Manuel Velasco, liquidado por su propia mano
La disculpa de Manuel Velasco es tardía, es falsa, llena de hipocresía y de oportunismo.
Como él mismo reconoce, en la primer quincena de diciembre el gobernador de Chiapas le dio una cachetada en público a uno de sus ayudantes. Pasó más de un mes y tuvo que hacerse público el vídeo en que se observa la agresión, para que el citado gobernador se dignara a pedir una disculpa pública al trabajador agraviado.
¿En pleno siglo XXI puede golpearse impunemente a un trabajador? La respuesta pareciera ser que sí, aunque la agresión es un acto de prepotencia, de cobardía y de ínfima calidad humana el cual, no tengo duda, podría tipificarse como un delito penal (paradojas de nuestro México).
El contexto en que se dio la agresión es claro, el citado gobernador se va despidiendo al finalizar un mitin y se regresa a regañar al ayudante al oído pero, no conforme con ello, unos segundos después, descarga una bofetada en el rostro del trabajador, de Luis Humberto.
Hoy sabemos que se llama Luis Humberto pues en el transcurso del día, en un mitin realizado en Chiapas, le pide disculpas públicas por el "accidente". ¿Habrá querido decir Manuel Velasco "accidente de trabajo"? Porque todo indica que al trabajar con él se puede sufrir el accidente de ser agredido físicamente por él mismo, y por ello acaba siendo un accidente de trabajo.
La disculpa de Manuel Velasco es tardía, es falsa, llena de hipocresía y de oportunismo. Fuerza al trabajador a aceptar la falsa disculpa, a sonreír y a presentar una farsa mayor la de dos iguales abrazados, dos compañeros de trabajo reconciliados.
La mentalidad de Manuel Velasco es racista y clasista en un estado con una población india mayoritaria. Las nacionalidades de pueblos indios son muchas en aquel rico, muy rico estado, con un pueblo pobre, paupérrimo. Las misérrimas condiciones en que viven la mayor parte de los chiapanecos es lacerante.
Fue ahí donde surgió el emblemático movimiento zapatista que desnudó la miseria brutal y la desigualdad que en esencia se mantienen desde que México es México, más aún, desde la colonia misma.
Es un acto inhumano feroz condenar a la gente a vivir en las condiciones en que vive la mayoría de los pueblos indios, no sólo en Chiapas. Es además una monstruosa injusticia social que estos hombres y mujeres continúen sobreviviendo en condiciones de pobreza pavorosa y que en pleno siglo XXI, el racismo, el clasismo, la explotación y la brutalidad sigan siendo los signos de la convivencia social chiapaneca y de los estados con importantes concentraciones de pueblos originarios (manera en que se nombra con supuesta bonhomía a los pueblos indios). Lo que Velasco hizo fue demostrar su mentalidad de hacendado chiapaneco: el hombre blanco que trata como bestia de carga a su trabajador.
El hecho es profundamente brutal, indignante e inaceptable. Muy irritante resulta la campaña mediática presentando su farsa de petición de perdón. ¿Serían tan tolerantes y tan comprensivos los medios si quien hubiera dado la cachetada fuese López Obrador? De ninguna manera, la carrera de este líder político opositor estaría absolutamente liquidada si hubiese tenido un arranque de una décima de la agresión desplegada por Velasco.
Vivimos tiempos canallas. Hoy surge un nuevo escándalo de corrupción publicado en Wall Street Journalque involucra al mismísimo Peña Nieto. Pero los encabezados están dominados por la hipócrita petición de perdón de Velasco.
En un régimen medianamente democrático, Velasco estaría perdiendo el cargo y siendo procesado judicialmente y, Peña Nieto, habría sido depuesto y ya estaría camino a la cárcel.
Lo que impera hoy por hoy es la hipocresía, la doble moral, la impunidad, la descomposición absoluta, no sólo del sistema político sino de la sociedad en su conjunto y la mayor parte de los medios de comunicación son un reflejo grotesco de nuestra sociedad, pues actúan como lacayos del poder, no sólo desviando la atención de lo verdaderamente relevante, sino intencionalmente tergiversando y engañando a la gente de forma sistemática.
Tenemos que transformar todo, tenemos que reconstruir el país desde sus cimientos. Los agravios se siguen acumulando y los que desgobiernan son tan ignorantes que creen que nada pasará, cuando bajo sus pies se desarrolla un terremoto que terminará en cataclismo político. Manuel Velasco ya se hacía candidato a la presidencia la República; el sueño se le acabó hoy. Manuel Velasco es una caricatura tan grotesca de un político, que la misma gubernatura de Chiapas le queda grande. Es tan farsante, que ni su preferencia sexual reconoce. Pobre Chiapas, pobre México en manos de estos simuladores.
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