El gran acierto y los muchos errores de Javier Sicilia; “momentum”
No más besos; en eso todos estarán de acuerdo.
Quienes nos hemos visto defraudados con las elecciones presidenciales de 1988, 2006 y 2012 (y aun los que votaron por Fox, en 2000) o con las tantas intermedias, los que hemos creído en algún momento pasado en el PRD o en algunos políticos y que ahora han defraudado a sus electores y al país, no es que estemos soñando con la llegada próxima de lar urnas.
Pero si nadie va a tomar las armas, quedan tres opciones ante el próximo proceso electoral:
1. Votar como siempre.
2. No votar.
3. Votar con precaución e inteligencia y ser vigilante.
El fin de semana ha iniciado un nuevo proceso y al ciudadano mexicano agobiado por la debacle económica, la paupérrima democracia, el crimen, la violencia, el abuso, la corrupción, la impunidad, la burla y la injusticia, las tres posibilidades lo dejan en realidad perplejo. ¿Qué hacer?
Javier Sicilia vota por la opción número 2; la abstención proactiva: el boicot electoral. Y tiene razón: “Votar es sentarse a la mesa con corruptos y tramposos”; pero no del todo. De nuevo, el absurdo, el contrasentido, la generalización, la mala memoria, le juegan una mala pasada al poeta de Cuernavaca.
Un grandísimo acierto tuvo Sicilia en el pasado. Convocar, tras vivir la tragedia como padre víctima de la guerra de Felipe Calderón, a un gran movimiento nacional demandando justicia y a una monumental marcha que concluyó la tarde del 8 de mayo de 2011 en el zócalo y que, como pocas veces, al unísono hizo una propuesta: “¡Fuera Calderón; Muera Calderón!”, que derivó en el primer gran error de los muchos del poeta:
1. No atender el clamor que él mismo convocó y generó; silenciarlo.
2. Reunirse con Felipe Calderón.
3. Caer en la trampa del defraudador electoral en un sinfín de reuniones como la famosa farsa de Chapultepec.
4. Abandonar la calle y meterse con los burócratas del gobierno que le dieron largas y al final la espalda.
5. Besar a todos los políticos que pudo y que se dejaron.
6. Confundir un movimiento civil con uno cristiano.
7. Liarse con el subcomediante Marcos.
8. Llamar a boicot una y otra vez; como hace de nuevo hoy.
Pocos harán caso a Sicilia. ¿No le llama la atención que cada vez tienen menos eco sus planteamientos, que perdió el impulso de la calle y el respaldo de la ciudadanía para la causa justa que representaba?
Y como analista político en Proceso, Sicilia debiera saber que su llamado, el abstencionismo relativo, beneficiará siempre a quien está en el poder.
Tiene mucho de razón cuando dice: “…hay que decirles no [a los políticos], hay que exhibirlos en su corrupción y en sus redes de complicidad, dejándolos lo más solos que puedan […] no estoy cuestionando el método electoral, estamos con esto cuestionando a los jugadores, la mesa del juego está llena de criminales y de tramposos y sentarse a jugar con ellos, aunque sea con un voto en blanco, es legitimarlos” (sinembargo.mx; 09-01-15).
De acuerdo, hay que cuestionarlos, exhibirlos, denunciarlos…
Sin embargo, aquí viene el absurdo, la contradicción, la poca memoria de Sicilia: Él, sin haber votado una sola vez (tanto a él como a Marcos les parece mejor un mundo gobernado por Salinas, Calderón y Peña que la posibilidad de sus contrarios históricos), ha legitimado a base de reuniones burocráticas y besos a Beltrones, Vázquez Mota, Calderón, Peña, al gobierno, al sistema…
He tratado de comprender a Sicilia, más su lógica es compleja. Con el historial que trae, con el discurso de justicia y honestidad que maneja, debiera convocar a un estricto escrutinio de los precandidatos, candidatos y partidos; a votar con precaución e inteligencia y ser estrictamente vigilante del proceso y del desempeño de los políticos. Y con su calidad moral, cuando tenga que cuestionar, exhibir y denunciar, que lo haga; muchos le seguirán.
No más besos; en eso todos estarán de acuerdo. Pero si no se ha de ir a las armas, habrá que tomar las urnas. Entonces, no se trata de descalificar a todos con el rasero de un boicot de antemano fallido. No se trata de sustraer votos a las pocas buenas posibilidades. No se trata de distraer al público de lo que merece atención. Mejor que Sicilia se aplique, antes que a los labios, a las cuerdas vocales, a su discurso, y si acaso, a la reformulación de su pensamiento y planteamiento. Así, habrá la posibilidad de recuperar ese “momentum” del 8 de mayo de 2011 que se le fue de las manos.
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