombrado secretario particular de Fox, de donde lo corrió Marta, porque ambos se estorbaban… Así lloróDurazo a Colosio.

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