miércoles, 11 de febrero de 2015

Comparto mi artículo publicado en unomasuno:
POLÍTICOS ENSIMISMADOS, HARTAZGO CIUDADANO: ¿VOTO NULO?
Francisco Estrada Correa
Está cobrando cada vez más fuerza el clamor de cierto sector de la ciudadanía tendiente a promover lo que según algunos intelectuales es la única forma "responsable" de protesta frente a la partidocracia y al autismo de nuestros políticos. Me refiero a la promoción que se está realizando en respuesta por los sucesos de Iguala de septiembre del año pasado para castigar a los partidos dejando de votar en las próximas elecciones. O votar pero sólo para anular el voto.
El tema es controversial porque las opiniones están divididas y los argumentos contradictorios: van desde aquellos que lo califican de colaboracionismo oculto con el régimen hasta los que asumen que es la única forma de expresión posible, pasando por los que dicen de plano que se trata de un desperdicio.
La verdad no está como siempre en ninguno de los extremos pues así como hay antecedentes de que el voto nulo ha sido el mejor apoyo del status quo, es decir para que las cosas no cambien, también los hay que lo definen como una de las mejores herramientas que puede tener la ciudadanía para transformar el estado de cosas. Un ejemplo de ello lo constituyó Argentina entre 1955 y 1972. Pero hay más.
En 2009 fue notable en España una intensísima campaña en pro de nulificar el voto que paradójicamente no partió de ningún grupo de ciudadanos sino de un frente de partidos, en protesta de que se les negó el derecho a contender en las elecciones, y lo hicieron como una manera de hacerse presente numéricamente, así fuera de manera simbólica.
Me refiero a la convocatoria que hizo a sus simpatizantes el frente de izquierda Abertzale para medir sus fuerzas en las elecciones autonómicas que se celebraron en el País Vasco hace 6 años. Pero habría que citar desde luego también los esfuerzos hechos en 2011 por los llamados “acampados” del Movimiento 15-M, igual, en España, que derivó en incremento del 45% del voto nulo y un crecimiento del 32% del voto en blanco. Y los hechos por el partido “Escaños en Blanco” que trabaja por darle representación al voto de protesta en forma de escaños vacíos y ha logrado algunos triunfos en el plano municipal, así como por otro grupo español, el denominado “Movimiento Ciudadano por el voto en Blanco Computable”, al que se han unido ciudadanos y colectivos de 8 países en Europa con el objeto de luchar no sólo porque sea contabilizado el voto en blanco sino por su derecho a la representación como forma válida de expresión ciudadana al margen de los partidos, y han venido participando en las elecciones del Parlamento Europeo de los últimos 5 años.
En diferentes épocas este mismo recurso lo han empleado en todo el mundo algunos grupos políticos marginados, fundamentalmente los anarquistas, simplemente para protestar, para hacerse presentes, sin objetivo concreto. En Panamá lo promovió en las elecciones de 2008 el Colectivo "Panamá Profundo", detrás del cual estuvo la muy conocida ONG ultraderechista Cáritas. Y en Argentina, la campaña por internet "Es hora de dar un escarmiento" fue todo un acontecimiento en las elecciones legislativas de 2001, pero por lo anónimo y desorganizado no se tradujo en ningún cambio real.
Cabe destacar que en Colombia desde 2009 se reconoce constitucionalmente el voto en blanco como “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos” y desde entonces se repiten las elecciones, cuando los votos en blanco constituyen mayoría. Y en Uruguay, incluso, es determinante en una elección presidencial porque allá hay balotaje si ningún partido obtiene más de la mitad de los votos emitidos. Es decir, que en un escenario hipotético donde hay 2 millones de votos válidos, un partido político necesita 1,000,001 votos para ganar en primera vuelta. En cambio, si la cifra de votos válidos es de 2.000.100 (es decir, habría 100 votos válidos más, sean positivos, en blanco o anulado), el partido necesita obtener 1,000,051 votos para ganar en primera vuelta.
En México, por cierto, el fenómeno del voto anulado ya se dio. Fue a mediados de los 50, cuando el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines quitó a los henriquistas la posibilidad de participar políticamente y canceló el registro de su partido, la Federación de Partidos del Pueblo (FPP). Ante la represión gubernamental, la respuesta de los dirigentes henriquistas fue el voto nulo, pedir a los ciudadanos presentarse a votar cada elección poniendo el símbolo de su partido, el gorro rojo, y el nombre de su candidato Miguel Henríquez Guzmán; pero como en esos tiempos los votos nulos ni siquiera se contabilizaban, optaron por llamar al abstencionismo como forma no sólo de protesta sino de deslegitimación del régimen del PRI... situación que a la postre - ¡más de 20 años!- colocó al sistema en una situación límite –el abstencionismo llegó a ser de casi el 80% en los comicios de los años 70- que lo obligó a hacer una reforma política que le abrió las puertas a “las minorías” mediante la incorporación en nuestra legislación electoral de las figuras del registro condicionado a los partidos, la subvención oficial y los diputaciones plurinominales. Cuando los henriquistas fueron a las oficinas del autor de esa reforma, el secretario de Gobernación de José López Portillo, don Jesús Reyes Heroles, éste les ofreció todas esas prerrogativas a cambio de que se hicieran cargo de revivir al PARM. La respuesta de ellos fue tajante: el PARM estaba tan desprestigiado, por su reconocida condición de “palero” del gobierno, que en esas condiciones, también los henriquistas acabarían desprestigiados.
“Lo que deben de hacer -le dijo el Dr. Andrés Rodríguez Meza, presidente en ese entonces de la FPP-, es reconocer que la cancelación que hicieron del registro de la Federación fue arbitraria, y devolvernos con un oficio, igual que lo hicieron en 1954, nuestra antigüedad y todos nuestros derechos”. Pero Reyes Heroles, que presumía de liberal, olímpicamente los ignoró y, a pesar de cumplir con todos los requisitos y contar con una fuerza electoral significativa, se le negó a la FPP el registro legal.
Los peronistas también recurrieron en Argentina a este tipo de convocatoria durante toda la década de los 60, aunque con más suerte que los henriquistas. Después de la caída de Juan Domingo Perón, cada vez que se presentaban elecciones en aquél país, el Partido Justicialista invitaba a los peronistas a que se abstuvieran de votar como acto de rebeldía pero sobre todo como una prueba de su fuerza, puesto que su partido, como el henriquista, había sido proscrito por los gobiernos que sucedieron a Perón. Desde luego que la acción de los peronistas no se redujo a eso. Subrepticiamente, a veces hasta clandestinamente, se mantuvieron unidos, fortalecieron su organización, hicieron de la resistencia civil una forma de mantenerse presentes a la vez que evidenciaban la debilidad del gobierno, de tal suerte que hubo un momento en que éste simplemente no pudo gobernar sin tomarlos en cuenta, dobló las manos y mandó llamar a Perón, que así recuperó el poder, 20 años después de que lo derrocaron.
Lo interesante en estos dos ejemplos es que el abstencionismo o la convocatoria a la nulificación del voto provenía de grupos políticos organizados pero proscritos, y además lidereados fuertemente por un personaje carismático, esto es, que tenían un objetivo muy claro: el de llevarlos al poder.
Aquí en México, el henriquismo no llegó más lejos porque Henríquez Guzmán murió, a diferencia de Perón. Pero en todos los demás casos mencionados, sobre todo los de los últimos años, un rasgo significativo es que se trata de movimientos anti-líderes, o generados por la decepción en los liderazgos personales, que lo que buscan es la emergencia del ciudadano común como actor central de la democracia representativa; es decir, que forman parte de una estrategia más amplia, la resistencia civil. Lo que le añade, al menos por lo que toca a nosotros, un ingrediente sumamente interesante.
Es que hay quien sostiene que las grandes transformaciones en México han sido violentas, por lo que una conclusión de toda nuestra historia es que la única forma que tenemos los mexicanos de cambiar es mediante la violencia y además bajo la guía de un caudillo. Una acendrada tradición, característica constante en nuestro desarrollo político, que sin embargo tendríamos que empezar a superar construyendo otras vías de protesta y participación.
Estoy hablando, sí, de iniciar una nueva tradición en la que se puedan lograr cosas sin necesidad de recurrir las armas y soltar balazos. O esperar la llegada de algún mesías. Parte de la idiosincracia del mexicano, dicen los expertos. Nada más por eso, en el pasado siglo, el desencanto ciudadano acompañó siempre el desempeño de casi todos los candidatos presidenciales que se opusieron al gobierno y no se atrevieron a tomar las armas... una auténtica tragedia nacional.
Henríquez trató de romper la tradición, y por eso, después de las elecciones del 52 convocó no a una revolución sino al abstencionismo electoral y a la resistencia civil; sólo que el llamado fracasó, además de la muerte de Henríquez, por razones diversas, que finalmente son las mismas por las que podría fracasar ahora el llamado al voto nulo.
La razón principal es que no existe entre nosotros una tradición de resistencia civil pacífica, a pesar de que ésta ha sido en todo el mundo un instrumento de cambio efectivo. Y tampoco una vocación participativa de la ciudadanía.
¿Es pues, o no, una opción la nulificación del voto? ¿Cómo hacerlo expresión tan contundente que sea absolutamente imposible ignorarlo? Y lo más importante: ¿A quien beneficiaría el abstencionismo o el voto nulo en las elecciones del 7 de junio próximo?
Lo seguiremos analizando.

No hay comentarios: