PORQUÉ ROSARIO PIEDRA ES LA MEJOR OPCION PARA LA CNDH
Con argumentos poco sólidos se pretende descalificar a Rosario Piedra Ibarra para la presidencia de la CNDH, y con tal de lograrlo, se dicen algunas cosas que conviene aclarar.
Para empezar, dicen que ella oculta su militancia, lo que es absolutamente falso. Ella no ostenta una militancia vergonzante y así lo acreditó en su documentación ante las Comisiones del Senado, y así lo reconoció ante los senadores frente a los que compareció, reivindicando, eso sí, la militancia política como un derecho humano pero a la vez empeñando su palabra, acreditada con su trayectoria, de no tener más compromiso que con las víctimas.
Dicen quienes pretenden descalificarla, que quieren autonomía de la CNDH, pero qué mejor garantía que la lucha social por los derechos humanos que ha librado junto con el Comité Eureka durante más de 40 años, lucha que la ha llevado a manifestarse lo mismo ante López Portillo que ante Salinas, y ahora, hace apenas unas semanas, en las puertas de Palacio Nacional al margen de que comparta militancia con su ocupante. Lo que difícilmente puede acreditar ninguno de los otros aspirantes.
Dicen que quieren independencia del poder, y qué mayor independencia que el apego a los principios. A fin de cuentas no es un asunto de pelear o llevarse bien con el poder sino de congruencia, de hacer eficaz a la CNDH en su defensa de las víctimas, lo que desde luego no se consigue con cortesanías ni complicidad como ha pasado en los últimos 25 años, pero tampoco con pleitos y enfrentamientos. Ella garantiza eficacia y resultados.
Rosario Piedra Ibarra, además, no ha sido parte de la CNDH en ningún momento, es decir, no ha sido parte del aparato de corrupción que nos llevó a la más grande crisis de derechos humanos. Y nadie puede decir que en su desempeño como activista le ha fallado jamás a las víctimas ni ha omitido ninguna expresión en la defensa de los derechos humanos.
Dicen que hay que revisar los indicadores, ¿cuáles? ¿Los que llevaron a la presidencia de la Comisión a priístas solapados? ¿Los que permitieron que la CNDH se convirtiera en una institución inoperante y costosa? No. Nadie quiere una Comisión al servicio de un partido o del gobierno, justo lo que ha sido desde su creación y lo que ella misma y el Comité Eureka han padecido.
Lo que queremos quienes creemos en ella no es una institución que se lleve bien o mal con el poder, porque eso es secundario. Lo fundamental es que sea lo que debe ser: cabal defensora de derechos humanos.
¿Qué mejor indicador que la lucha social? Rosario Piedra Ibarra, además de víctima indirecta ella misma y su familia, pues tiene un hermano desaparecido, ha sido activista y no sólo de manifestaciones y protestas sino de gestión directa ante las autoridades. Sabe trabajar por las víctimas, sabe denunciar y también sabe obtener resultados. Porque ha sido defensora de derechos humanos pero también abogada, sin el título, aunque sí en la acción. Tiene conocimientos de pedagogía, y todos sabemos que el problema de los derechos humanos en México es de impunidad pero también de cultura, de cambiar nuestra cultura. Y es además docente de los servicios de Educación Especial, es decir que trabaja a diario con uno de los sectores más fuertemente golpeados por la incomprensión y el abandono.
Por eso y más, quienes queremos una CNDH fuerte y autónoma, eficaz instrumento de justicia al servicio de las víctimas, creemos que Rosario Piedra Ibarra es la mejor opción.
Por eso, #ConRosarioSiCNDH
Con argumentos poco sólidos se pretende descalificar a Rosario Piedra Ibarra para la presidencia de la CNDH, y con tal de lograrlo, se dicen algunas cosas que conviene aclarar.
Para empezar, dicen que ella oculta su militancia, lo que es absolutamente falso. Ella no ostenta una militancia vergonzante y así lo acreditó en su documentación ante las Comisiones del Senado, y así lo reconoció ante los senadores frente a los que compareció, reivindicando, eso sí, la militancia política como un derecho humano pero a la vez empeñando su palabra, acreditada con su trayectoria, de no tener más compromiso que con las víctimas.
Dicen quienes pretenden descalificarla, que quieren autonomía de la CNDH, pero qué mejor garantía que la lucha social por los derechos humanos que ha librado junto con el Comité Eureka durante más de 40 años, lucha que la ha llevado a manifestarse lo mismo ante López Portillo que ante Salinas, y ahora, hace apenas unas semanas, en las puertas de Palacio Nacional al margen de que comparta militancia con su ocupante. Lo que difícilmente puede acreditar ninguno de los otros aspirantes.
Dicen que quieren independencia del poder, y qué mayor independencia que el apego a los principios. A fin de cuentas no es un asunto de pelear o llevarse bien con el poder sino de congruencia, de hacer eficaz a la CNDH en su defensa de las víctimas, lo que desde luego no se consigue con cortesanías ni complicidad como ha pasado en los últimos 25 años, pero tampoco con pleitos y enfrentamientos. Ella garantiza eficacia y resultados.
Rosario Piedra Ibarra, además, no ha sido parte de la CNDH en ningún momento, es decir, no ha sido parte del aparato de corrupción que nos llevó a la más grande crisis de derechos humanos. Y nadie puede decir que en su desempeño como activista le ha fallado jamás a las víctimas ni ha omitido ninguna expresión en la defensa de los derechos humanos.
Dicen que hay que revisar los indicadores, ¿cuáles? ¿Los que llevaron a la presidencia de la Comisión a priístas solapados? ¿Los que permitieron que la CNDH se convirtiera en una institución inoperante y costosa? No. Nadie quiere una Comisión al servicio de un partido o del gobierno, justo lo que ha sido desde su creación y lo que ella misma y el Comité Eureka han padecido.
Lo que queremos quienes creemos en ella no es una institución que se lleve bien o mal con el poder, porque eso es secundario. Lo fundamental es que sea lo que debe ser: cabal defensora de derechos humanos.
¿Qué mejor indicador que la lucha social? Rosario Piedra Ibarra, además de víctima indirecta ella misma y su familia, pues tiene un hermano desaparecido, ha sido activista y no sólo de manifestaciones y protestas sino de gestión directa ante las autoridades. Sabe trabajar por las víctimas, sabe denunciar y también sabe obtener resultados. Porque ha sido defensora de derechos humanos pero también abogada, sin el título, aunque sí en la acción. Tiene conocimientos de pedagogía, y todos sabemos que el problema de los derechos humanos en México es de impunidad pero también de cultura, de cambiar nuestra cultura. Y es además docente de los servicios de Educación Especial, es decir que trabaja a diario con uno de los sectores más fuertemente golpeados por la incomprensión y el abandono.
Por eso y más, quienes queremos una CNDH fuerte y autónoma, eficaz instrumento de justicia al servicio de las víctimas, creemos que Rosario Piedra Ibarra es la mejor opción.
Por eso, #ConRosarioSiCNDH

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