La gran apuesta y el “catarrito de Carstens”
La extraordinaria película The Big Short, que en México se conoce como La Gran Apuesta, escrita y dirigida por Adam McKay, está basada en el libro homónimo de Michael Lewis, texto que habla sobre la crisis financiera del 2008 por la acumulación de viviendas, y la burbuja económica que desembocó en una crisis de impagos en el sector inmobiliario de los Estados Unidos, que afectó no solo a la población estadounidense sino a gran parte de los habitantes del planeta.
El film estadounidense, nos explica en tono de comedia y con un fino humor negro, cómo la deuda de las hipotecas se hizo desde los años setenta del siglo pasado, objeto de venta y transacción económica mediante compra de bonos o titularizaciones de crédito, los préstamos inmobiliarios podían ser retiradas del activo del balance de la entidad concesionaria, siendo transferidas a fondos de inversión o planes de pensiones, convirtiéndose estos en aparentemente magníficos instrumentos financieros altamente rentables y seguros, debido a que la gente no deja de pagar su crédito hipotecario ya que no quieren perder su casa.
El problema surgió cuando el inversor (que eran muchas veces entidades financieras, un banco o un particular) desconocía el verdadero riesgo adquirido. En una economía global, en la que los capitales financieros circulan a gran velocidad y cambian de manos con frecuencia, y en estos bonos se mezclan créditos para adquirir vivienda, de personas con alta solvencia económica, con hipotecas de alto riesgo de caer en impago, conocidas como créditos subprime y que las calificadoras como Standard & Poor´s irresponsablemente y corruptamente le ponían la mejor calificación (AAA) cuando había mucho papel “toxico”.
La película cuenta como un grupo de “locos” crea un bono que apuesta a que los créditos hipotecarios caerían masivamente en impago con lo que a los tenedores de estos instrumentos financieros, tendrían grandes ganancias. Esto se hizo realidad en 2008 cuando miles de norteamericanos dejaron de pagar sus créditos inmobiliarios lo que ocasiono una crisis financiera, que causo que millones de personas en los Estados Unidos perdieran su empleo, vivienda y en algunos casos hasta sus fondos de pensiones.
La crisis hipotecaria de los Estados Unidos, del 2008 no solo dejó al descubierto la corrupción de bancos, agentes financieros, calificadores, que afectaron la economía de muchos estadounidenses, sino también trajo consecuencias negativamente a los habitante de otros lugares tanto de naciones desarrolladas así como de países emergentes como México.
Las consecuencias negativas que acarreó la crisis hipotecaria de los Estados Unidos para México fueron muchas, debido a la gran dependencia que tiene el país azteca, con la economía de su vecino del norte, además de que en la nación latinoamericana también se tuvo una crisis de los constructores de vivienda aunado a la inadecuada e irresponsable forma que se tuvo para enfrentar los problemas financieros por parte de las autoridades encargadas del rumbo económico a nivel local.
El Doctor Agustín Carstens, que era el Secretario de Hacienda y Crédito Público en los primeros años del gobierno de Felipe Calderón, conoció de primera mano la crisis hipotecaria de los Estados Unidos y en mi opinión tuvo una mala lectura de los efectos de este problema financiero y sus efectos y se atrevió a declarar que esto era solamente un “catarrito” y que la economía mexicana saldría bien librada del problema, cosa que estuvo muy lejos de ser verdad.
En el 2009 la economía mexicana tuvo graves problemas, el Producto Interno Bruto (PIB) del país decreció en más del 6 por ciento en comparación con el año anterior, se perdieron miles de empleos, quebraron muchas empresas, el número de mexicanos en pobreza aumentó y la informalidad aumentó de forma exagerada; el “catarrito se convirtió en pulmonía”.
El gobierno de Felipe Calderón contó con los ingresos petroleros más altos de la historia del país, pero éstos fueron despilfarrados en gasto corriente y no se hizo un fondo para evitar sobresaltos, cuando el precio del crudo bajara en el mercado internacional como está sucediendo ahora, ni tampoco se invirtieron estos ingresos extraordinarios en infraestructura productiva que contribuyera en el desarrollo económico de México.
La forma que utilizó el gobierno de Felipe Calderón para aumentar los ingresos y palear la crisis fue con la creación de nuevos impuestos y el aumento de los mismos, en esa administración inventó el Impuesto Empresarial a Tasa única (IETU) y el Impuesto a los Depósitos en Efectivo (IDE); se aumentó un punto porcentual a la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA), quedando este en 16 por ciento y 11 por ciento en las fronteras, se subieron dos puntos a la tasa del Impuesto Sobre la Renta (ISR), a 30 por ciento; se gravó con un Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) de 3 por ciento a las telecomunicaciones, otro de hasta 30 por ciento a los juegos con apuestas y sorteos y de 53 por ciento a las bebidas alcohólicas.
Actualmente ronda un nuevo fantasma de crisis en México por la baja del precio internacional de la mezcla mexicana de petróleo de exportación, lo que provoca que haya menos presupuesto para satisfacer las necesidades de la población y es una de los principales factores que influyen en la depreciación del peso frente al dólar, lo que ya está ocasionando severos problemas a las finanzas públicas del país, así como a la planta productiva y el empleo.
El doctor Carstens, que ahora es el Presidente de la Junta de Gobierno del Banco de México y por lo tanto el principal funcionario en llevar la política monetaria, ha declarado recientemente que el peso permanecerá “bajo control” durante este año por la buena situación macroeconómica de México; esto pese a que en esta semana la moneda mexicana ha tenido una depreciación histórica y ya rebasa los 19 pesos por un dólar.
Al encargado y muy sobrevalorado economista, encargado de llevar la política monetaria de México le convendría ver la película de Adam McKay, y comprender mejor los ciclos económicos, volver a leer los libros de cuando era estudiante y tener más imaginación para contener la crisis que se nos avecina en México.

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