lunes, 4 de marzo de 2019

COLUMNAS

El secreto para ser oposición: Unirse a presidencia de AMLO

dom 03 mar 2019 12:50
 
 
Andrés Manuel López Obrador
Andrés Manuel López Obrador
Foto propiedad de: Internet
En el México de hoy, se mantienen relaciones cercanas con personas que políticamente son opositoras al gobierno actual, porque gana el cariño o la empatía mutua por encima de las visiones personales. No por ello son lidias sencillas pues inevitable que se perciba la pólvora entre la enramada de los cariños. De cualquier manera, los hechos contenidos en la realidad histórica siempre van dando testimonio de resultados para poder determinar un criterio acertado y no falso. Pasan los días y hay que dejarlos pasar, sin rechazar o denigrar el futuro de una administración pública que aún no llega, para ellos y ellas escribo este breve comentario. 
 Es cierto, como lo defienden, que dentro de partidos políticos que formaron bloque con el régimen coexistían con delincuentes de cuello blanco algunos individuos humanitarios, humildes o socialmente sensibles que no entraron a los jugosos negocios particulares perpetrados al amparo del poder y que tampoco participaron en la dilapidación de los recursos nacionales al ostentar cargos de importancia. Pero se peca de inocente al deducir que alguien como por ejemplo el doctor Narro, un individuo que demuestra ser decente, no se daba cuenta de la rapiña que estaba sucediendo a su alrededor. Sin poner en duda su rectitud personal, el protocolo en el PRI para permanecer, era aceptar o solapar sin cuestionar y los funcionarios del régimen sólo denunciaban conductas deshonestas de colegas cuando eran sacrificados por el sistema. Se practicó, como lo sabemos, una patología para tapar la corrupción conocida como el arte de la apariencia y el disimulo. 
A un querido cuñado opositor, muy activo en “partido acción nacional”, hombre honesto, pero arrastrando un partido político achicharrado por donde lo mire uno, le sugerí luego del fracaso electoral, que incidiera para producir líderes demócratas en su partido, sangre nueva, sin la evidente acostumbrada demagogia en la retórica, sino listos para el arduo trabajo productivo que México requiere. Ya que si desean--como lo expone el pariente-- sobrevivir para retomar los principios originales de su partido vejados al fundirse con el régimen del PRI, para volver a ser oposición, no habrá otro camino. Lo mismo debe hacer el PRI destituido: Reinventarse. Abrirse a los ciudadanos. Transparentarse. Hay que mencionar que los nombres que ostentan les perjudica, ya que volver a contender como “partido revolucionario institucional” significa en la psiquis colectiva que siguen sin aceptar el fracaso que manchó esas siglas irreversiblemente, un mayor reto despegar con esos nombres porque han sido expuestos crudamente como lo que fueron, depredadores. 
Ni el más honesto y capaz funcionario público podría hacer buen papel para dirigir y levantar a un partido político devastado por su reputación. ¿Partido Revolucionario Institucional? ¿Partido Acción Nacional? ¿Habiendo sido comprobadamente ambos de acciones anti institucionales durante su función pública? Refresquen a sus elementos, cambien sus siglas, redescubran la esencia del servicio a la nación, coparticipen en la misión y visión para lograr encaminar junto con el gobierno actual el progreso incluyente. Que se vea que aportan al desarrollo y no que lo coartan, porque sin ello no hay manera de comenzar a construir confianza, ni de sanar las heridas ocasionadas al pueblo, y mucho menos de contender como opositores ante quienes sí se esfuerzan hoy al 100% para servir a México. Únanse como mejor puedan, pues, a la loable causa de la regeneración nacional y apoyen en la conquista del bienestar nacional a la presidencia de la república.                

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