jueves, 21 de enero de 2016

IMPERDIBLE!!

Colima: ¿Por qué gana el PRI?; formateo social; #AMLO    

@NietzscheAristomié 20 ene 2016 21:01
 
 
Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador
Foto propiedad de: Internet
No es conveniente ni tan fácil aceptar ya como explicación de cualquier triunfo del PRI, como en el caso de Colima, la frase de que “mejor malo por conocido que bueno por conocer” o esa otra, “de los males, el menor”, o una tercera opción: que se debe al talento de sus políticos. Como señala la mayoría de los columnistas. A más de simplista, se renuncia a descifrar la compleja red, el mecanismo que explicaría ese fenómeno y, peor todavía, se renuncia a contribuir a la construcción no se diga de un futuro “mejor”, simplemente de un futuro con cualidad democrática porque se da por “natural” lo que sucede.
Y es que el partido en cuestión, con todo y que posee un historial y un presente de ineficiencia, autoritarismo, criminalidad y corrupción (descarada o bajo el título de “conflicto de interés”), tiene bajo su control la presidencia de la república y sus recursos, y continúa ganando elecciones en los estados salvo en los casos en que ha concertado una “derrota” en beneficio de los aliados, PAN, PRD y El Verde. La tomadura de pelo de “los independientes” poco contribuirá a la democracia. ¿Qué han tenido de independientes, por ejemplo, Rodríguez y Buganza? Claro, podría por allí salir un auténtico independiente y ya se verá, independiente en relación a qué. Por lo pronto, el caso de Nuevo León es el de una simulación. Imaginar un futuro tan infecundo como el presente, es sin duda desalentador.
Un concepto del filósofo francés Michel Onfray resulta muy útil al momento de explicar el porqué de esas “victorias” priistas: el formateo. Es decir, cómo la estructura social e individual está condicionada de tal manera que cumple la función que le diseña el sistema dominante. En este caso, que la acción concurra al triunfo ya ni siquiera necesaria ni únicamente mediante la compra del voto, sino incluso de manera “voluntaria”.
El caso de Colima es y será semejante al de la mayoría del país. ¿Pero cómo se manifiesta ese formateo?:
1. “Cultura” priista. Después de la revolución, cuando la ambición política se institucionaliza con el PNR, germen del PRI, se crea la forma de operar que, con todo y las modificaciones “neoliberales” de Salinas, continúa vigente: Con excepciones, se forja el político trepador que no sirve a la sociedad sino a sí mismo y a su grupo y casi a cualquier costo.
2. Televisión. Adyacente a ese fenómeno político, con el surgimiento de la televisión se crea el mecanismo de difusión de ese ser trepador. Al grado de que el último encargado del ejecutivo es en gran medida un producto de la televisión que sirve tanto para elevar como para destruir a un personaje. De un mediocre puede hacer un genio y del talentoso y servicial, un peligro. En México, la mayoría de la población, sobre todo la más pobre, se alimenta y “educa” a través de este instrumento de manipulación.
3. Religión. Guadalupanismo, catolicismo o cristianismo, el sometimiento de la sociedad a la visión mágica del mundo mina la capacidad de conciencia y acción pues propicia el desdén, la apatía y el sometimiento.
4. Miedo. Este elemento ha sido incorporado gradualmente a través del autoritarismo: 1968, 1971 y el crimen en torno al proceso de creación del PRD. Pero ha sido a partir de las administraciones de Calderón y Peña Nieto cuando se ha recrudecido la violencia, el “daño colateral”, la desaparición forzada y el crimen tanto por parte del estado como de los grupos delincuenciales dando pie a un síndrome de temor y terror en el país.
Y estos elementos de formateo en el ciudadano, de fijación de coordenadas de conducta y control son utilizados por el sistema para permanecer a pesar de todo. Cuando coyunturalmente se ha logrado romper ese fenómeno, el pre-condicionamiento ciudadano, algo ha sucedido que todo vuelve a su cauce a final de cuentas. Así, Fox traicionó a sus votantes y a la democracia que vio en él una salida del priismo. Resultó una puerta falsa y todo concluyó en el fracaso de la llamada alternancia. En 2006 se recurrió a la campaña de odio y al fraude electoral. En 2012, a la compra de la elección. El PAN ha sido la ocasión del fracaso histórico previsto por Daniel Cosío Villegas debido al componente ideológico conservador del partido (con el añadido de la corrupción; que es parte de la herencia o educación priista). El PRD ha resultado en desilusión o traición. Lo primero, cuando se han elegido malos candidatos o cuando se han hecho alianzas por interés político (Puebla, Sinaloa, Oaxaca, Chiapas,…) y no en función de un cambio verdadero o de servicio a la sociedad. Lo segundo, cuando el votado da la espalda a sus electores, como en el caso de Miguel Mancera, y en realidad, de todo el partido ya.
¿Cómo volver a romper ese condicionamiento? Se necesita de figuras cuyo perfil y trayectoria sean suficientemente claros y que tengan la capacidad de comunicarse con la sociedad. En los estados es bastante difícil encontrar este modelo, pues los gobernadores son usualmente producto de la negociación, los intereses de grupos y aun de la corrupción.
A nivel nacional y hacia la elección de 2018 sólo veo con ese perfil a López Obrador. Todo el país lo conoce a él y a su proyecto, sabe de sus aciertos y errores. Las campañas de lodo y los fraudes cometidos en su contra son experiencias que permiten a la gente tener una idea clara y precisa de quién es y lo que representa para el país; se acepte o se rechace. Por su puesto, tiene en su contra, cuando menos, la escasez de líderes que en los estados repliquen lo que él hace a nivel nacional, como se ha visto en Colima, y la siempre latente sombra de la traición.
Y algunos defienden la figura del “nuevo” modelo de político, el “independiente” como fenómeno de ruptura. Me resulta difícil creer en alguien que se independiza “al cuarto para las doce”, que tiene una carrera de decenios dentro de un partido, que se ha beneficiado e incluso enriquecido en él y nunca se manifestó en contra de ese sistema que ahora pretendería combatir. Lo más probable es que este modelo termine siendo otra falsa salida del tipo Fox; como en Nuevo León o Veracruz, en caso de prosperar. Con el subterfugio del independentismo estos personajes no defienden un proyecto o una ideología sino simplemente a su persona y los intereses detrás de ellos (que pueden ser incluso de aliados dentro de los partidos dominantes; como otra alternativa de control por medio de la simulación).
No bastará para un triunfo democrático con romper coyunturalmente con el formateo social, tendría que darse una convicción, una necesidad urgente de cambio que evite de nueva cuenta el fraude. Como ya se ha dicho y a pesar de que López Obrador encabeza las encuestas, no será tarea fácil el triunfo hacia 2018 porque, cumplidamente, el régimen dominante y sus aliados se vienen preparando desde hace tiempo para consumar una nueva “victoria” que mantenga sus privilegios a cargo del erario nacional y del empobrecimiento de la mayoría de los mexicanos.
López Obrador y quienes le asesoren, apoyen y simpaticen con él tendrán que hacer un intenso trabajo de concientización sobre la realidad (como él hace en sus giras, aunque necesitará atender su comunicación virtual que no es tan eficiente; tiene que aprender con urgencia a interactuar con sus seguidores en twitter y Facebook) y sobre los ataques que ya le son dirigidos. Que son y serán muchos y deberán de ser respondidos de manera inteligente y puntual. Ahora vendrán por más vías aún: PRI, PAN, PRD, El Verde, la menudencia partidaria, los “independientes”, los intelectuales orgánicos, la televisión, el CCE, los ingenuos embaucados, de los periodistas viscerales y tradicionales, es decir, los que poseen un historial de amor fiel por el verde fruto cucurbitáceo, etcétera.

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