jueves, 14 de abril de 2016


Las encuestas y la izquierda.
El día de ayer, publiqué un artículo titulado "Las encuestas y la desmemoria" que le generó urticaria al realizador de la encuesta para SDP Noticias, Desiderio Morales.
En mi artículo comentaba que abordaría en un siguiente artículo mi percepción sobre la izquierda mexicana. Eso haré y retomaré parte de la respuesta del citado encuestador.
Disiderio Morales plantea que Osorio Chong y Margarita Zavala aparecen arriba en la intención del voto de sus encuesta por dos razones: por el voto duro del PRI y del PAN y por la división de la izquierda. Que el PRI tenga un voto duro del 29.3% y el PAN del 27.9% es ridículo e insostenible, pero démosle por bueno el argumento para entrar al tema sobre la izquierda.
Morales sostiene que con el 24.4% de López Obrador y el 11.5 % a Mancera se da un 35.5% que es evidentemente superior al reconocido a Osorio y a Zavala. Va más lejos y sostiene que debe sumarse la intención del voto para el ex bronco, al ser éste un candidato antisistémico que según la encuesta es de 7.3%. Siguiendo la lógica del encuestador el porcentaje del voto opositor sería del 42.8% Y si éste no se alcanza, es por la división de "las tribus" dice él de manera majaderamente peyorativa.
Pasando por alto su insolencia, quedan los datos duros que requieren una reflexión. La izquierda mexicana ha ido unida a la elección de 1988 la ganó y se la robaron. También fue unida en 2006, la volvió a ganar y se la volvieron a robar. Nuevamente fue unida en 2012 y una vez más fue atracada. Así es que siendo importante el problema de la unidad, el problema de fondo es en realidad el nulo respeto al voto en nuestro país, cuando la izquierda gana la presidencia de la República. La regla electoral para la izquierda mexicana en elecciones presidenciales es: si pierdes pierdes y si ganas pierdes. Es ciertamente una regla que no se debe tolerar más bajo ninguna circunstancia.
Eso, por cierto -el fraude- no lo puede medir el encuestador en sus encuestas y quizás no lo acepte en su valoración política, pero es un hecho del tamaño de una montaña.
Por otra parte, es indudable, que de no lograr una insurrección popular que obligue a Enrique Peña Nieto a renunciar antes del 2018, las dificultades con que la izquierda enfrenta el proceso electoral presidencial son enormes.
En primerísimo lugar, como ya lo mencioné, está el problema de la defraudación electoral. Con un órgano electoral totalmente venal, subordinado al gobierno en turno y que es instrumento para defraudar la voluntad electoral, si la izquierda gana la presidencia la República en 2018, lo más probable es que vuelvan a atracarnos si se los permitimos. En pleno siglo XXI, en México no hemos logrado ni siquiera que detrás de cada boleta electoral tengamos la certidumbre de que hay un votante, sin considerar la manera en que este votante haya llegado a emitir su sufragio.
Tampoco hemos logrado que exista la certidumbre que cada voto emitido sea contado a cabalidad.
No haré aquí en largo listado de prácticas ilegales encaminadas a defraudar el voto ciudadano, ya me daría por bien servido con que cada voto se contara y detrás de cada voto, hubiese un votante de carne y hueso.
Tampoco me detendré aquí a enumerar la absoluta inequidad económica y la brutal campaña de descalificación permanente y sistemática que desde los medios de comunicación, sufren los candidatos de la izquierda a la presidencia de la República. Sólo diré que a pesar de todo lo anterior, se han ganado las elecciones en por lo menos tres ocasiones: 1988, 2006 y 2012. Pero demos por descontado que algunos no aceptarán el argumento de que hemos ganado aunque así haya sido y vayamos a la elección de 2018.
Aunque vale antes una pequeña digresión. Por ejemplo, pueden leer el libro "Así lo viví " de Luis Carlos Ugalde. Les recuerdo que Ugalde era el presidente del Consejo General del Instituto Federal Electoral durante la elección presidencial de 2006. El libro es espléndido, y en él, Ugalde reconoce que López Obrador ganó la elección y da datos muy importantes para una valoración de cómo se defrauda la voluntad ciudadana.
Pero volvamos al 2018. Cierto que la izquierda se encuentra dividida, aunque también lo estaba antes de 2006 y antes de 2012. En 2006, el Partido Convergencia hoy Movimiento Ciudadano se planteaba apoyar al candidato de Acción Nacional. Una extraordinaria y eficaz tarea política del entonces presidente del PRD, Leonel Cota Montaño, logró que Convergencia se sumará a la candidatura de López Obrador.
Fue también resultado del oficio político de Cota Montaño que el PT apoyara la candidatura de Andrés Manuel en aquella campaña de 2006.
Para el 2012, las diferencias de la cúpula del PRD con Andrés Manuel eran muy grandes y todo indicaba que no apoyarían a éste en su segundo intento de llegar a la presidencia. Al final, López Obrador fue candidato a la presidencia del PRD, del PT y de MC.
Por lo tanto, el encuestador puede ahorrarse su opinión sobre si la izquierda llegará unida o no a la presidencia la República, eso no lo midió su encuesta, no podía medirlo y no sabe si sucederá o no sucederá.
Dónde se equivoca en redondo Morales es en sumar la intención del voto del ex bronco a la izquierda.
De ser candidato, el gobernador de Nuevo León, jugará justo para dividir los votos opositores y eventualmente para ser el caballo negro del PRI a la presidencia la República, si los alegres números del encuestador en torno al PRI no se confirman en la carrera presidencial del 2018.
En todo caso, el encuestador debió medir mi posible candidatura como independiente y sumar a la intención del voto de Andrés Manuel y de Mancera el resultado aunque este fuese un suspiro de punto.
Lo que es evidente, y estoy de acuerdo con el encuestador que no con su encuesta, es que sería irresponsable y suicida que la izquierda se presentará dividida a la elección presidencial de 2018.
En mi caso, seguiré haciendo un esfuerzo por construir una candidatura a la presidencia de la República que sea sólida y que será de izquierda. Si mis esfuerzos no son suficientes y aunque mis esfuerzos fueran exitosos, seguiré convencido de que la izquierda debe presentar sólo un candidato a la presidencia la República.
Si las preferencias electorales me obligan a brindar mi apoyo a otro candidato de la izquierda, mi condición será una sola: el compromiso de impulsar un programa político que de marcha atrás a todas las políticas neoliberales contrarias al pueblo, que recupere el patrimonio nacional para ponerlo al servicio del pueblo y que éste se materialice en que no haya un solo mexicano que sufra por carencias económicas. Para ser más preciso en lo que planteo en beneficio de nuestro pueblo, el programa se traduciría en: empleo bien pagado, con contrato colectivo para todos los trabajadores del campo y la ciudad; acceso a educación laica, pública y gratuita a todos los niños y niñas del país, logrando que estos sean alimentados en las escuelas públicas y que no haya un solo niño trabajando o pidiendo limosna; que todo joven que quiera estudiar cuente con un lugar en las universidades públicas del país y que éstas sean laicas, públicas, gratuitas y de excelencia; que todo mexicano cuente con seguridad social (atención médica, incapacidades por enfermedad o por accidente de trabajo, vacaciones, aguinaldo, pensión, jubilación, etc.) que cuenten con un techo y con alimento tres veces al día. Finalmente, que todo mundo tenga acceso a la justicia expedita y pleno respeto a sus libertades. Respeto absoluto al marco constitucional y con ello la erradicación de la corrupción y la impunidad.
Por último quiero compartir que durante mi presencia en un acto político en apoyo de Javier Corral al gobierno del Estado Chihuahua, me sorprendió la opinión de algún panista que planteaba la voluntad de apoyar a un candidato de la izquierda a la presidencia de la República (concretamente a Andrés Manuel), con la condición de que éste impulsara un gobierno de transición una vez que se lograra sacar al PRI del gobierno federal. Si ésto sucediera, lo cual veo muy difícil de materializar, según el encuestador volviendo a los datos de su encuesta, tendríamos más del 70% de la intención del voto.
De cualquier manera, lo evidente es que el primer paso es ponerse de acuerdo entre quienes pensamos con un alto grado de coincidencia, esto es ponernos de acuerdo entre la izquierda y las fuerzas progresistas del país para tener un solo candidato a la presidencia de la República. Ahí ciertamente la conducta que Miguel Ángel Mancera y el PRD vayan adoptar es muy incierta, pero dudo que quieran cargar con la responsabilidad de dividir a la izquierda para que el PRI siga desgobernando y destrozando a la Nación.
También es prioritario generar el compromiso del pueblo de ponerse en pie de lucha y de asumir que ningún gobierno lograra sacar la tarea adelante si el pueblo no toma su destino en sus manos.
"El pueblo tiene el derecho a vivir y a ser feliz".
Gerardo Fernandez Noroña.
México D.F. a 13 de abril de 2016.

No hay comentarios: