Proceso y el mito de la insurgencia; el PRI se limpia con basura; la corrupción asfixia a la izquierda
Como muchos mexicanos, leí durante las dos últimas semanas bastantes artículos sobre Octavio Paz y aun escritos de este autor. En algún lado, Paz dijo, sobre el Museo de Antropología ubicado en la Ciudad de México, que entrar a ese recinto significa penetrar en la arquitectura realizada con “la materia solemne del mito”.
No pocas veces, leyendo la revista Proceso, siento que entro en el Museo de la Insurgencia, desde luego construido con la materia solemne del mito revolucionario, según el cual solamente la revuelta armada acabará en México con las desigualdades y todas las otras injusticias sociales.
Proceso es una publicación admirable, sin lugar a dudas. La he leído desde que nació y siempre la he encontrado muy útil, aunque su estilo de dar las noticias sea el alarmismo. Sí, como define la Real Academia Española a esta palabra, la “tendencia a propagar rumores sobre peligros imaginarios o a exagerar los peligros reales”.
Esta semana, el semanario fundado por Julio Scherer insiste en el mito de la revolución. En su portada, debajo de una foto bien hecha, inclusive “artística”, del líder de las autodefensas de Michoacán, José Manuel Mireles, Proceso anuncia el principal de sus reportajes: “Autodefensas incipiente insurgencia social”.
Mireles dice en Proceso, algo que por cierto se ha publicado en todos los medios, que los grupos de autodefensa no solo no se van a desarmar, sino que se trata de un fenómeno que se “reproducirá en otros estados, creando las bases de una insurgencia social; adelantó que ciudadanos de Nuevo León, Zacatecas, Puebla y Quintana Roo ya le han pedido ayuda para formar sus propios grupos”.
Conozco a la gente de Nuevo León que ha buscado a Mireles para ¿contratarlo? como asesor, de tal modo de empezar a formar brigadas armadas de autodefensas en los municipios de Monterrey, San Pedro, San Nicolás, Guadalupe, Apodaca.
Sé de lo que hablo, así que con conocimiento de causa puedo afirmar que los nuevoleoneses que han buscado a Mireles jamás van a participar en ningún tipo de lucha en la que tengan que utilizar pistolas, rifles, etcétera.
El otro día un amigo me llamó por teléfono muy alarmado para contarme que algunos distinguidos habitantes de Nuevo León estaban buscando a Mireles. Le dije a la persona que se tomó la molestia de informarme que no se preocupara, que los promotores de las autodefensas nuevoleonesas que él mencionó son demasiado burgueses, es decir, disfrutan bastante de la buena vida que han alcanzado con sus negocios como para tomarlos en serio en su rol de revolucionarios.
En otro de los artículos sobre Octavio Paz que he leído en estos días, supe de una entrevista que alguien le hizo en la que le preguntó si creía, como Lévy-Strauss, que los mitos degeneran y mueren.
Paz respondió que los mitos nacen, degeneran, mueren… ¡y hasta resucitan!
Hoy en Proceso estamos viendo algo así como el retorno del mito de la insurgencia que estaba muerto desde su última resurrección en enero de 1994 a propósito de la revuelta zapatista en Chiapas.
En internet si se busca la expresión “insurgencia social” –la usada por Mireles y que adorna la portada de Proceso– lo que se encuentra es una gran cantidad de notas periodísticas en las que un burócrata del PRD, el senador Miguel Barbosa, la propone para luchar contra las leyes secundarias de la reforma energética.
Barbosa no es ni será revolucionario, así que lo que él diga no vale. Pero si la búsqueda de “insurgencia social” se combina con la de “autodefensa” es sencillo dar con artículos sobre lo que se supone originó el levantamiento zapatista, como uno en el que se afirma lo siguiente:
“El EZLN surgió de brigadas de autodefensa establecidas para defender a los campesinos del terrorismo sufrido a manos de los barones del café y de los rancheros ganaderos de Chiapas… Las ocupaciones de tierras pacíficas se tornaron sangrientas cuando los terratenientes enviaban a sus pistoleros a atacar a los campesinos. Marcos dijo en una entrevista que al transcurrir el tiempo, ‘los compañeros vieron que no era suficiente hacer autodefensa en una sola comunidad: sino que (era necesario) establecer alianzas con otras (comunidades) para confrontar contingentes militares y paramilitares a una escala mayor’. Si hay un acontecimiento que empujó a estos grupos de autodefensa a embarcarse en rumbo a la insurrección armada éste fue la decisión del gobierno de Salinas, en 1992, de revocar el Artículo 27 de la Constitución Federal. El Artículo 27, producto de la Revolución Mexicana, garantizaba el derecho de los campesinos a peticionar para hacer utilización de tierra privada o estatal en desuso”.
Tanto si lo promueven revistas históricas que usan a rancheros carismáticos, como el señor Mireles, o guerrilleros mediáticos con un discurso más elaborado, como Marcos, el mito de la insurgencia social resucita cada vez que en México se intenta modernizar la economía.
Pasa, aunque sea en términos del Estado de derecho demasiado pasar, que en Michoacán algunas personas hayan decidido armarse para defenderse de las mafias del narco, pero de eso a empezar a plantear, como lo ha hecho Proceso, la “incipiente insurgencia social”, no solo hay mucho trecho, sino también una enorme intención propagandística bien diseñada para oponerse a las reformas estructurales.
No tendrán éxito los que rechazan las reformas, no pueden tenerlo. Porque si México no se modernizara, lo único que llegaría sería el caos, la profundización del subdesarrollo, más pobreza, al mismo tiempo más riqueza de unos cuantos monopolistas, por lo tanto mayor desigualdad y un incremento en la violencia.
Por lo demás, vaya manera en la que el PRI está usando el tema del Príncipe de la basura para limpiar su imagen en el DF antes de las elecciones de 2015. Lo expresa muy bien la columna Bajo reserva deEl Universal:
“Un cruce de llamadas entre priistas cercanos al líder nacional del partido, César Camacho Quiroz, y funcionarios del gobierno del DF, al mando de Miguel Ángel Mancera, está moviendo aceleradamente las indagatorias en contra del ex líder del PRI, el impresentable Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, acusado de contratar edecanes para fines sexuales, nos comentan. De esta forma el partidazo está empujando para que se encuentren las pruebas que permitan la acción penal en contra del Príncipe de la basura. Por lo pronto, la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, que comanda Rodolfo Ríos Garza, ha metido a sus sabuesos a las entrañas, a la estructura de los empleados del Revolucionario Institucional en la capital del país, para recabar los testimonios que abonen a la averiguación previa. El ex dirigente no ha dado la cara ni ha aportado pruebas en su defensa, nos comentan”.
Y mientras los priistas usan la basura para lavarse la cara, la izquierda que ha gobernado la Ciudad de México ya durante tantos años se asfixia por la peste de la corrupción de la Línea 12 de metro o Línea Dorada.
En el costosísimo metro que no funciona y que tanto ha dañado a los capitalinos sin duda hubo una gran corrupción. Pero el actual jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, se ve decidido a no castigar a nadie seguramente porque así se lo están exigiendo en el PRD, partido en el que no necesitan que la suciedad de la anterior administración, la de Marcelo Ebrard, los salpique y los manche.
Si Mancera no pone orden y castiga a los culpables del crimen de la Línea Dorada, no le bastará a la izquierda con el prestigio de Andrés Manuel López Obrador, un hombre que se mantiene limpio pero que no puede él solo con tanta responsabilidad
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