miércoles, 13 de abril de 2016


El boato de Peña Nieto, su esposa y su séquito

@NietzscheAristomié 13 abr 2016 10:11
  
 
EPN y su esposa llegando a Alemania
EPN y su esposa llegando a Alemania
Foto propiedad de: Internet
Al momento de cruzar la frontera suiza-alemana de regreso a Frankfurt (la búsqueda de trabajo tiene un azaroso estímulo a los sentidos: recorrer por segunda vez la belleza inconmensurable de los alpes suizos al descender-ascender Francia –la conflictiva zona de Alsacia y Lorena- y reconocer la atmósfera entrañable del mediterráneo italiano del lado genovés), el opulento avión presidencial mexicano ha aterrizado en Berlín; sin escalas (lástima, aterrizó en el sobrio aeropuerto Berlín-Tegel).
Se trata del primer viaje trasatlántico de la nave llamada -en un acto de contradicción cínica consonante con el comportamiento del sistema acuñado por el priismo- “José María Morelos”. Se ha estrenado en el contexto del gusto del encargado del ejecutivo actual por los viajes, la presunción, el derroche, la opulencia y el boato. Boato compartido por su esposa, su familia y el séquito de incondicionales. Gusto extraviado del abuso del poder que supera al de Echeverría Álvarez, López Portillo, Salinas de Gortari y los panistas. Y lo peor, gusto realizable al precio de la entrega del país.
Peña Nieto cumple el sueño infantil-adolescente de una vida priista como la de sus antecesores (para ello se preparó: de la demagogia a la rígida gestualidad): poder absoluto, ausencia de democracia a pesar de que la crisis está echada desde hace mucho en la puerta de entrada de Los Pinos. Viajó ya, desde antes de ocupar el cargo, a Europa y después a Estados Unidos y Oriente, repartiendo en cada lugar la promesa de un pedazo de riqueza mexicana a cambio de poco más que el intento de adquirir un algo de legitimidad. Con el fracaso de su gobierno a la espalda, ahora lo hace paseando con orgullo esa entrega; sin embargo, le está vedada para siempre esa legitimidad. La estadística ratifica el repruebo social. El problema, es que en México no pasa nada; hasta ahora.
El boato por Berlín, Hamburgo y Copenhague registra a los siguientes viajantes:
Enrique Peña Nieto, Angélica Rivera y seis secretarios: energía, Pedro Joaquín Coldwell; economía, Ildefonso Guajardo; educación, Aurelio Nuño; relaciones exteriores, Claudia Ruiz; turismo, Enrique de la Madrid, y cultura, Rafael Tovar y de Teresa. “Además viajan el presidente del Senado, Roberto Gil, y el Gobernador de Yucatán, Rolando Zapata, así como una decena de funcionarios del equipo cercano del Primer Mandatario. Éstos se unieron a otra veintena de funcionarios de segundo nivel que viajaron en días previos a ambos países.” (Reforma; 09-04-16).
Aunque no ha sido del todo claro el objetivo del tour (aparte del estreno del avión) -“acuerdos en materia energética y comercial”; 15 “acuerdos de colaboración [que] servirán para fortalecer la relación bilateral”-, como en viajes anteriores, Peña ha sido objeto de protestas en Alemania y lo mismo le espera en Dinamarca. Protestas “oficiales” como la de los legisladores alemanes, en febrero pasado, continúan vigentes: “El diputado Helmut Heiderich advirtió que México tiene un doble rostro, ya que aparece como un País en desarrollo, pero también como una nación que vulnera los derechos de las personas”; “‘Lo que a nosotros nos brinca es el alto grado de impunidad y cuáles son las medidas concretas que ustedes como Gobierno, como Senado, como Parlamento, quieren adoptar para bajar, para limitar este alto grado de impunidad’, cuestionó… el diputado germano Kai Gehring” (Reforma; 29-02-16). Y protestas en las calles de diferentes grupos, que van desde demandar a Angela Merkel y al presidente alemán, Joachim Gauk, su intervención para incluir el tema de los derechos humanos en los encuentros, hasta apostarse en las avenidas del curso de Peña y gritarle “¡Asesino!”: Amnistía Internacional, la Coordinación Alemana por los Derechos Humanos en México, Conciencia Dinamarca, Colectivo Ayotzinapa, entre otros, que han expresado la radiografía violenta del gobierno actual: “Para este encuentro les pedimos que el tema de violaciones de derechos humanos en México sea abordado, debido a que la crisis de derechos humanos ha adquirido dimensiones catastróficas en este país” (Reforma; 08-04-16); “Durante el periodo presidencial de Peña Nieto han desaparecido alrededor de 26 mil 500 personas y ha habido más de 57 mil homicidios dolosos; 22 periodistas han sido asesinados y han aparecido 125 fosas comunes por todo el país”(Proceso, 08-04-16).
El punto neurálgico es Iguala, es Ayotzinapa, son los 43 estudiantes desaparecidos como álgido ejemplo del fenómeno de la violencia, la barbarie, la corrupción y la impunidad. Por supuesto, una vez más, Peña y su cohorte de invitados carecen de respuestas: porque no desean tenerlas o, teniéndolas, no querrán admitirlas y mucho menos sabrán cómo encontrar una salida honesta sin que se desmorone el sistema que ellos rigen a mano dura y oídos sordos. ¿Considerará Peña con seriedad la oferta de ayuda alemana para esclarecer el caso Ayotzinapa y combatir el crimen? (tendrían que empezar por decir que armamento de origen alemán estuvo involucrado en la hórrida noche de Iguala).
Y el opulento viaje se convierte en un acto de cinismo, como lo es todo en el gobierno actual: Peña hace en Alemania un tributo a las víctimas de la guerra mientras en México la violencia sega vidas y desaparece personas todos los días. Otro cinismo: ¿Cómo por qué tendría que recibir Alemania con salvas y la realeza danesa con honores al encargado del ejecutivo de un país subdesarrollado y con graves violaciones a los derechos humanos? La respuesta quizá esté en los acuerdos firmados.
Y mientras las protestas cierran el jueves 14 en Copenhague, la opulencia y el boato recibirán una despedida de parte de la monarquía danesa en el Palacio de Fredensborg y en el Castillo de Kronborg, donde alguna vez se planteara “el enigma de Elsinor, definitivamente establecido por Shakespeare.”.

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