jueves, 30 de julio de 2020

Ciudad Perdida
Urge poner orden en la educación privada
L
a próxima bomba a estallar en la Ciudad de México se llama educación, y si bien este es un derecho que garantiza la Constitución, el periodo neoliberal lo redujo a una mínima y de mala calidad, como hizo con la salud y con otros muchos bienes de la nación que fueron a parar a manos de la iniciativa privada.
Según cifras de la Secretaría de Educación Pública, en la Ciudad de México hay más de 8 mil 273 escuelas de educación básica, de las cuales 3 mil 774 pertenecen a la iniciativa privada y 4 mil 499 son públicas.
Esos números advierten que buena parte de los niños en edad escolar dependen para su educación de escuelas privadas que prácticamente se rigen por sus propias reglas, muchas de ellas alejadas de la ley que obliga a la laicidad, y con orientaciones que obedecen a intereses muy alejados de las cuestiones fundamentales de México, porque son parte de algún consorcio extranjero que crea individuos divorciados de su ser nacional.
Y como en muchas otras partes del mundo donde se asentó el neoliberalismo, la educación básica en los planteles privados resulta un bien cada vez más costoso, también en términos económicos.
A raíz de la pandemia, una buena cantidad de escuelas, muchas de ellas consideradas patito –no educan, pero cobran muy bien–, no podrán seguir adelante por falta de alumnos, pero otras de mayor rango pretenden incrementar sus ganancias cargando a los padres de familia aumentos desproporcionados en las inscripciones el siguiente ciclo escolar, a los pagos mensuales, al costo de los uniformes y de los útiles escolares.
Aunque, como siempre, los lamentos y las amenazas de desaparición ya se han hecho presentes por parte de las asociaciones que protegen a esas escuelas, que durante la pandemia no dejaron de cobrar las colegiaturas aunque sus gastos se vieran disminuidos, hoy podríamos decir que seguramente esta actividad, la de ofrecer educación, podría ser una de las muy pocas que lograrán salir de la pandemia con ganancias.
Sin mayores gastos en agua y energía eléctrica, por ejemplo, los planteles privados pretenden elevar colegiaturas echando de lado que en estos tiempos los gastos de las familias en agua y luz, para hacer una comparación equitativa, se han elevado considerablemente, y que en algunos casos la situación se ha complicado porque algún miembro perdió el empleo.
El gobierno no tiene mayor injerencia en la vida de las escuelas privadas, pero el problema es que una cantidad muy interesante de niños, por circunstancias económicas, principalmente, no podrá seguir en planteles de la iniciativa privada, pero tampoco podrán asistir a escuelas públicas, porque no hay más escuelas.
Ya es hora, se diga lo que se diga, de que alguien ponga orden en los planteles privados. La dependencia que hoy tiene el gobierno de esa educación es más que preocupante. No se le puede pedir al Congreso capitalino que haga algo porque es una asamblea inútil, pero de algún lado debe salir alguna luz que anule el muy próximo y peligroso estallido de la bomba de la educación.
De pasadita
Si algo se hizo mal en la administración pasada fue ocultar una realidad que cada vez crecía más al amparo de la mentira. Nos referimos, desde luego, a las actividades del narcotráfico en la ciudad, que hoy es un problema de dimensiones importantes.
Si bien en nuestras calles no se escenifican tiroteos diarios ni se producen muchos de los actos violentos de los que nos enteramos suceden en otras partes del país, el comercio de drogas, y con ello la actividad de las bandas, ha crecido en demasía .
Por eso, cuando uno escucha al jefe de la policía García Harfuch hablar de que sólo actuó un cártel en el ataque que él sufrió hace prácticamente un mes, se debe recordar que ocultar hechos evidentes no conduce más que a complicar las cosas.
El jefe de la policía sólo culpa al CJNG del atentado, y seguramente tiene razón, pero cuando habla de que sólo esa organización actuó nos da un tufo a engaño, cosa que resulta muy peligrosa.
¿Cómo le hizo la organización criminal para obtener los datos del itinerario y la agenda del mero jefe de la policía si no es por la colaboración desde dentro?
¡Oiga, don Omar, no insulte la inteligencia del respetable con patrañas que no llevan a ningún lado! Eso no se vale.

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