El mejor Andrés Manuel: le daría vergüenza tener privilegios en un país con millones de pobres

¿Se puede gobernar un país enorme desde una sala de espera sufriendo incomodidades como cualquier viajero? Si ese país es México, se puede y se debe. Es un imperativo moral para el líder vivir los problemas que cualquiera tiene
Foto propiedad de: Internet“No tengo ninguna esperanza en el presidente del país, y ningún mexicano debería tenerla. La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón”. Parafraseando a Solzhenitsyn
“Yo necesito pocas cosas y lo poco que necesito, lo necesito poco”. Francisco de Asís
En 2005 cuando acepté la invitación que Andrés Manuel me hizo para participar en su equipo de campaña, lo hice simple y sencillamente porque pensé que él era un hombre bueno y honesto que sabría cómo gobernar correctamente a México.
Tenía la mejor opinión del tabasqueño que hacía planes para renunciar a la jefatura de gobierno del Distrito Federal, paso previo al arranque de su primera campaña electoral presidencial. Por esa razón no me resultó para nada complicado dar el sí a la propuesta que López Obrador me hizo una mañana en la casa del abogado Javier Quijano.
Me parecía un excelente gobernante del DF, austero y eficaz, pero no conocía al verdadero Andrés Manuel.
Entendí que era un hombre excepcional una noche en Puerto Vallarta, Jalisco, a donde le había acompañado para asistir a diferentes eventos de campaña al empezar 2006.
El avión de regreso a la Ciudad de México iba a despegar a las 22 horas, o eso se suponía.
Como en la industria de la aviación comercial los supuestos muchas veces no se cumplen, esa vez Aeroméxico canceló el vuelo. Así, de plano.
La opción natural era la de pernoctar en el destino turístico, lo que yo hice. Pero Andrés Manuel no podía quedarse a dormir ahí: tenía, la mañana siguiente, un compromiso importante en la capital mexicana, con el que iba a tratar de cumplir aunque le costara serias incomodidades hacerlo.
Dos camionetas que recorrían el país para apoyar al candidato de izquierda en sus eventos por las diferentes ciudades, hacía una hora que habían salido rumbo al Distrito Federal.
Cuando se anunció la cancelación del vuelo, poco después de las nueve de la noche, Andrés dijo: “Ni modo, llamen a los conductores de las camionetas: que se regresen y me voy por carretera”.
Si no había modo de comunicarse con las personas que manejaban los vehículos, Andrés Manuel iba a buscar rentar alguno. No hubo necesidad, los celulares funcionaron y los colaboradores del Peje pudieron regresar por el candidato.
Una persona sin otro interés que el de apoyar a un candidato honesto que tenía problemas, le ofreció un avión privado: “No tiene caso que viajes de noche ocho horas por carretera, es peligroso, tu gente ya está cansada, ellos ya han manejado una hora, regresarán conduciendo una hora más y después a emprender el recorrido. Ahí hay un avión, úsalo por favor si no puedes quedarte a dormir en esta ciudad”.
Andrés Manuel agradeció la oferta y pidió comprensión: “No te ofendas si rechazo el avión. Pero jamás usaré un jet privado. Lo he prometido. Viajaré por carretera”.
Así lo hizo.
Anoche, en Huatulco, el vuelo de VivaAerobus se retrasó cinco horas, no por culpa de la aerolínea, sino de las fuertes lluvias en el aeropuerto de la Ciudad de México.
Dijo Andrés Manuel, según leo en SDP Noticias:
1. “Que si viajara en aeronaves privadas, no tendría que enfrentar este tipo de inconvenientes, sin embargo, reiteró que ni con esas ventajas abordaría aviones como el presidencial, ya que ‘se me caería la cara de vergüenza’, si viajara con todas las comodidades, cuando hay mexicanos que jamás han tomado un vuelo y que enfrentan condiciones de pobreza extrema”.
2. Comentó que a pesar del problema él estaba “relajado, relajado, relajado”, porque la situación,”no es culpa de los trabajadores, a mí hasta pena me da con el capitán del avión y los trabajadores y ellos no son culpables”.
Gobernar desde la sala de espera
¿Se puede gobernar un país enorme desde una sala de espera sufriendo incomodidades como cualquier viajero? Si ese país es México, se puede y se debe. Es un imperativo moral para el líder vivir los problemas que cualquiera tiene.
¿Por qué Enrique Peña Nieto nunca viajó en aerolíneas comerciales? Lo propuse muchas veces durante todo el sexenio, en mis artículos y en conversaciones con distintos colaboradores del presidente saliente. Me ignoraron y hasta me dijeron que yo no entendía nada.
La respuesta que recibí en todas las ocasiones en que propuse que el presidente Peña viajara en Aeroméxico fue la misma: “Por seguridad nacional eso es imposible”.
Cuando les decía que Andrés Manuel, de llegar a la Presidencia, jamás viajaría en aviones privados, de plano me decían: “No seas ingenuo, esa es una pose de campaña de López Obrador. Si gana las elecciones, al día siguiente a las votaciones pedirá aviones al Estado Mayor Presidencial”.
El aviòn que ni Obama
Cuando yo insistía en que se vendiera antes de estrenarse el nuevo avión presidencial, ese que no tenía ni Obama, para refutarme alguna vez alguien muy importante me contó una historia:
“No entiendes de política. López Obrador agradecerá que el presidente Peña pague el costo político de estrenar el avión. Mira, la política es así. Un presidente europeo le dijo a Peña Nieto: ‘hice campaña criticando el avión que mi antecesor compró, pero desde que gané las elecciones lo uso y me siento muy bien’. Es lo que hará López Obrador”.
Andrés Manuel ya es presidente. En más de un sentido, ya gobierna. Toma decisiones, el ciclo de la economía del país empieza a moverse, para bien o para mal, en función de lo que él dice. Acierta y falla, como cualquiera. Hombre inteligente, el presidente López Obrador aplica la fórmula del economista Keynes: cambia de opinión según cambian las circunstancias, pero...
Lo que no ha cambiado
Como no ha cambiado la situación de pobreza en la que viven demasiados millones de mexicanos, Andrés Manuel no cambiará su decisión de renunciar absolutamente a las comodidades excesivas, como la de viajar en un avión solo usado por él.
López Obrador es confiable porque vive como la gente. Para hablar con él, no es necesario pedir una cita a sus colaboradores y secretarios particulares. Basta con averiguar el vuelo en el que viajará, estar en el aeropuerto en la sala de espera o en las puertas de entrada y salida de pasajeros, acercarse con toda tranquilidad, saludar y plantear el asunto. Andrés Manuel responderá de buenas, con amabilidad, que nadie tenga la menor duda.
¿Con qué otro presidente es tan sencillo comunicarse? Honestamente hablando, desde este espacio de prensa fifí —SDP Noticias tiene muchos seguidores: la mayoría nos lee desde teléfonos celulares con planes nada baratos de internet—, desde la comodidad de mi casa donde escribo en mi iPad tomando café, agradezco a Andrés Manuel habernos regalado a los ciudadanos mexicanos un presidente así de sencillo. Es lo que como sociedad necesitábamos. Creo que hasta los niños mimados del periodismo pretencioso y wannabe entendemos algo tan elemental. Gracias, señor presidente, gracias de verdad.

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