
AL QUE LE PIQUE, QUE SE RASQUE...
O lo que es lo mismo: calmantes montes, no te calientes plancha o no me molesten mosquitos.
Eso de ponerse a construir un aeropuerto en dos años y meses no es cosa menor. Y si no, que se lo pregunten a Ángela Merkel.
La ciudad de Berlín, capital de la principal potencia económica de Europa continental, sufría desde hace años de saturación. Sus dos aeropuertos, Tegel y Schönefeld, no se daban abasto con los más de 35 millones de usuarios que cada año llegan o salen de esos aeródromos.
¿La solución? Un nuevo aeropuerto.
La construcción inició después de 2006 y debía ser inaugurado en 2011 pero eso no sucedió. Su nombre: Berlín-Brandenburgo (BER)
Por fin, se puso fecha: 3 de junio de 2012. Se programaron transmisiones de radiotelevisión de 24 horas continúas. El orgullo teutón en todo lo alto. Sin embargo, no hubo inauguración. Se detectaron miles de fallas. Entre ellas: problemas en la seguridad antiincendios, puertas automáticas que no servían, techos a punto de hundirse, luces que no se podían encender y otras que no se podían apagar. Un desastre total.
Por fin, con casi 9 años de retraso, el 31 de octubre de 2020 (¡Sí, hace 15 días!) fue inaugurado.
Sus números: Superficie total: 1,470 hectáreas; dos pistas de aterrizaje y despegue; capacidad de atención: 27 millones de pasajeros en un año; costo total: 5.9 mil millones de dólares + ampliación (3 mil millones de dólares más).
Los números del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.
Superficie total: 3,000 hectáreas, tres pistas de aterrizaje y despegue (una, para uso militar); capacidad de atención inicial: 20 millones de pasajeros por año -con un plan de extensión a 80 millones de pasajeros- costo total: 80 mil millones de pesos (4 mil millones de dólares).
Así que Angela Merkel bien podría contratar al presidente Andrés Manuel López Obrador. Eso de construir un aeropuerto internacional, una refinería, un tren Maya, un tren transismico; terminar el tren Toluca-Cd. de México, terminar la línea del metro en Guadalajara; rescatar el Lago de Texcoco, ampliar el Bosque de Chapultepec; terminar de construir decenas de hospitales; rehabilitar miles de escuelas; decenas de cuarteles de la Guardia Nacional, cientos de sucursales del Banco del Bienestar y miles de obras estatales y municipales, no es poca cosa.
Allá, en Alemania, no podían con un aeropuerto; acá, en México, se esta echando la casa por la ventana.
Así que, Atáscate, Matías!, de esto no hay todos los días.
Don Diego de la Vega.
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