viernes, 5 de julio de 2019

Si enjuiciar a Emilio Lozoya y a Ancira está resultando tan difícil por sus complicidades en el Poder Judicial, imaginen los recursos, la energía y el tiempo que habría que invertir para poner en un tribunal a Fox, Calderón y Peña.
Es cierto que en especial Fox y Calderón le están echando ganas para irse al bote, pero aunque ayuden, está muy complicado.
Por ejemplo: es razonable dar por hecho que la destrucción de pruebas y documentación comprometedora fue la principal preocupación del peñato en sus últimos meses y que entre el 2 de julio y el 30 de noviembre de 2018, las trituradoras de documentos trabajaron 24 horas en las oficinas de gobierno.
Otro problema: "Hecha la ley, hecha la trampa", dice el refrán. Y durante 30 años el PRIANRD montó un vasto y sofisticado entramado legal para robar impunemente. Pueden dar por seguro que se cubrieron las espaldas por anticipado.
Con esos antecedentes, pasar cinco años y 1/2 peleando en juzgados contra despachos de abogados que pertenecen a los mismos que adulteraron la Constitución y las leyes llevaría al gobierno y a la sociedad a concentrarse en eso y dejar en segundo término la transformación del país.
Desde luego, esto no es un voto por la impunidad y el olvido, no: los procesos pendientes deben seguir y si hay denuncias de corrupción (o de cualquier otra cosa) contra funcionarios del viejo régimen, debe dárseles cauce hasta las últimas consecuencias. Eso es parte de las obligaciones de la Secretaría de la Función Pública, La Auditoría Superior de la Federación y, desde luego, la Fiscalía General de la República.
Pero perseguir corruptos del pasado como propósito y consigna central del gobierno impediría concentrarse en las tareas fundamentales de la Cuarta Transformación: acabar con las estructuras de la corrupción (como recursos a legisladores para obras y mejoras, subsidios injustificados a organizaciones sociales, adquisiciones del sector público fuera de control, etc.), reorientar el gasto, aplicar la austeridad republicana y, sobre todo, revertir la tremenda desigualdad social y detonar el desarrollo económico con bienestar.
En lo personal creo que los ex presidentes, de Salinas en adelante, deberían estar todos presos por delitos de lesa patria y lesa humanidad.
Me encantaría verlos enjaulados, pero hay prioridades: es más importante construir una vida buena para la mayoría de los mexicanos.
'Tardes, banda

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