jueves, 5 de febrero de 2015


COLUMNAS

Virgilio o la locura de Peña; #YaSéQueNoAplauden

@NietzscheAristojue 5 feb 2015 07:04
  
 
¡Y todavía Peña quiere aplausos!
O Peña Nieto ha enloquecido o el nombramiento de Virgilio Andrade como “zar” anticorrupción para que lo investigue a él, su familia y amigos, es una simulación, una tomadura de pelo.
Nadie ha creído que la medida sea seria. Se necesitaría estar al borde de la desesperación, de la locura como para cometer el suicidio político que significaría ser pillados en enriquecimiento ilícito y corrupción ya sea al propio Peña, su esposa o al recaudador de altos impuestos leoninos y pagador de bajísimas tasas de INTERÉS de préstamos preferenciales, Luis Videgaray, por el “conflicto de INTERÉS” que representan las casas y propiedades que brotan por aquí y por allá y el vínculo respectivo con empresarios beneficiarios de contratos con los gobiernos del Estado de México y federal.
Por un lado, está el punto de ¿cómo creer que un subordinado va a investigar imparcialmente a un superior; y al encargado del ejecutivo en México, nada menos? No estamos tratando de periodismo independiente o mecenazgo de las artes sino de la desprestigiada política mexicana.
Por otro, Alberto Aguirre, en “Virgilio, ¿zar de hierro?”, ha ofrecido los vínculos de Andrade con Videgaray, José Antonio Meade, Lozoya Austin y la generación “itamita” que está involucrada en el actual gobierno (El Economista; 03-02-15). Y Julio Hernández López ha brindado en su columna un aplaudible recital sobre el bagaje priista-salinista ahora peñista (y calderonista  que fue del 0.56% en el IFE fraudulento de Ugalde; otro condiscípulo “itamita”), del tal Virgilio “de rulos atrincherados… y reconfirmado soldado del PRI” (Astillero; La Jornada, 04-02-15).
Y como añadido, la frase y la idea de Mauricio Merino en “Para limpiar el poder” (El Universal; 04-012-15), “…la inteligencia de los mexicanos es muy superior al contenido del discurso que escuchamos ayer”. Lo cual le hace dudar que, excepto quienes tienen conflicto de interés con el propio régimen, alguien se tragará la nueva trampa que ofrece el sucedáneo de un verdadero organismo que combata la corrupción. Antes bien, la reactivación de la secretaría ya prácticamente extinta de la función pública, trata de un acto político que recurre a la “cooptación y el engaño estratégico” para prolongar de manera suave el tema de aquí a que pasen las elecciones.
Se trata, pues, de un acto de nueva cuenta fallido. ¡Y todavía Peña quiere aplausos!, reprocha al mutismo de los periodistas en su conferencia de prensa. Si EPN desea aplausos, se ha equivocado de audiencia en un México ya bastante hastiado de la simulación. Para tronidos, bien podría alquilar una claque del teatro de Bellas Artes, a diputados y senadores dispuestos al papel de focas, un escenario como el del “pacto por México”, un set de televisa o, ¿para qué ir tan lejos?, la sede nacional de PRI, que ya el aplauso se lo ha anticipado y garantizado el dueño de relojes “exquisitos”, César Camacho, en el programa de Carmen Aristegui.

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