Iguala, cúspide de la decadencia del sistema. ¿Pacto o renuncia de Peña?
¿Qué simboliza Abarca? Ciertamente, no al verdadero político de izquierda, sino al Pacto por México,
Contrario a lo que han estado difundiendo los periodistas dados al oficialismo, el crimen de Iguala no es asunto exclusivo de la “izquierda” sino que alcanza a la estructura en su conjunto y en particular a quienes han impulsado y se empeñan en sostener el sistema vigente al menos desde hace 3 décadas. 1 sistema depredador que sólo garantiza el bien de pocos frente a la escasez y la ruina de los más.
Y ahora, con la aprehensión de los responsables directos del crimen, Abarca y Pineda, este periodismo comienza a decir que se cierra el episodio y el país recobra la normalidad. Proponen el desgraciado caso Ayotzinapa como salvador de la condición en que se encuentra una nación que no está gobernada por ningún tipo de izquierda sino por el PRI y poco antes por el PAN. Y a nivel nacional, sí, por los principales partidos que han confirmado ese sistema ya rancio, putrefacto, vía el Pacto por México.
Es perogrullada, pero México no comienza ni mucho menos termina en Iguala. Muy por el contrario, Iguala es una supuración del ente enfermo.
Y en el último de los casos, ¿quién propicia Iguala?
1. El neoliberalismo depredador.
2. El PRI y el PAN que lo han impulsado.
3. El PRD que se perdió en ambición burocrática en manos de múltiples corrientes y muy en particular en la de Los Chuchos. El PRD se volvió una versión del PRI, sólo más que más pendeja (es decir, contrario a los priistas, a los perredistas los agarran con las manos en la masa cada dos minutos).
4. La corrupción de entes parasitarios como el Partido Verde Ecologista y el Panal (¿escapan o no el Movimiento Ciudadano y el PT?).
5. Los organismos cohesionados en torno al Pacto por México.
6. Y si alguna responsabilidad cabe en López Obrador, es la de haber dado la bienvenida, en un movimiento que se pretendía de la “revolución democrática”, a quienes no han sido más que inconformes, rencorosos políticos buscando cauce a su ambición personal. Y si quiere “salvar” a Morena, AMLO tendría que erradicar prácticas del pasado reciente (y por cierto, comentario al margen, si estos periodistas afines a Peña por algún artilugio quedaran preñados, responsabilizarán también a AMLO; así se las gastan).
En columnas pasadas establecí que Abarca es un hombre del sistema, su perfil, su comportamiento así lo definen. ¿Cuál es la diferencia entre Peña y Abarca, entre Mancera y Abarca, entre Ríos Piter y Abarca, entre Eruviel Ávila y Abarca? ¿La línea delgada que en México establece el maridaje política-crimen y los horrores y errores, como en Iguala, de ese maridaje?
¿Qué simboliza Abarca? Ciertamente, no al verdadero político de izquierda, sino al Pacto por México, Los Chuchos, al político que hace juego al régimen porque al nutrirlo y darle legitimidad (aunque sea criminal), igualmente, como parásito, se beneficia de él.
Y la sociedad ya no quiere más pactos como el nuevo que se fragua en torno a la seguridad (¿estarán representados allí el embarrado PRD, el PRI del 68 a Tlatlaya, el PAN de Calderón y crímenes intrafamiliares?), está exigiendo un “ya basta” al perfil del político vividor, parasitario, depredador y sin escrúpulos para hacerse del poder e incrementarlo a cualquier costo. Abarca es sólo una mínima pieza del rompecabezas total.
Procesar y castigar a Abarca y a Pineda no es suficiente. Ese no es un “final feliz”, como quieren los admiradores de Peña; y en este caso no puede haber final feliz. Junto al encarcelamiento de Abarca y Pineda, debiera de darse el de Ángel Aguirre y sus cómplices. Pero también la renuncia de los principales operadores del sistema fallido, negligente, incluyendo en primer lugar a Peña Nieto. Esto es lo que demanda el clamor social. Si tan sólo México fuera un país más o menos normal. Porque, a propósito, después de mes y medio de su desaparición, ¿dónde están los 43 estudiantes?
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