Este proceso tiene un montón de deudas: con los predecesores que ya no están, con los que están en retiro, con la militancia que se ha roto el lomo durante años en las calles y en en el monte, bajo el sol y la lluvia, con los cuadros entregados a la tarea de la organización, con los dirigentes que llevan mucho tiempo durmiendo tres horas diarias, con la simpatizancia desinteresada que ha puesto más granos de arena que los de todas las playas del Pacífico, con los críticos de buena fe, con la banda que vive en Estados Unidos (el México del Norte) y en el extranjero en general (el México del mundo), con los ciudadanos que estuvieron horas interminables a cargo de las casillas, con los observadores que vinieron el 1 de julio, con los servidores públicos que pasaron información crucial o que se negaron a cometer un fraude desesperado, con quienes en el último minuto decidieron invertir su voto en un proyecto del que desconfiaban, con quienes reclaman justicia desde siempre.
Éstas son las deudas que deben preocuparnos y comprometernos. La deuda pública, qué.
Éstas son las deudas que deben preocuparnos y comprometernos. La deuda pública, qué.

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