MAR DE HISTORIAS
CRISTINA PACHECO
Poco antes de que llegara la pandemia escuché que iban a cerrar
Mi Reintegro, el único estanquillo que hay por aquí. Le pregunté a su dueña, Mariana, qué había de cierto en eso. Se limitó a levantar los hombros y a seguir limpiando el mostrador. No volví a saber nada del asunto hasta el miércoles que Arnulfo, el portero del edificio que hace mis compras, de nuevo lo mencionó.
Espero que sólo se trate de un rumor. Si desaparece
Mi Reintegro, la colonia va a sufrir una más de las pérdidas que ha padecido en el último año y ocurrirá algo mucho más grave: las familias que viven en las barrancas ya no podrán ir a la única tienda en donde les venden fiado, a pesar de que sobre el mostrador cuelgue un letrero llamativo, escrito con plumones
de colores:
Hoy no se fía. Mañana sí. Por si quedara alguna duda, el aviso tiene un párrafo más que convincente:
El dueño no está. Se fue a buscar a un cabrón que le debía.
Desde que empecé el confinamiento ...
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