jueves, 5 de marzo de 2015

La Corcholata, alias Carmen Salinas, y el mundo de Peña

@NietzscheAristomié 04 mar 2015 10:39
 
La Corcholata tendrá un escenario y un público más ad hoc para cerrar con “broche de oro” su carrera de pícara.
Francamente risible el escandalito en torno al dedazo dado a Carmen Salinas como candidata a diputada plurinominal por el PRI. Crítica, sorpresa, admiración e indignación ignoran o desdeñan al menos dos puntos:
1. Que Salinas Lozano ha sido priista orgánica desde siempre y hasta por genética (según info de César Camacho, El Relojes). A lo largo de su carrera como entretenedora, desde el cine de ficheras, en el papel de “La Corcholata” (salido de la película Bellas de noche o Las ficheras, de Miguel Delgado, 1975; protagonizada por la exquisita Sasha Montenegro, sueño erótico de adolescentes y políticos), hasta su participación en nauseabundos programas de televisa tipo Laura Bozzo, pasando por la producción teatral, ha estado relacionada con el poder básicamente priista. Sus “sketch” en Aventurera no eran más que una vulgar sobada elogiosa a los políticos amigos y una madriza altisonante a sus malqueridos o no cercanos; que el rústico público fácilmente celebraba. Carmen Salinas no es actriz, más bien se quedó en papel de La Corcholata. El personaje se comió a la artista, como suele suceder. Un personaje típicamente pícaro. Una pícara que desde los bajos fondos y al precio que sea, encuentra el camino del éxito.
2. Que La Corcholata embona a la perfección en el mundo de Peña Nieto. ¿No es éste un producto de televisa?, se dice. ¿No está casado con una actriz de televisión? ¿Acaso no son sus propuestas para instituciones clave como la PGR y la “Suprema Corte de Justicia de la Nación”, como han analizado los especialistas, dos personajes estrechamente vinculados al monopolio televisivo, Arely Gómez y Medina Mora? (a éste, a pesar de haber sido artífice de la guerra mortal de Felipe Calderón y de no haber procurado justicia cuando estuvo a cargo de “la procu”, ahora se le propone para impartirla). ¿Acaso no es El Verde, camarilla aliada del PRI y de Peña, el creador del nuevo cine mexicano y acaso no es este delincuente electoral quien pretende desde Chiapas y con televisa repetir la experiencia Peña-Rivera-Edomex? Por otro lado, no creo que Salinas sea una ignorante en el tejemaneje político a la mexicana, así que de eso no se le puede acusar y menos importará si es “leida” o no. ¿Acaso se busca a letrados para los cargos públicos? No hay un nombre que sirva como ejemplo hoy (qué arcaicos esos tiempos de los Torres Bodet, los José Gorostiza, los Jesús Silva Herzog). El mundo ideal de Peña es uno en el que todos le aprueben y nadie disienta. ¿Acaso no se ha quejado por la falta de aplausos? Y el que disiente es cuando menos un resentido, sino es que un conspirador contra el buen gobierno, como acusan los funcionarios y la milicia del gobierno o los periodistas felices con ese gobierno.
Vi hacia finales de los noventa a La Corcholata en el papel de Rosaura en Aventurera (por curiosidad a la recreación teatral de la película de Alberto Gout; sobre todo, por ver de cerca la piel de Edith González, que me parecía daba un aire a Nicole Kidman, a quien acababa de ver desnuda en The blue room, en Broadway). Y “Carmelita” siempre fue la misma; la misma dinámica: caricias y sobadas al poder amigo, sólo cambiando pertinentemente los nombres, y apretones de güevos y madrizas verbales a los malqueridos. Como legisladora, no cambiará la bribona. Y tal vez los aplausos caigan con facilidad a favor del PRI y de Peña, al fin, gracias a su taimada picardía y los nuevos “sketches”, que serán los ya conocidos; algo así como el “nuevo rostro”, que es el mismo de viejo. Además, el PRI algo le agradece o retribuye a la militante de 81 años de edad con su posición. Ahora, como diputada o nueva “diputeibol”, La Corcholata tendrá un escenario y un público más ad hoc para cerrar con “broche de oro” su carrera de pícara.

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