Trump desde la Trump Tower
Al llegar a la ciudad de Nueva York se percibe la expectativa de los conocidos y aun amigos simpatizantes y votantes del partido republicano que, a pesar de haber dicho en el pasado reciente que no apoyaban a Donald Trump en todos sus renglones, hoy esperaban con entusiasmo su discurso desde Trump Tower en la Quinta Avenida de Manhattan (la avenida de Tablada y su crudo y elocuente poema, acaso un tanto exagerado: “Mujeres que pasáis por la Quinta Avenida/tan cerca de mis ojos, tan lejos de mi vida.../…/ Mujeres fire-proof a la pasión inertes,/hijas de la mecánica Venus made in América;/de vuestra fortaleza, la de las cajas fuertes,/es el secreto ¡idéntica combinación numérica!”).
Los amigos emocionados con Bernie Sanders se han quedado como con un portazo en la nariz, pues no quieren ni a Donald ni a Hillary. Tal vez el apoyo del autollamado socialista a Clinton los convenza de votar por ella.
Mientras tanto, Trump aparece ante las lentes de la tv con el fondo de las reconocibles paredes del edificio de su propiedad al cabo de horas de espera por parte los convencionistas en Ohio, los republicanos en general y el resto de los electores gringos: que el proceso electoral es parte importante del show. Hace presencia la figura bufonesca, casi risible que ya no lo es tanto, pues el llamado tantas veces payaso ahora es uno de los “respetables” candidatos a la presidencia de Estados Unidos (se oficializa el jueves) que tiene grandes posibilidades de ganar y convertirse, de perseverar en su discurso antiinmigrante, antimexicano, si no prosperara de las campañas a la figura de un estadista, en una verdadera amenaza.
Trump no dice mucho desde la Trump, pues anuncia que lo esencial de su mensaje va a ser dicho desde Ohio. Habla del proceso de doces meses para llegar al presente y lo que espera para llegar a la presidencia. Esos meses presagian guerra y dureza, las palabras de hoy lo confirman, pues faltan meses de trabajo frente a la candidata Clinton. Si Donald insiste en “Make America Great Again” a cualquier precio, el mundo va a entrar a una etapa de serios problemas.
Es importante entonces que, como el embajador gubernamental en Estados Unidos, Carlos Sada, los mexicanos expresen su inconformidad y protesta formal por las ofensas recibidas de parte del candidato republicano, que ratifiquen lo absurdo de sus propuestas (construir el muro, por ejemplo), no esperar, como el gobierno actual, a recibir instrucciones de la Casa Blanca (de Washington) para criticar al millonario de Nueva York porque le conviene a Hillary Clinton y el partido en el poder. No se trata de entrar en un proceso que confronte a los dos estados, sino de dejar en claro que México es soberano y debe de ser respetado. Existe un entramado, un entendimiento de naciones occidentales que respaldan esta realidad.
Estados Unidos merece respeto, pero no menos México, a pesar de que hemos vivido decenios de sometimiento debido a gobernantes complacientes y debilitados en su legitimidad que no tienen la autoridad para erigirse con ese respeto frente al “gigante” con el cual por desgracia se comparte una frontera robada. La legitimidad, la autoridad moral, el derecho internacional y el historial vivido deben ser los intrumentos del estado para mantener la dignidad en pie. Y que ellos construyan el muro si quieren.

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