viernes, 8 de junio de 2018

Ricardo Anaya, ¿“El Canalla”?

@NietzscheAristovie 08 jun 2018 15:40
 
  
 
Anaya es un caso de estudio interesante.
Anaya es un caso de estudio interesante.
Foto propiedad de: Interesante

Como sostiene Federico Arreola al someter a Ricardo Anaya Cortés a la prueba o el test del pato, no se puede afirmar que el candidato panista del PRD sea corrupto, “pero lo cierto es que si tiene apariencia de pato, camina como pato y nada como un pato, entonces probablemente sea un pato”.
Aunque siempre queda una alternativa, que se trate de un conejo -o un pollo en este caso, como le llaman quienes lo quieren- disfrazado de pato. Lo que me hace recordar un viejo chiste que escuché en versión gallega y que va más o menos así: ¿cómo identificar a un gallego en una pelea de gallos?: Es el único que lleva un pato a competir. ¿Cómo identificar a un priista en ese mismo palenque?: es el que hace ganar al pato.
Aunque en el caso de Anaya, se peleó con el presidente de los priistas, Peña Nieto, o lo traicionó, o se traicionaron; así no puede ganar, aunque sea pato. Y si bien había actuado de manera semejante con otros casos y personas, en México, un país esencialmente antidemocrático, una cosa es pelearse con quien sea, otra con “El Presidente”.
Anaya es un caso de estudio interesante. El de la ambición por el dinero y el poder político desde etapas tempranas de la vida, y los recursos utilizados para atraérselos; incluyendo, por supuesto, el del talento personal puesto al servicio de la causa.
Durante la campaña presidencial en sus distintas etapas, lo que se ventila, lo que se exhibe y lo que se presume es la capacidad del candidato para obtener recursos económicos de manera ilícita para su campaña o su disfrute personal; pues tiene un conocido “elevado tren de vida”. Ya sea lavando, triangulando, haciendo negocios poco claros.
Pero esa es la superficie de su problemática, digamos. Lo que subyace es la cadena del mecanismo para llegar a la posición de candidato presidencial a sus 39 años. Como dijo Becerra Acosta en el encuentro de periodistas de Milenio TV con Anaya: “Usted ha venido dejando cadáveres a lo largo de su corta carrera… Me preocupa tener un presidente que tiene esa frialdad para ir dejando a sus adversarios…  Me da miedo lo que usted ha ido dejando en el camino”. Es decir, lo describe como alguien sin escrúpulos de ninguna especie. Sólo para acompañar el lúgubre comentario de Becerra con una nota alegre, durante la celebración de la igualdad de género Anaya dijo que él sí sabía de ello y lo probaba con este tuit: “A mí no me cuentan que una mujer es la primera en levantarse y la última en irse a dormir, yo lo vi siempre con mi mamá. Crecí en una familia donde la igualdad siempre ha sido la norma, por eso un #México justo con las mujeres es mi prioridad.”. La madre, la primera en levantarse y la última en irse a la cama. Claro, para que todo, incluido el niño, estuviera bien atendido; aquí es cuando se duda de la inteligencia atribuida al candidato.
Ese camino de cadáveres o sembrado de cadáveres, más allá de la corrupción, es el de la traición. Ganar la confianza, ocupar una posición (hacer negocios desde allí, ya sea como secretario particular del gobernador o el diputado de los moches panistas), preparar el salto y traicionar. ¿Quiénes son los cadáveres de Anaya?; lista mínima:
1. Francisco Garrido Patrón; exgobernador de Querétaro.
2. Gustavo Madero; expresidente del PAN.
3. Felipe Calderón; ex encargado del poder ejecutivo.
4. Margarita Zavala; esposa del ex encargado del poder ejecutivo.
5. Militancia panista de élite: Ernesto Cordero, Gabriela Cuevas, Javier Lozano, Roberto Gil Zuarth, etcétera.
6. Militancia panista de base y simpatizantes.
7. Manuel Barreiro; socio de negocios negado por el panista.
8. Enrique Peña Nieto; encargado vigente del poder ejecutivo.
Lo ha dicho Cordero, el de Anaya es un proyecto construido con base en las traiciones. Y como en esa horrible y estúpida serie gringa en que los cadáveres se convierten en zombis y atacan a su victimario, así los de Anaya.
Sembrar odio no es bueno. Escalar, trepar -como diría Cosío Villegas-, en la política mexicana con base en la traición y la destrucción del adversario está “pasando la factura” al candidato perredista del PAN. Pudo pasar sobre Madero y Calderón, ¿podrá hacerlo sobre Peña?
Hoy Anaya niega a Peña y amenaza con meterlo a la cárcel. Demagogia desesperada para posicionarse en las encuestas, primero, recurso verbal para victimizarse y salvarse, después. Aliados no sólo en las llamadas reformas peñistas a través del “Pacto por México”, queridos cercanos en los elogios, en los pactos electorales, distantes una vez que no pudieron negociar y acordar quién sería el candidato del PRIAN. Anaya buscó esforzadamente ser él; Peña quiso que fuera Meade. Y hay que recordar que el candidato del PRI por el PRIAN, Meade, así como Peña son amigos y cómplices de los Calderón Zavala.
Aunque robotizado, con la tarea siempre hecha, el talento del joven candidato no basta para alcanzar el éxito terminal. ¿Ha tocado fin la férrea ambición de Ricardo Anaya? En tierra de canallas, él ha descendido a ocupar uno de los sitios de privilegio entre ellos. Me agrada la definición de la RAE para el singular, porque parece que en esto se convirtió la ambición sin medida del caso en cuestión: Canalla: Persona despreciable y de malos procederes. 

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