domingo, 22 de febrero de 2009

BAJO LA LUPA. LA PRIMERA GIRA DE HILLARY. LA IMPORTANCIA ASIATICA.


Alfredo Jalife-Rahme

La secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, durante su gira por ChinaFoto Reuters
Mientras Obama realizaba su primera visita mundial a Canadá, Hillary Clinton, la poderosa secretaria de Estado, emprendía su primer periplo a la región asiática, lo que marca un giro determinante de la geopolítica, geoeconomía y geofinanzas de Estados Unidos (EU).

La primera visita de Hillary no fue a Europa (aliada privilegiada estadunidense desde la Primera Guerra Mundial) ni a Rusia (rival que desde el punto de vista geoestratégico nuclear es tan poderosa como Estados Unidos).

Pareciera que Obama ha decidido conectarse más a las cuatro principales potencias geoeconómicas de la región asiática, en detrimento de Europa, que se ha fracturado en su abordaje a Rusia.

En la línea de Henry Kissinger, ex secretario de Estado por el Partido Republicano (Ver Bajo la Lupa 8/1/09), en su nuevo abordaje geoestratégico, que parece ser bipartidista, Obama ha optado por un acercamiento mayor con las cuatro principales potencias geoeconómicas de Asia Oriental: China, Japón, Sudcorea e Indonesia, que ostentan singularidades estratégicas remarcables.

China, Japón y Sudcorea constituyen las principales economías del noreste asiático.

De dos cosas: o bien la administración Obama ha perdido la paciencia con sus alianzas europeas (lo cual se demostró fehacientemente en la fracasada cumbre de la OTAN en Cracovia. Stratfor, 20/2/09), o de plano ha entendido que el poderoso eje energético-económico entre Rusia y Alemania (al que se ha sumado Francia) es ya, a estas alturas, inextricable.

De allí quizá nazca la mayor inclinación de la administración Obama a la región asiática oriental, proyectada, de acuerdo con las tendencias, a convertirse en el nuevo centro de gravedad geoeconómica del planeta.

A nuestro humilde entender, las visitas a los cuatro países de Asia oriental son de corte eminentemente geoeconómico y geofinanciero (cuando la liquidez se ha vuelto emperatriz).

Expliquémonos: si sumamos el PIB medido por el poder de paridad de compra (de acuerdo con datos de la CIA) de los cuatro países visitados, China detenta 7.8 trillones de dólares (en anglosajón: un millón de millones), tercer lugar mundial; Japón, 4.5 trillones (cuarto lugar); Sudcorea, 1.3 trillones (lugar 15), e Indonesia, 932,100 millones (sitio 16), lo cual arroja un total de 14.53 trillones, lo que representan poco menos que el PIB de la Unión Europea (UE), con 14.96 trillones (primer lugar mundial), y de Estados Unidos, con 14.58 trillones (segundo lugar mundial).

Los cuatro países visitados constituirían así el tercer PIB mundial, vistos en forma conjunta, y estarían a punto de alcanzar a Estados Unidos y de rebasar a la UE.

En el ámbito geofinanciero cabe destacar las reservas de divisas de los cuatro países visitados, los cuales, del total mundial de 7.34 trillones de dólares, China ostenta el primer lugar (2 trillones, 27 por ciento global); Japón, un trillón (segundo lugar); Sudcorea, 201,200 millones (sexto lugar), e Indonesia, 50,191 millones (sitio 25).

Los países visitados arrojan un total de 3.25 trillones de dólares, es decir, 44 por ciento de las reservas mundiales.

Si a esta cifra azorante le agregamos las reservas de divisas de la totalidad de lo que hemos bautizado como el circuito étnico chino (que agrupa a la misma China, además de Hong Kong, Macao, Taiwán y Singapur), entonces Hillary se encontró ante 53 por ciento de las reservas mundiales, en comparación con las patéticas reservas estadunidenses de 71,245 millones de dólares (la UE padece similar penuria).
Cabe puntualizar las reservas de divisas dentro del circuito étnico chino de Taiwán, 292,676 millones de dólares; Hong Kong, 181,700 millones; Singapur, 165,677 millones, y Macao, 15,930 millones.

Se puede sintetizar con datos duros que la vista de Hillary, en medio de la peor crisis económica y financiera de Estados Unidos, fue primordialmente tanto de corte geoeconómico como geofinanciero. En este contexto, es probable que la otrora superpotencia unipolar busque el respaldo, si no la complementariedad, de sus anfitriones.

También se traslucen consideraciones geopolíticas, aunque más limitadas en sus alcances: reforzamiento de los vínculos con Japón (que vive una grave declinación económica y el inicio de una recomposición política); el arreglo negociado de la península coreana, donde EU posee en Sudcorea una importante presencia militar frente a la nuclearización de Norcorea, y el apuntalamiento a Indonesia, relevante potencia en hidrocarburos y miembro de la OPEP.

Indonesia se cuece aparte: cuenta con la mayor población islámica del mundo (86 por ciento de musulmanes de sus casi 240 millones de habitantes, según el censo ya muy atrasado de 2000; ahora deben ser mucho más) y, sobre todo, controla una de las costas del superestratégico estrecho de Málaca (la otra pertenece a Malasia).

El estrecho de Málaca constituye uno de los corredores marítimos más importantes del mundo, que conecta las economías de India, China, Japón y Sudcorea, y por donde se transporta la cuarta parte de las mercancías en los mares del planeta (que incluyen el petróleo).

Más allá del aspecto emocional y simbólico de Indonesia, donde Obama pasó su adolescencia, el archipiélago islámico se encuentra situado estratégicamente en una línea horizontal que separa al océano Índico del océano Pacífico.

Pese a constituir una de las joyas emergentes del bloque de naciones del sudeste asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés), Indonesia exhibe preocupantes vulnerabilidades: deuda de 30 por ciento de su PIB, una perturbadora pobreza y una elevada facturación por la importación de alimentos. Otra fragilidad radica en su subdesarrollo financiero. De allí que no haya sido gratuita su solicitud a EU, en vísperas de la visita de Clinton, de una cobertura de protección de divisas a través del mecanismo Swap (Stratfor, 20/2/09).

Los Swaps consisten en transacciones entre dos bancos centrales que intercambian sus divisas a una tasa estipulada de cambio, pagadera posteriormente.

Estados Unidos ha realizado recientemente transacciones Swap por 500,000 millones de dólares a 14 bancos centrales (entre ellos el desfondado Banco de México, pésimamente manejado por Guillermo Ortiz Martínez). ¿Quién va a pagar los Swaps que alegremente ha emitido EU?

Indonesia dispone ya de acuerdos Swap con Japón, China y Sudcorea por un total de 12,000 millones de dólares, lo cual es una miseria frente a la dimensión de su deuda y su PIB.

Lo grave es que Estados Unidos no dispone de las reservas convenientes (30 por ciento superiores a las del archipiélago islámico), por lo que Washington necesita de similar respaldo monetario al de Indonesia. No es lo mismo que China y Japón emitan Swaps plenamente avalados, a que lo haga el insolvente EU.

De las cuatro visitas, la más estelar fue a China, la cual requiere una profundización especial.

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