sábado, 9 de marzo de 2019



COLUMNAS

Marx en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y AMLO (Video)

@NietzscheAristovie 08 mar 2019 19:53
Jorge Castañeda Gutman
Jorge Castañeda Gutman
Foto propiedad de: Internet
 Contrario a lo sostenido por gran parte de los políticos y periodistas conservadores y aun reaccionarios, que a López Obrador se le explica solamente por su obsesión del poder por el poder, el colaborador de Televisa y El Financiero, Jorge Castañeda Gutman –ex colaborador de Ricardo Anaya, Vicente Fox, Cuauhtémoc Cárdenas y del régimen comunista cubano en condición de espía–, ha planteado en “El marxismo de AMLO y de la FCPyS” (El Financiero; 15-02-19) y en “AMLO: ¿proyecto marxista?” (La Hora de Opinar, con Leo Zuckerman; 18-02-19), que López Obrador sí tiene un proyecto ideológico de izquierda para su gobierno. Marxista, para ser preciso. Y que este encuentra su origen en la supuesta formación marxista del hoy presidente de México al inicio de la década de los setenta del siglo XX en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (FCPyS).Y Castañeda cita, en apoyo a su argumento, además de sus 25 años de docente en dicha institución, dos textos, uno en cada uno de los medios aludidos. Los conceptos elementales del materialismo histórico, de Marta Harnecker, y Tesis sobre Feuerbach, de Karl Marx. En particular, la tesis número once, que le pareció escuchar en una conferencia matutina: “Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kömmt drauf an, sie zu verändern” (“Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”).
Como egresado de la FCPyS a finales de los ochenta, puedo afirmar con certeza que se trataba en realidad de una formación más compleja que mero marxismo o marxismo-leninismo; había al menos 4 vertientes. 1. Una lectura sólida de Marx y de autores marxistas para la economía política (faltaba sí, diversificación en este punto). Por ejemplo, el volumen 1 de El Capital, Manifiesto del partido comunista (con Engels), El imperialismo fase superior del capitalismo (Lenin), 18 brumario de Luis Bonaparte, Tesis sobre Feuerbach, La ideología alemana, Materiales para la historia de América Latina, entre otros, además de autores marxistas y críticos del marxismo como Antonio Gramsci, Isaíah Berlín y Perry Anderson. 2. Teoría social ofrecía la lectura de Platón y Aristóteles hasta Max Weber, C. Wright Mills, González Casanova y Arnaldo Córdova, pasando por Maquiavelo, Tomás Moro, John Locke, Auguste Comte, Thomas Hobbes, y diversos ensayistas y críticos del área; llegábamos incluso a Octavio Paz. 3. Un fuerte acento en la formación social mexicana en sus diversas etapas históricas fundamentales y sus procesos sociales. Francisco López Cámara, Silvio Zavala, Luis González y González, los autores de la Revolución, James D. Cockcroft, John Womack, Friedrich Katz, etcétera y, en particular, al historiador Daniel Cosío Villegas y su gran obra Historia General de México. Autor que, por cierto, ha referido recientemente Enrique Krauze en “El presidente historiador” (Letras Libres; 02-01-19), como sustancial al hacer una crítica al afán de López Obrador por la historia. 4. Del tronco común (que al parecer ya no existe), cada alumno se desprendía a su especialidad; en el caso del hoy presidente, a la Ciencia Política y su respectivo universo de autores.
Quienes quieran explicar al actual presidente de manera más ajustada a la realidad, tendrían que indagar varios elementos sustanciales de conformación intelectual, política y social. De entre los cuatro puntos mencionados arriba, el 1. La formación social mexicana y su historia. Al cual se tiene que incorporar, 2. El humanismo cristiano-católico del poeta Carlos Pellicer; con quien colaboró en su juventud y el político lo reconoce como fundamental (su cercanía al sociólogo Enrique González Pedrero es importante también). 3. Su trabajo durante cinco años con los indígenas chontales de Tabasco. 4. Su condición y experiencia de luchador o líder social. 5. Su prolongada experiencia electoral como candidato que comprende, desde Tabasco, al menos 30 años.
Así que se trata de una caracterización más compleja que la simplificación marxista propuesta por Castañeda. No es marxismo lo que subyace en la estructura mental y el ejercicio pragmático de López Obrador sino una preocupación por lo social; es raíz popular. Incluso durante la campaña llegó a decir, no sin cierto tono de bula, que en el caso de México Marx se había equivocado, porque aquí la acumulación no provenía necesariamente de la explotación del hombre por el hombre, sino del gravísimo fenómeno de la corrupción.
La formación social mexicana y su historia están en la base de su proyecto. El escritor peruano Hugo Neira, citando a Simón Bolívar, ha establecido que en ningún otro país de Hispanoamérica el proceso de independencia tuvo una raíz popular tan fuerte como en México. Mientras en otros países fueron caudillos criollos, en México los líderes independentistas fueron Miguel Hidalgo, José María Morelos y Vicente Guerrero. Que el proceso posterior haya caído en manos de la clase criolla, es otro fenómeno.
Asimismo, los procesos de intervención estadounidense y francesa fueron combatidos por la base popular. Y no se diga la Revolución, de una raigambre popular extraordinaria y que produjo héroes como Emiliano Zapata y Pancho Villa que encarnaron luchas auténticas, palpables; más adelante, Lázaro Cárdenas se uniría a ese grupo privilegiado de héroes populares de México.
La Cuarta Transformación es una propuesta de mucho ingenio de parte de López Obrador, pues toma esta formación de carácter histórico y humanista absorbida en la universidad y en la lucha social, y la vincula con los procesos históricos y populares de México. Se trata de un cambio no violento, pacífico, de gran sustento social con base en más de treinta millones de votos y más del 53% de la elección tomando como bandera el combate radical al mal mayor del país, la corrupción, y reestructurando el presupuesto público a través de una redistribución y fortalecimiento de los programas sociales.
Es decir que no se trata de un proyecto izquierdista marxista leninista trasnochado. Una experiencia como la de la Unión Soviética (socialismo reamente existente), China o Corea del Norte. Y mucho menos como la venezolana o la cubana. Se trata de una historia, una experiencia mexicana de profunda y amplia raigambre popular.
Jorge Castañeda no sólo se equivoca sino que también cae en contradicciones (es como la Chimoltrufia, el personaje de Chespirito, “como dice una cosa dice otra”). Por ejemplo, durante la campaña electoral, en abril de 2018, dijo en el programa de televisión de Javier Risco que el candidato presidencial de Morena era un hombre obsesionado con el poder, su condición era la de ambicionar “el poder por el poder”. En diciembre de 2018 dijo que no veía un proyecto ideológico en López Obrador. En febrero de 2019 ha argumentado sobre el proyecto ideológico del presidente, sólidamente demostrable en su hallazgo de la supuesta formación marxista de éste en la FCPyS.
Ya veremos cómo progresa la volubilidad ecléctica de Castañeda y su aspiración a formar parte de los tan llevados y traídos “contrapesos” de la oposición en bancarrota. Por lo pronto, hemos visto que para explicar al personaje Andrés Manuel López Obrador, el presidente mexicano, se requiere de una perspectiva más compleja que las corazonadas del ex colaborador de Anaya, Fox, Cárdenas y Fidel. Quien por otro lado, al parecer pasó por la FCPyS de noche; una larga oscura y larga noche de sólo 25 años.  

P.d. Aquí la videocolumna que realicé hace unos días sobre el tema, “AMLO y Marx y las jaladas ideológicas de Jorge Castañeda”:

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