¿POR QUÉ ATENCO?
Ene 20, 2014Escrito por Neftalí Granados/ @NeftaliGranadosVisto 750 veces
En los inicios de la primera década del Siglo XXI este país se veía deslumbrado por las falsas promesas de la alternancia, la cual según los líderes de opinión fabricados por las televisoras e incluso algunos críticos de buena fe, traería beneficios en la supuesta consolidación de la democracia mexicana. La promesa de resolver problemáticas trascendentes para la vida política del país en 15 minutos se ponía sobre la mesa mientras los pasos ramplones de las botas de charol caminaban de la mano con los grandes capitales. Pero nada partía de cero, pues el supuesto cambio marcaba la continuidad devota del Estado Mexicano en su lógica de renunciación al concepto de soberanía nacional a favor de los procesos de acumulación que el neoliberalismo había marcado en los años anteriores.
La fuerza de las palabras “tierra y libertad” que habían dejado huella en la herencia jurídica revolucionaria de nuestra Carta Magna en 1917, comenzaba a borrarse mediante diversas reformas, las cuales progresivamente se pusieron en plena sintonía con la perspectiva económica dominante. En nuestro país se había consumado una larga lista de privatizaciones con beneficios focalizados, mientras nuestra legislación se subordinaba a las exigencias de los organizamos financieros internacionales. Desde 1992 con la modificación del artículo 27 constitucional se arrancaba la esencia de la figura de “ejido”, reconfigurando las formas de propiedad de la tierra, lo cual sentaba las bases para escindir a un amplio sector de la fuerza de trabajo campesina de sus medios de producción, allanando el camino para el proceso de despojo y depredación que se ha intensificado en los últimos años.
La llegada del gobierno del “cambio” en el año 2000 también acentuaba la profundización del poder de las corporaciones en detrimento de los ciudadanos, los objetivos del denominado Plan Puebla-Panamá (hoy reformulado como Proyecto Mesoamérica) guiaban buena parte la agenda en materia de infraestructura y desarrollo. Pero entre la maraña de los equilibrios en los indicadores macroeconómicos, la política autoritaria instruida desde los consorcios y materializada por el Ejecutivo, aterriza en el espacio más íntimo de la vida cotidiana de quienes tienen la desgracia de atravesarse en la ruta trazada por las bondades del supuesto progreso.
Bajo esta lógica el 22 de octubre de 2001 el Ejecutivo publicaba en el Diario Oficial de la Federación el decreto mediante el cual se expropiaban 5 mil 391 hectáreas de tierras a los ciudadanos de los municipios de Atenco, Chimalhuacán y Texcoco con la finalidad de construir un aeropuerto, prometiendo fuentes de empleo y mejores condiciones de vida para quienes serían despojados. La noticia llegaba a las 4 mil 375 familias que bajo este supuesto se verían obligadas a abandonar sus hogares y dejar la tierra que con su trabajo han hecho florecer por generaciones, entregando cada metro cuadrado de su forma de vida por 7 pesos con 20 centavos y sumándose a las masas de quienes desposeídos de medios de producción, solo podemos intercambiar nuestra mercancía fuerza de trabajo, la cual emana del sujeto mismo.
Pero la maduración del razonamiento colectivo en el tejido social comunitario permitió que de manera autónoma las personas que habitan el lugar alzaran la voz en defensa de lo que les pertenece. De esta manera el planteamiento más vanguardista de la Revolución Mexicana “la tierra es de quien la trabaja” libraba una nueva batalla, personificándose en el semblante de mujeres y hombres que empuñaban como estandarte uno de sus instrumentos de trabajo.
La inteligencia colectiva desarrollada en San Salvador Atenco, abrió diversos frentes en el terreno jurídico y político en el ámbito nacional e internacional, hasta que en 2002 los habitantes lograron echar atrás el decreto que legalizaba lo que a todas luces era un atraco, de esta manera la lucha ejemplar de un pueblo digno sentaba el precedente de contener una ofensiva en la que el Estado Mexicano marcaba su paso al lado del capital, por encima de los intereses de la población. Así las tendencias y contratendencias que enmarcan el escenario político-económico actual se daban cita en ese poblado ubicado al oriente del Valle de México, perfilando lo que con el tiempo se convertiría en un caso paradigmático entre los senderos de la emancipación y el despojo.
Sin embargo la perspectiva autoritaria de quienes hoy nos gobiernan cobraría venganza años después, sembrando miedo, dolor y muerte. En los primeros días de mayo de 2006 la provocación se consolidaba como herramienta sistemática para crear escenarios de confrontación, en busca de legitimar el uso desmedido de la fuerza por parte del Estado. En las pantallas dominadas por quienes durante casi un siglo han lucrado con el espectro radioeléctrico, las voces del duopolio televisivo pedían a gritos la intervención decidida de las fuerzas represivas, hermanando su complicidad con la cúpula de poder que hoy gobierna.
Quien hoy se ostenta como Presidente de la República ordenaba con tinta roja el operativo dirigido por la Policía Federal Preventiva en coordinación con la policía estatal y municipal. Los tres niveles de gobierno, encabezados por integrantes del PRI, PAN y PRD actuaron en coordinación y el operativo dejó a su paso la sombra de la muerte, innumerables violaciones a los derechos humanos, decenas de heridos, mujeres y hombres vejados y abusados sexualmente, así como 211 detenidos de entre los cuales los personajes más visibles eran condenados a la soledad de la prisión por más de cien años. Sin embargo la tenacidad y perseverancia del pueblo de Atenco logró que cuatro años más tarde quedarán libres todos sus presos, demostrando que luchar siempre vale la pena.
¿Por qué recordar Atenco? Porque la represión es el fantasma que acompaña a Enrique Peña Nieto y parece perseguirlo más allá de su mandato, siendo uno de los elementos más grandes que indignaron a la oleada juvenil que en 2012 tomo las calles, recordando ese viernes negro en la Universidad Iberoamericana donde el entonces candidato declaraba que asumía plenamente la responsabilidad de lo sucedido en Atenco, el amplio rechazo de la sociedad mexicana a ese personaje y el surgimiento de #YoSoy132 parecen ser la antesala de diversos procesos sociales que pueden dar un paso más allá de la resistencia. A pesar de lo que puedan sugerir los escépticos, amplios sectores de jóvenes han comenzado a renunciar al olvido, quedan en la memoria los asesinatos de Javier Cortés, adolescente de 14 años y Alexis Benhumea (estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM), los cuales son evidencia del desprecio que los actuales gobernantes tienen por la juventud cuando esta se niega a resignarse.
¿Por qué considerar al proceso vivido en Atenco como un elemento indispensable para la comprensión del presente en México? Porque es botón de muestra de la mercantificación de la tierra en los procesos de acumulación de capital y de la escisión entre los trabajadores y su medios, símbolo del despojo y las resistencias que circundan el orbe en la lucha voraz que los grandes consorcios han emprendido por los recursos naturales. También porque el Gobierno Federal en los primeros días del año anunció que entre los objetivos del sexenio esta una Reforma Agraria cuyo perfil se vislumbra en sintonía con las reformas estructurales aprobadas el año pasado, y el proyecto del aeropuerto no ha sido del todo cancelado, hace menos de un mes los integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra sufrieron agresiones que alertan sobre la oleada represiva que este 2014 puede augurarles.
¿Por qué aprender de Atenco? Porque muestra la complicidad de los poderes fácticos en su aspecto más visible, donde los medios de comunicación concentrados en pocas manos construyen una realidad alterna y son usados como armas para golpear a los movimientos sociales legitimando la represión, a la par de empatar sus intereses con la agenda de desarrollo económico. Atenco es también un ejemplo de los esfuerzos de organización que construyen poder popular cuando las personas se juntan para defender sus derechos dejando de lado el miedo y la indiferencia, nos enseña a los jóvenes a sentir en lo más profundo la injusticia y romper la inmovilidad del joven-viejo pasivo y adormilado. Pero independientemente de la empatía con esta u otras causas justas, la juventud va creando sus propios procesos, y cuando menos en las tres principales ciudades, en este año comienza a dar saltos irreverentes ante todo aquello que puede obstruir la construcción en el presente de un futuro pleno.
La última razón para aprender de Atenco enunciada aquí para no elaborar un listado interminable, en palabras de sus pobladores: “...esos, a quienes los medios de comunicación llaman ‘los macheteros’, son nuestra gente: un mecánico, un ama de casa, un viejo sentado que acaricia en sus sueños el futuro de sus nietos. Y esos sueños, no están en venta. Nuestra dignidad no tiene precio”.
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