Populismo y nacionalismo, hoy (I)
Era lo más obvio, lo más esperable en el informe de Peña Nieto, que se lanzara contra lo que llama populismo y demagogia.
Tiene razón Federico Arreola: López Obrador no puede ser considerado populista ni demagogo (lo de la intolerancia es relativo y podría tener incluso una perspectiva positiva: ¿intolerancia a qué, a la corrupción, la impunidad, al neoliberalismo o capitalismo “salvaje”,…?), pues no solamente ha sido coherente y consistente en su programa político, un eficiente y destacado gobernante de la ciudad de México, ha decantado también por años, junto con intelectuales, académicos, científicos y políticos respetables, una propuesta alternativa de desarrollo nacional frente al fracaso y la ruina a que el prianismo, primero, y el pacto por México después, han llevado al país. Sin embargo, contrario a lo que Arreola cree, varios analistas consideran que el mensaje, la “pedrada” del tercer informa de Peña Nieto sí ha sido contra AMLO; el que no haya dicho nombres lo han atribuido algunos a la carencia de valor, a una estrategia de ataque o para no hacerle más “gordo el caldo” al líder de las encuestas hacia la presidencia en 2018 (aunque de todas maneras, lo ha hecho).
Pero no se ha tratado de una novedad. Ya había arrojado las mismas palabras a fines de julio pasado, cuando la horda priista le brindara una gran claque súper amaestrada en la sede nacional de su partido: “No podemos confiarnos. Hoy la sombra del populismo y la demagogia amenaza a las sociedades democráticas del mundo. …opciones políticas que, en su ambición de poder, prometen soluciones mágicas que en realidad terminan por empobrecer a las familias y restringir las libertades ciudadanas… México tiene que estar consciente de estos riesgos”. Y con certeza, las volverá a repetir y Arreola tendrá ocasión de rectificar su perspectiva. Y como en un guion dictado, un viejo fiel priista también se ha desgañitado contra el “populismo”, otro conocido de Arreola, Fabio Beltrones.
Era lo más obvio, lo más esperable en el informe de Peña Nieto, que se lanzara contra lo que llama populismo y demagogia. En ese discurso, que sería interesante saber quién escribió, se centra la campaña que ha iniciado desde: el ascenso de Morena a una posición de éxito tras la elección de junio pasado; que López Obrador ha resultado el puntero de las encuestas hacia la presidencia de la república con al menos un 42% y con una ventaja de unos 20 puntos sobre los siguientes competidores potenciales; que el gobierno y la economía no levantan; que la credibilidad de Peña anda por los suelos; y, por si fuera poco, desde que ha surgido de nuevo una verdadera oposición, no la de juguete del PAN y PRD.
Pero no sólo se trata del concepto del populismo el que trae a cuento quien dirija la mentalidad priista de hoy y que los subordinados se encargan de repetir; también pretende recobrar utilitariamente un nacionalismo en la política exterior. Veamos.
1. En México, el populismo viene del PRI. En, “Populismo PRIista” (Proceso, 24-08-15), John Ackerman señala que a raíz de la toma de protesta como dirigente del PRI, Fabio Beltrones ha anunciado una cruzada contra el “populismo” ignorando en apariencia “…que para lograr este fin tendría que acabar con su propio instituto político. Sería muy difícil encontrar en el mundo entero un partido más populista que el PRI.”. El articulista encuentra la raíz del populismo priista en su “padre fundador”, Plutarco Elías Calles y en los otros militares sonorenses, Adolfo de la Huerta (caso que merece una mejor revisión, me parece) y Álvaro Obregón. Con la fundación del PNR, Calles ejerce el poder detrás de los presidentes que han sido llamados peleles, Portes Gil, Ortiz Rubio y Rodríguez. Lázaro Cárdenas llegará a romper momentáneamente la demagogia oficialista al expulsar a Calles y llevar a cabo un gobierno no populista sino popular, de lado de la sociedad, profundizando el mandato revolucionario y constitucional de ofrecer y garantizar educación, salud, reparto de tierra, llevando a cabo la heroica y hoy traicionada expropiación petrolera, asumiendo una política exterior de gran dignidad.
Ackerman considera que, como sonorense, Beltrones recobra la demagogia callista, esa de que la fundación del PNR daría paso a una verdadera vida institucional “… a la condición histórica del país de un hombre a la nación de instituciones y leyes”. Lo que en su caso y en el de la mayoría de los presidentes priistas, ha sido demagogia pura; paquete que incluye a Peña, quien ha procurado gobernar poniendo los supuestos poderes autónomos a su servicio: el Congreso, la SCJN, el INE, etcétera.
Una muy buena definición de populismo ofrece Ackerman: “Los populistas impulsan políticas irresponsables y engañosas que buscan el aplauso fácil en lugar de resolver los problemas de fondo. Este tipo de gobiernos se esconden tras discursos demagógicos a favor de la economía popular, pero en realidad son sistemas profundamente corruptos que facilitan una mayor concentración del poder político y económico en pocas manos.”. Y sí, allí tienen a Peña necesitado de aplausos que socialmente no obtiene y que por ello va a buscarlos entre los únicos suyos, los priistas hijos, nietos y tataranietos de Plutarco, el sonorense.
2. ¿Nacionalismo en la SRE? Si es nacionalismo, es trasnochado y falso. Federico Arreola ha recogido y hecho suya una propuesta de Ciro Gómez Leyva: que el nombramiento, como sustituta en la secretaría de relaciones exteriores, de Claudia Ruiz Massieu -de la malhadada pero beneficiada familia Ruiz Massieu (donde dos hermanos murieron, a tiros uno, “suicidado” el otro en una cárcel de Estados Unidos),emparentada con los Salinas de Gortari- dará la oportunidad, frente a la embestida antimexicana del neonazi Donald Trump, de recuperar el viejo nacionalismo priista: “…una pizca del nacionalismo revolucionario que conoce desde su cuna”. Con qué poco se conforman los señores Gómez y Arreola; con una “pizca”. De entrada, el ascenso al poder de esta familia va de la mano con Salinas de Gortari, que de nacionalista tiene, si acaso, retórica y demagogia. Y de añadidura, Claudia Ruiz ha servido y sirve a un gobierno todavía más alejado del nacionalismo mexicano del siglo XX.
Con una supuesta vuelta al nacionalismo (no el que expropia sino el que procura la entrega del control de los recursos energéticos), las maneras, el tono y el viejo estilo, el prieñismo se ubica en la realidad de la simulación y el populismo demagógico.
Ahora bien, ¿pero contra quién está lanzado ese discurso de pretendidos altos conceptos? Cooptados por el “pacto por México”, es claro que no puede ser contra el PAN y el PRD (éste no sólo está huérfano de liderazgo al grado de recurrir al absurdo de un posibledirigente externo o uno ausente de la raíz que le diera origen, a Chucho Zambrano, como presidente de la cámara de diputados, se le ha encomendado llamar a la restauración de un viejo y demagógico rito priista: que regrese el encargado del ejecutivo a la cámara de diputados y que todo sea sutil para la supuesta vida democrática de las instituciones).
Contra Jaime Rodríguez, tampoco puede ser. A parte de tener muy poco de independiente, acaso la formalidad de la ley, este supuesto “bronco” ha mostrado su lado sutil con Peña y tal lo confirman hechos y palabras recientes, se le ve en realidad como un aliado.Por otra parte, el gobernador electo de Nuevo León está más cerca del PRI (al que “renunció” hace pocos meses después de 33 años de feliz matrimonio) que de una verdadera oposición.
En entrevista con Federico Arreola (donde EPN cae en la falsedad, la demagogia y el populismo de decir, después de más de 3 años, que “evalúa” qué hacer con el onerosísimo avión presidencial contratado por Calderón y adquirido por su sucesor), Peña ha negado, naturalmente, que su discurso esté dirigido contra López Obrador. Entonces, ¿tiene acceso a información sobre el surgimiento de algún movimiento demagógico, intolerante y populista en México que no alcance aún presencia pública visible, que opere en la clandestinidad al grado de encender la alarma oficial? Tendría que darla a conocer con carácter de urgente por bien de la patria. Más parece que este rollo discursivo trata en realidad de una impronta demagógica y populista, manipuladora; nada más.
No queda, pues, otro “enemigo” visible que el más obvio y evidente: el sistema, que tiene como figurín a Peña, se lanza contra el liderazgo del Movimiento de Regeneración Nacional. Así lo han apreciado analistas y comentadores tan contrastantes, de críticos a apologistas del poder, como Ciro Gómez, Ricardo Alemán, Brozo, Katia D’Artigues, Ezra Shabot, John Ackerman, Julio Hernández, etcétera.Proceso, al comentar las entrevistas post-informe, incluida la de SDPNoticias.com, titula a su nota, “Peña continúa campaña disfrazada contra AMLO: El populismo implica ‘claudicar’” (07-09-15). Y sobre todo, así lo percibe la sensibilidad pública y social.
Y ya se sabía. Bajo la miseria en que vive el país toma vigor una verdadera fuerza opositora y el posicionamiento de su líder. Y es natural que busquen destruirlos. La pregunta es si la ciudadanía volverá a permitir la burla en sus narices, la compra del voto y el ejercicio del poder en el fraude. Los mexicanos tienen la palabra. Falta poco menos de tres años; por ahora van lento, tendrán que “apretar el paso”, pero bien.
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