Javier Lozano, el rudo payaso que lloró cuando vio a Pavarotti
El sociólogo Gabriel Careaga solía burlarse de los viejitos de La Condesa (no necesariamente viejos), que lloraban cuando iban a la ópera o al hablar de ella tan solo. Exagerado, los veía como suspirantes trasnochados del siglo XIX; cuando menos.
Este histórico domingo 19 de enero de 2014 nos enteramos de que un experto en menús musicales en twitter, recio político, arrogante e incluso autoritario, se afloja con la ópera y que lloró el día en que presenció el canto de Luciano Pavarotti en el Teatro del Palacio de Bellas Artes. Y no porque cantara bien o fuera una función brillante, no, tan sólo por el hecho tenerlo enfrente. Se trató de una suerte de entrega o rendición incondicional ante el famoso “ídolo”, un orgasmo catártico desde algún balcón del Palacio.
“Yo le aplaudí, lloré incluso en esa ocasión,… por tenerlo aquí…”, le dice Javier Lozano a Daniela Cohen, autora de una malísima nota-entrevista en la que ni siquiera se cita el título correcto y se falsea la trama de la ópera Payasos (Pagliacci, en italiano), de Ruggero Leoncavallo; la cual el político encuentra “muy digerible” (de allí quizá lo de los menús musicales en twitter; la sugerencia del día).
La ignorancia hay que atribuírsela a la periodista, por supuesto, pensar lo contrario conociendo la jactancia musical del entrevistado, sería un exceso.
En realidad, ambos quisieron presumir al público. La nota, “Abundan los payasos tristes” (Milenio, 19-01-14), los exhibe:
“La charla es pactada con un hilo conductor, la vida del senador trazando ligas con la obra y vida de uno de los tenores más admirables de todos los tiempos, Luciano Pavarotti. La cita es en una de las mesitas del emblemático teatro Lírico con música clásica de fondo, uno de los temas favoritos del legislador que ha pasado del PRI al PAN y del escándalo a la tranquilidad, si bien ahora comienza con una comparación entre Ridi Pagliaccio -sic- (El payaso triste o Ríe, payaso; ¡súper sic!), una de las mejores interpretaciones del italiano, y los pares del poblano en la arena política” (animado, comienza el melómano-político, “Déjame decir primero que ‘Payaso...’, de Leoncavallo, es una gran historia, porque lo que te presenta es una ópera de un acto, muy digerible”).
Los conocedores saben que la ópera se llama, traducida, Payasos, en plural. Los conocedores saben que se trata de una obra en dos actos y un prólogo. Los conocedores saben que la ópera de Leoncavallo lejos está de haber sido “una de las mejores interpretaciones del italiano”. Muy poco la cantó en vivo, pues no tenía la voz apropiada ni la capacidad histriónica para el personaje (grabada en estudio puede sonar bien; o microfoneado, como solía cantar Pava, podría sonar bien también algún fragmento como el aria “Vesti la giubba”, la cual Lozano-Cohen citan como la del “Ridi Pagliaccio”). Saben también los conocedores que el personaje no se llama “Ridi Pagiaccio” en italiano, ni “El payaso triste” o “Ríe, payaso”, en su traducción (aquí va una carcajada de payaso), sino Canio; (sólo les faltó decir-escribir LeonCaballo).
La pretenciosa y fallida entrevista -una vez que Lozano se ha desentendido nuevamente del chino “Copelas o cuelloS” y vuelto al cinismo de justificar el atraco al SME y defender a su jefe Calderón y su mortal guerra-, se dirige a “atacar” y acusar, burlándose, de “payasos tristes” a sus adversarios, sobre todo de la izquierda electoral, sin dar nombres; eso es todo.
Confiesa el poblano que solamente vio a Pavarotti cuando éste se presentó en 1997 en Bellas Artes; en ese momento se le escurrieron las lágrimas en llanto. Qué extraño, para entonces ya llevaba una amplia carrera de burócrata que bien pudo costearle un viaje al menos a Nueva York para admirar a su ídolo; digo, si es que realmente lo era.
Dice el poblano que en la política hay muchos payasos; de acuerdo, los políticos son actores, como los payasos. Dentro de la mexicana, él es uno de ellos, sin duda; bien agarradito al presupuesto y sin maquillaje, que para eso es lozano.
A final de cuentas, involuntaria nota divertida la del Milenio. Ahora sí, para superar las carcajadas iré a leer algún fragmento de Las ranas, Las nubes o de Maten al León; El Quijote está ya muy choteado. La ópera, peor, aunque sea cómica.
P.d. Aquí, “El mensurable éxito del lozano Javier, alias @jolozanoa”, donde se trata de su amor por la burocracia y la nostalgia por los martillazos a los pianos:
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