La influyente revista inglesa es dura con Peña, y también con su equipo: “A algunos líderes les gusta que sus gobiernos estén compuestos por equipos de rivales, o por especialistas brillantes bajo un mismo techo o un mismo nido. Esas no son las preferencias de Enrique Peña Nieto, Presidente de México desde el año 2012. Él gobierna a través de un círculo estrecho de ayudantes fieles, muchos de los cuales trabajaron con él cuando era Gobernador del Estado de México”.

Ciudad de México, 4 de septiembre (SinEmbargo).– La influyente revista The Economist trata con gran dureza al Presidente de México, Enrique Peña Nieto, en un texto publicado en la edición que salió ayer en Gran Bretaña. Y es igualmente dura con su equipo de colaboradores, a quienes señala como “incondicionales” pero no “brillantes”.
Dice que la visita de Donald Trump, que fue arreglada por Luis Videgaray Caso, Secretario de Hacienda, fue un error. Y dice más:
“Al permitir que su visitante luciera ‘presidencial’, ha ayudado a Trump a realizar algunas correcciones retóricas que eran electoralmente inevitables. Incluso si Clinton gana, ella no va a agradecer a Peña para esto. Si resulta que ha ayudado a Trump ser elegido, muchos mexicanos no lo perdonarán, a él y a su partido [el PRI], y tampoco lo hará la mayor parte del resto del mundo”.
El texto de la revista es titulado así: “Lo indecible y lo inexplicable [The unspeakable and the inexplicable]”.
“A algunos líderes les gusta que sus gobiernos estén compuestos por equipos de rivales, o por especialistas brillantes bajo un mismo techo o un mismo nido. Esas no son las preferencias de Enrique Peña Nieto, Presidente de México desde el año 2012. Él gobierna a través de un círculo estrecho de ayudantes fieles, muchos de los cuales trabajaron con él cuando era Gobernador del Estado de México”, dice The Economist. “Cualesquiera que sean sus otras cualidades, a menudo han parecido impermeables tanto a los imperativos de las políticas democráticas y para los caminos de un mundo más amplio”.
“Debe haber parecido una idea genial para alguien, en el círculo íntimo del señor Peña, invitar a los candidatos en la elección presidencial estadounidense. Se pondría al señor Peña en las primeras planas de todo el mundo como un hombre de Estado capaz de hacer negocios, incluso con Donald Trump, el candidato republicano, que ha hecho de golpear a México el hilo conductor de su campaña”, agrega.
Casi cualquier experto en política exterior, agrega la publicación, habría desengañado a Peña de la idea. “Es una iniciativa muy equivocada y muy arriesgada”, dice uno, Andrés Rozental, ex vicecanciller. “Los mexicanos están acostumbrados a los problemas de drogas, de la migración y el proteccionismo comercial durante las campañas electorales estadounidenses. Pero ninguno de los candidatos modernos ha sido tan ofensivo y agresivo como Trump. Y es raro que un Presidente de México sea anfitrión de los candidatos en esta etapa de una campaña estadounidense. De hecho, los funcionarios insistieron durante mucho tiempo que el gobierno no podía refutar falsedades del señor Trump sobre México, porque eso sería intervenir en los asuntos internos de su vecino”.
The Economist expresa: “Languideciendo en las urnas y necesitado de convencer a los votantes de que podría actuar como un hombre de Estado, Trump aprovechó la invitación (Hillary Clinton, la candidata demócrata, sin duda tiene mejores cosas que hacer). La reunión de Peña de una hora, el 31 de agosto, en Los Pinos, el Palacio Presidencial, efectivamente puso en los titulares. Para muchos mexicanos, la noticia era que su Presidente no logró extraer una disculpa pública de Trump por su denigración de los migrantes de un país con ‘violadores’ y ‘criminales’”.
“En una declaración preparada, Peña debidamente hizo un relato de largo aliento de cómo la emigración mexicana ha caído en picada, y de la forma en que puestos de trabajo en los Estados Unidos dependen de su país, y cómo la frontera debe ser visto como una ‘oportunidad compartida’. ‘Señor Trump’, declaró, ‘los mexicanos merecen el respeto de todos’”, reseña la revista inglesa.
Trump, mirando menos entusiasta de lo habitual, respondió que los mexicanos son “gente increíble”. “Peña puede reclamar algún crédito porque su visitante alejó su amenaza previa para disuadir a las empresas estadounidenses de construir plantas en México. Esto es ahora una promesa ‘para mantener la industria en nuestro hemisferio’, una concesión significativa. Sin embargo, otro de los ‘compromisos compartidos’ que Trump leyó, sin réplica, era ‘el derecho’ a un muro de la frontera para impedir la entrada migrantes. Al menos tuvo el tacto en esta ocasión de no preguntar a su anfitrión que quién pagaría por ello, a pesar de que todavía es parte de su política”.
“Cualquier Presidente mexicano podría tener dificultades para reaccionar ante eL SENOR. Trump. Sr. Peña hizo se resbaló [Mr Peña has flip-flopped]. Comenzó ignorándolo, por esos motivos de la no intervención. Frente a las críticas internas, luego dio una entrevista en la que comparó ‘la estridente retórica’ del hombre de negocios norteamericano con la que llevó a Mussolini y Hitler al poder”.
La invitación a Trump, agrega The Economist, olía a un intento por parte de Peña para distraer la atención de los innumerables problemas internos que enfrenta. La economía sigue decepcionando. El gobierno se divide de forma visible en cuanto a cómo manejar una rebelión de maestros extremistas contra su Reforma Educación tan importante. El crimen violento está aumentando de nuevo. Una nueva acusación de conflicto de intereses ha surgido en relación con la Primera Dama, la cual involucró a un piso en Miami (que ella niega poseer). Y el señor Peña ha sido acusado de plagio de su tesis para el título de abogado (una afirmación de la universidad ha confirmado). Incluso antes de los últimas dos escándalos, su índice de aprobación había caído a 23 por ciento, el más bajo registrado para un Presidente mexicano este siglo. Esa es la cosecha de su peculiar y provincial forma de gobernar”.