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COLUMNAS
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El populismo en tiempos del Brexit; un magnífico Mexit
Si el Brexit está guiado por el populismo de derecha británico y le resulta oportuno al populismo de derecha de Trump, un posible Mexit del TLC pudiera ser bienvenido; bienvenido también sería en otra modalidad, interna: la del aborto del régimen vigente que es un chasco social total (en otra entrega, la lección de Obama a Peña).
En los días recientes, se han dado placer los analistas periodísticos en responsabilizar al “populismo británico” por la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea. Y de allí saltan contentos a establecer paralelismos y a advertir sobre las consecuencias nefastas del populismo en general –de izquierda y derecha, dicen, asumiendo al sistema que defienden como el centro chingón- como responsable del acto de separación y de todos los males presentes y por venir a nombre del Brexit y cualquier otro “exit”. Y en realidad no caería nada mal un Mexit local, es decir, los “populistas mexicanos” logrando abortar el “centro-chingón” manejado por el archiconocido acrónimo, PRIAN; expulsar o excluirse del súmmum que tal representa.
Estos analistas se asemejan a quienes comparan a Donald Trump con López Obrador, cuando en realidad la analogía de éste está, lo hemos dicho aquí, tanto en la vertiente ideológica como en el programa político de Bernie Sanders, no en el obtuso chovinismo trumpiano (una cosa es el nacionalismo, otra, el chovinismo; y peor, como Obama dice, el cinismo). Argumentan estos analistas que las antípodas se encuentran, se toman de la mano y el centro responsable, ecuánime, no-populista, chingón, otra vez, es el que representa el sistema vigente a nivel internacional y nacional. Y aquí hay que hacer deslindes, pues no hay duda de que el significado de la Unión Europea sí es mejor que el sistema que ha regido en México durante los últimos decenios y es probable que “la pérfida Albión” (la moda de todos ahora) salga perdiendo en su abandono. Es decir, de entrada, no hay materia para la comparación, estamos ante fenómenos distintos y el concepto “populismo” no sirve para explicar como cotejo, como paralelismo, la realidad europea y la mexicana. Sintéticamente, el porqué.
A. 1. Para empezar, en Europa, como en Gran Bretaña, los ciudadanos son consultados sobre eventos trascendentes, es decir, poco se les impone por la fuerza, o acaso nada. 2. Luego, ese voto es respetado. Como ahora la separación británica de Europa, antes se respetó a quienes votaron por la permanencia de Escocia con el imperio; ojalá mañana haya la oportunidad “populista” de otros referéndums y Escocia, Irlanda del Norte y aun Londres, que votó abrumadoramente por la liga con la UE, lograran su independencia (inédito sería, casi absurdo pensarlo, pero interesantísimo, que una ciudad mantuviera una liga distinta a la de su país; la verdadera democracia todo lo hace posible). 3. Después (y dejando de lado el problema de la inmigración, que es genérico), si bien hay abusos y desequilibrios, los ciudadanos cuentan con un mínimo de bienestar, un mínimo de equilibrio, un ingreso que les permite vivir; el estado se encarga de ello, sin que se le llame populismo (ejemplo mayor, Escandinavia). 4. A continuación, los niveles de corrupción en Europa están bajo control, al grado de llegar a casi a cero en ciertos países nórdicos. 5. Por último, podemos decir que en Europa se vive bajo una condición general de democracia y que las distintas expresiones de la violencia están controladas (el terrorismo es un fenómeno a tratar de otra manera). ¿Entonces de qué populismo hablan los analistas acerca de la decisión británica, de su nacionalismo? Están en su derecho, que allí sí se respeta, aunque pierdan al aislarse.
B. Y en esa tristeza llamada México, ¿qué ocurre? Después del desglose anterior, ¿hace falta enumerar las diferencias radicales, las carencias de todo? 1. Para empezar, los ciudadanos no son consultados sobre los eventos trascendentes y casi todo se impone por la fuerza; como las llamadas “reformas estructurales”, que son un fracaso, o antes, la sangrienta guerra contra el narcotráfico. 2. Luego, cuando se da, el voto no es respetado en las elecciones federales, estatales y municipales; el fraude es el “pan de todos los días” o “pan o prian con lo mismo”. 3. Después, en México todo es abuso y desbalance, desigualdad, los ciudadanos no cuentan con un mínimo de bienestar garantizado y menos existe un equilibrio, todo lo contrario, el desequilibrio es brutal, los ingresos no permiten vivir de humana manera; cuando alguien intenta algunos programas tal y como se realizan en Estados Unidos o Europa (adultos mayores, madres solteras, estudiantes, subsidios, etcétera), de inmediato es acusado de populista en sentido negativo (siempre y cuando quien lo haga sea de izquierda, si es de derecha, toma otro cariz), en general el estado se desentiende del bienestar social, sólo trabaja para sí y las estructuras del poder fáctico. 4. A continuación, los niveles de corrupción en México son un caos, se trata del robo en despoblado, empezado por la cúspide del poder, que es donde más hay; llegar al poder significa robar, el “no me den, pónganme donde hay”. 5. Por último, podemos afirmar que en México se vive en las condiciones mejores para violentar la democracia todos los días, desde el abuso del poder, el compadrazgo, el tráfico de influencias, el robo al erario; las distintas expresiones de la violencia están desbocadas, desde la represión y el crimen de estado (Tlatlaya, Ayotzinapa, Nochixtlán, como muestra dentro del mar de ellas) hasta el crimen organizado, el femenicidio, el secuestro, las pérdidas “colaterales” de la guerra contra el narco, etcétera. ¡Cómo establecer correlación Brexit-Europa-México! Preguntemos a alguien nada populista, todo centro-chingón, como el salinista-peñista Carreño Carlón, que ha establecido el paralelismo.
En realidad, no es necesario el cotejo para registrar, vía la observación y la experiencia cotidiana, que México está lejos de tener un centro-chingón, que es el que presumen los defensores permanentes del régimen actual. De hecho, no hay centro, sólo hay derecha, el PRI, el PAN y sus satélites, y la izquierda cuya expresión electoral más evidente es la de Morena pero que se nutre con las manifestaciones de los maestros agraviados y las causas que tienen su raíz en la violencia, la injusticia y la impunidad; en la humillación constante.
Esa derecha identificada como PRIAN es la que ha gobernado por decenios, la que continúa en el poder y quiere seguir ostentándolo, la que tiene al país en la crisis más grave de los últimos tiempos, la responsable de la condición descrita en el punto B de este texto y la que defienden, contra el “populismo”, analistas como Carreño Carlón.
Es decir, si en México sólo hay derecha e izquierda, la primera es la que encarna la catástrofe y el caos. La segunda, la que busca una oportunidad de probar que frenando la corrupción, la injusticia, la violencia y la impunidad de la primera, será posible acceder a un camino que conduzca a este triste y atrasado país llamado México, a una democracia verdadera. Entonces sí será posible hacer la comparación con los países europeos, estén unidos o no, que esa es otra historia. Mientras eso no ocurra, mientras quienes están en el poder sigan allí, México continuará siendo un país triste y atrasado, antidemocrático, sin esperanzas, mutilado, coartado en su libertad de ser una nación orgullosa, que puede vivir en paz y convivir con “el concierto de las naciones”, como se decía en el siglo pasado, que era parte del ideal humanista al que aspiró la postguerra. ¡Y miren dónde estamos! ¡Dónde está México!
Si el Mexit significa salir de la corrupción, la violencia, la injusticia y la impunidad, se trataría de una buena noticia, un magnífico Mexit. ¡A votar, pues!
P.d. Y en cuanto al Mexit que Trump pudiera promover en contra de nuestro país en caso de ganar la presidencia gringa, tal vez nos vendría bien, pues tantos años de sometimiento a Fatland no ha traído beneficios al país.

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