sábado, 24 de diciembre de 2016

AMLO, el “padre de la desigualdad moderna”, el “payaso de las cachetadas” y las “correas de transmisión”

@NietzscheAristovie 23 dic 2016 13:38
 
  
 
El encuentro entre AMLO y CSG sería el verdadero debate.
El encuentro entre AMLO y CSG sería el verdadero debate.
Padre de la desigualdad moderna: Salinas de Gortari.
Payaso de las cachetadas: Peña Nieto.
Correas de transmisión: presidentes del PRI, el PAN y el PRD (más la menudencia), es decir, el PRIAND.
Frijol con gorgojo: Símbolo de los instrumentos de control y dominación de votantes.
Mafia del poder: Cerebro maquinador que sostiene el mecanismo en que se desempeñan los personajes citados; el alimentador, el orientador de ese sistema sería el primer personaje: el padre de la desigualdad moderna (¿tiene jefes arriba de sí?).
Los anteriores son personajes en el concepto y la obra que López Obrador narra en apoyo a su discurso y su proyecto. Se trata de los componentes visibles de la mafia del poder en México (que sí existe, como han probado no sólo las alianzas entre ellos, también el video de Xóchitl Gálvez en la fiesta del “Jefe Diego”).
Calificativos ingeniosos, obedecen a la descripción del sistema actual de gobierno conocido como neoliberalismo y que fuera engendrado por Salinas de Gortari (aunque teniendo como precursor a De la Madrid Hurtado). Sistema que una y otra vez ha fracasado en el propósito de todo estado y gobierno, que tendría que ser el equilibrio social. En cambio, este sistema implantado en México ha llevado al desequilibrio absoluto y la iniquidad: al enriquecimiento de pocos y la miseria de la mayoría; a la corrupción y la impunidad, no a la justicia; a la violencia, no a la paz. En este sentido, Salinas es el engendrador del desequilibrio social, de la corrupción, la violencia, la injusticia, la intranquilidad. Por eso, después de casi 30 años, su engendro tiene que ser sustituido. Por fracasado y peligroso para el futuro del país.
El equivalente del payaso de las cachetadas es el chivo expiatorio, el personaje a quien todos responsabilizan por las condiciones caóticas del país. Esta condición de payaso y/o de chivo se da cuando el gobierno en turno entra en una crisis sin salida y todas la críticas y reclamos van dirigidos contra en el encargado del ejecutivo. Así pasó hacia el final del gobierno de Calderón y pasa ahora con el de Peña. Y en la feria del país, todos le tiran a dar, no sólo porque representa el rostro evidente, porque es el muñeco del ventrílocuo, también porque, como objeto o instrumento, lo merece.
Sin embargo, en esa feria de dardos o cachetadas inofensivas, el payaso, chivo o títere cumple muy bien su función, porque gran parte del público no es observador y olvida, deja de lado al titiritero, al jefe del payaso, al dueño del chivo. Y en ese olvido se corre el riesgo de elegir (como ha venido sucediendo) a otro candidato a chivo, títere o payaso presentado públicamente como un deus ex machina que será la solución a la situación crítica (por ejemplo: si la solución no fue Calderón ni Peña, lo será, ahora sí, la esposa del primero, Zavala). Y para ese truco, el jefe de la mafia del poder (en este caso, también padre de la desigualdad moderna) utiliza correas de transmisión inerciales puestas en movimiento, manejadas e inducidas por el mismo jefe.
Estos robots, que funcionan a la manera de correas de trasmisión del objetivo del jefe (el mantenimiento y control del poder), utilizan toda clase de astucias para lograr sus propósitos (que son los de su jefe): mentiras, calumnias, guerras de odio, estiércol y lodo, tarjetas intercambiables, frijol con gorgojo (proteína para los pobres a cambio de su favor), periodistas a modo, encuestadoras tramposas, televisión interesada, compra del voto, fraude… De allí que el opositor quiera debatir, no con las correas o los títeres, sino con su jefe; con el dueño del circo. El encuentro entre AMLO y CSG sería el verdadero debate.
Y he aquí que el opositor a esta maquinaria fallida y fraudulenta tiene que actuar casi en labor de destructor del sistema que, presentado como benefactor, no es más que un artificio que ha hecho mal. Destrucción que tiene que ir acompañada, necesariamente, de una propuesta sustitutiva del artificio.
Hasta aquí todo va bien (según las encuestas del país artificioso), pero aparte de continuar su trabajo de desenmascaramiento del artificio y la construcción de una entidad equilibrada, ojalá el líder opositor explique -en medio del mundo abigarrado de sus personajes-, su interpretación poco convincente de Rebelión de la granja, de George Orwell. Que la relea o se la expliquen, porque su mensaje al respecto es, cuando menos, confuso; una guía para su esclarecimiento: ubicuidad de los personajes y el tiempo así como la circunstancia del discurso.

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