jueves, 25 de octubre de 2012


En el país de la normalidad, “¡Viva el PRI, cabrones!”

HÉCTOR PALACIO@NietzscheAristojue 25 de octubre de 2012
En México parece que no hay oposición que valga, menos una que sea respetada.
Por un lado, tenemos al PRIAN (aunque moleste a quienes critican a los críticos de semejante maridaje) y a Los Chuchos compartiendo el poder. Por otro, a la oposición bajo el mando de López Obrador. Pero…
La oposición es severamente criticada de anti-moderna por su nacionalismo trasnochado, por querer impedir el desarrollo económico y la modernización (una más) de México oponiéndose a las “reformas estructurales” laboral y energética (llamada así a la privatización de Pemex), porque algunos de sus miembros negocian y traicionan y se pasan del otro lado. Porque otros de sus miembros vienen de la contraparte prianista (que ya hoy es verdeprianalista, considerando el partido de la “maistra” Gordillo y el de los González), y se les ve como arribistas saltimbanquis.
Al MORENA de AMLO lo ven sus críticos como un partido familiar más, como las vergüenzas del PANAL y el Partido Verde, cuyas franquicias estatales están a la venta del mejor postor. Una y otra vez acusan a López Obrador de estar enfermo de poder, de ser mentiroso, cobarde y un peligro para México. Él por su lado, en la conformación del nuevo partido demanda absolutos y purismos de conducta, ideales difícilmente asequibles a la condición de los mortales.
¿Entonces? ¿Qué queda? ¿Desolación?
Ya quienes critican a Peña Nieto son mal vistos. Los que hacen lo propio con Calderón son desdeñados. Los que elogian o dan cuenta del trabajo de AMLO son acusados de retrógrados.
Pareciera que no hay nada mejor que el silencio. Y si se ha de hablar, que sea dentro de la perspectiva de la supuesta normalidad democrática en la cual se halla el país con la “alternancia”, con el retorno del PRI de nuevo rostro; que se hable de cuestiones meramente técnicas. Ahora los jóvenes priistas luchan por ideales pot-revolucionarios y post-modernos, y se desviven en elogios por Peña. No se diga de los beneficiarios de esa vuelta. Y en consecuencia, se espera, se demanda, que todo México secunde las políticas del nuevo PRI, la privatización de Pemex, en particular.
No hay cabida para los críticos. Que callen. O que pasen a las filas de la normalidad democrática en donde todos están contentos con el país y los gobernantes que hay.
Viva la reforma laboral, viva el outsourcing, viva la apropiación de Pemex por el sector privado trasnacional, viva la perpetuación de los dinosaurios del corrupto poder sindical, vivan los muertos de la guerra de Calderón a ser continuada por Peña, viva el desfalco financiero en los estados, viva el PRI, viva el PAN, viva el PANAL, viva el partido verde, viva el PRD Chucho. Muera mi tweetmás exitoso (“Ser joven y priista es como ser viejo y pendejo”), para dar paso a las bravías juventudes priistas pro-peñistas (que bravas fueron también ayer las panistas pro-fox-calderonistas), muera el 132, muera MORENA, muera López obrador y algunos de sus leales seguidores que no son más que estorbosos “pejezombis”. Y el resto de los 16 millones que votaron por él, que se vayan a la chingada. Ese es el país de la normalidad.
Y en el país de la normalidad encontraremos al final la misma ecuación: Corrupción e impunidad. Y al grito de clientes, socios e integrantes, el anuncio de un espectacular: “¡Viva el PRI, cabrones!”

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