miércoles, 24 de enero de 2018

Dos poemas de Nicanor Parra
Periódico La Jornada
Miércoles 24 de enero de 2018, p. 3
Hasta luego
Ha llegado la hora de retirarse 
Estoy agradecido de todos 
Tanto de los amigos complacientes 
Como de los enemigos frenéticos 
¡Inolvidables personajes sagrados! 
Miserable de mí 
Si no hubiera logrado granjearme 
La antipatía casi general: 
¡Salve perros felices 
Que salieron a ladrarme al camino! 
Me despido de ustedes 
Con la mayor alegría del mundo. 
Gracias, de nuevo, gracias 
Reconozco que se me caen las lágrimas 
Volveremos a vernos 
En el mar, en la tierra donde sea. 
Pórtense bien, escriban 
Sigan haciendo pan 
Continúen tejiendo telarañas 
Les deseo toda clase de parabienes: 
Entre los cucuruchos 
De esos árboles que 
llamamos cipreses 
Los espero con dientes y muelas.
Epitafio
De estatura mediana, 
Con una voz ni delgada ni gruesa 
Hijo mayor de un profesor primario 
Y de una modista de trastienda; 
Flaco de nacimiento 
Aunque devoto de la buena mesa; 
De mejillas escuálidas 
Y de más bien abundantes orejas; 
Con un rostro cuadrado 
En que los ojos se abren apenas 
Y una nariz de boxeador mulato 
Baja a la boca del ídolo azteca
–Todo esto bañado 
Por una luz entre irónica y pérfida– 
Ni muy listo ni tonto de remate 
Fui lo que fui: una mezcla 
De vinagre y aceite de comer 
¡Un embutido de ángel y bestia!

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