Los riesgos del pragmatismo
Si bien el presidente electo ha perseverado históricamente una conducta que privilegia la ética y la honestidad, algunos hechos han mostrado que también ha recurrido al pragmatismo político con tal de alcanzar ciertos fines
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Una de las críticas constantes durante el trayecto de López Obrador por la política ha estado dirigida contra su capacidad pragmática; característica que otros han visto como una cualidad. El pragmatismo significa, por un lado, la corroboración en la realidad de una premisa en términos de su utilidad; por otro, consiste en el desplazamiento de cualquier valor que no tenga utilidad práctica o al que se superponga esa utilidad.
Si bien el presidente electo ha perseverado históricamente una conducta que privilegia la ética y la honestidad, algunos hechos han mostrado que también ha recurrido al pragmatismo político con tal de alcanzar ciertos fines. Después de la elección de 2006 se le reprochó su alianza con el grupo parasitario de los Chuchos del PRD, que en 2012 terminaría con la adhesión de éste al “Pacto por México” de Peña Nieto. También se ha reprochado el apoyo a gobernadores y políticos que terminaron traicionando su causa. En 2018 se le ha criticado, sobre todo, por su alianza con el Partido Encuentro Social y el respaldo a personajes polémicos que parecían dañar más que beneficiar el proyecto de cambio que ha enarbolado. Pero nadie se esperaba el triunfo del pasado primero de julio con un 53% y aquí estamos, a pocas semanas de que el nuevo presidente tome posesión, con algunos indicios y estragos como consecuencia de los acuerdos pragmáticos que contribuyeron, quizá no tanto como se pudo haber pensado, al triunfo de la coalición “Juntos Haremos Historia”.
Algunos comentaristas opinan que en política no existe la traición sino intereses de grupo o personales que actúan conforme a su beneficio. Difiero, la ingratitud, la perversidad y la ambición son formas de la traición tanto a las personas como a los proyectos que se han acordado con anticipación. Si antes fueron los Chuchos, Graco Ramírez o Miguel Mancera quienes encarnaron la traición al proyecto de López Obrador y sus simpatizantes, en 2018 comienza a asomar la nariz del gobernador electo de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, como un ente escasamente confiable para ese proyecto. Y es que el perfil de este personaje, más allá de sus éxitos como jugador, no proporciona datos de compromiso social, de ideales humanísticos, de afanes democráticos; por el contrario, ofrece rasgos deplorables. Aceptar su candidatura por su popularidad como futbolista podría traer consecuencias que no serían del todo inesperadas, que no serían una sorpresa; nada bueno presagia el desencuentro entre Blanco y Yeidckol Polevnsky (quien está careciendo de pericia). Y así podría suceder con otros casos.
Por otro lado, el respaldo a Manuel Velasco por parte de los senadores de Morena como un acto de pragmatismo que canjeó el apoyo para regresar a la gubernatura de Chiapas a cambio de 5 diputados del partido “Verde” sumados a Morena, pudiera traer consecuencias y costos de convertirse este ejemplo en una práctica del proceder de los nuevos legisladores mayoritarios. Como han sostenido varios analistas, el partido del presidente electo pudo haber negociado la adhesión de esos diputados para alcanzar la mayoría con sus aliados del PT y el PES; ¡con el que menos debió de hacerlo fue con el “Verde”!, desprestigiado tanto por sus alianzas con el PRI y el PAN como por su historial de corrupción, de simulación y ausencia de democracia.
¿Cuáles serían las consecuencias y los costos de semejantes prácticas de pragmatismo indeseable? En cuanto a Blanco, todo puede esperarse, incluso su deslinde del proyecto ganador en la elección pasada; el costo sería la pérdida de confianza en quien lo llevó al poder, la coalición de Morena.
En cuanto a Velasco, las consecuencias son sufridas y a veces toleradas, en primera instancia, por los simpatizantes y votantes que el primero de julio decidieron un cambio, pues se ven en la necesidad de explicarse y explicar, antes que cuestionar, semejante conducta. Mucho del favor de las redes sociales y medios alternativos durante la campaña benefició a Morena y López Obrador; esta simpatía no será tan “regalada” de continuar estas prácticas irregulares, porque entonces los cuestionamientos serán la constante. Y el costo podría ser el retiro del apoyo incondicional e incluso la no ratificación del mismo en las urnas en 2021.
Lo que le resta a Morena en el Congreso es hacer valer en adelante su mayoría en concordancia con la promesa y compromiso de cambio; como parece que están empezando a hacer con las distintas iniciativas referentes a la austeridad y la justicia. Lo mismo al poder ejecutivo, ser consecuente con su gran electorado. No más arreglos sin transparencia ni excusas, la ambicionada Cuarta Transformación lo exige; ¿vale la pena tomar riesgos?

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