Si Anaya fuera un verdadero transformador estaría con AMLO, no atacándolo

¿Por qué Anaya, si es un verdadero demócrata y tiene una línea centrista no se acerca a AMLO?
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Decir que Anaya o AMLO ganaron el debate, es intrascendente, no creo que altere el resultado fundamental de la correlación de fuerzas como está en la actualidad. Quien ha tenido mejor desempeño en debates, como fue Diego Fernández en 1994, solo subió 2.5%, a Fox le favoreció el voto útil, una parte grande de la izquierda votó por él ante la percepción de la necesidad histórica de “sacar al PRI de Los Pinos”, y de que el Ing. Cárdenas no lo lograría, veremos, pero cuatro puntos que ganara Anaya lo siguen dejando a más de 12 puntos de desventaja, aproximadamente, y eso, pensando que el debate haya sido un juego de suma cero: todo lo que gane Anaya lo pierde AMLO, no lo creo. Veremos.
Que se hayan ido todos contra AMLO no es de extrañarse, porque el que no lo esperaba, entonces no habrá entendido la dinámica de los intereses en pugna en la actual campaña: los que se aglutinan detrás del centro derecha (todos) y los que se aglutinan detrás del centro izquierda (AMLO). El mensaje final de AMLO fue muy bueno, porque expresó mejor que en ningún momento, su visión y convocatoria para el cambio, un cambio histórico contra los gobiernos oligárquicos que hemos tenido, por más que destinen recursos crecientes a la política social.
El bloque de centro derecha puede todavía aglutinarse en torno de Anaya, no los veo en torno a Meade, el problema es que la Sra. Margarita es más fácil que se aglutine con Meade que con Anaya, aunque se haya despedido de beso y abrazo de los dos. Y Meade y Anaya juntos serían un cisma para sus electores, pero no es imposible, detrás hay intereses muy poderosos que presionan en el sentido de no dejar que AMLO llegue. Primero que eso suceda, ¡¡el diluvio!!
¿Por qué Anaya, si es un verdadero demócrata y tiene una línea centrista no se acerca a AMLO para formar un gobierno de mayoría absoluta, en los poderes ejecutivos locales y en el federal, así como, en los congresos estatales y federal? Ir a un gran programa de reformas y barrer la corrupción, haciendo avanzar aceleradamente al país, incluyendo la parte de la democratización política y la política exterior independiente. Creo que porque no lo es, no es un reformista verdadero, sino un hábil verborreico, pertinaz y ambicioso.
Él es quien miente y engaña con una retórica lejana a su realidad. No le contestaron porque no hubo tiempo, pero ya habrá. Si de verdad quiere luchar contra la corrupción, no puede hacerlo sin AMLO-Morena, él lo sabe, si quiere enjuiciar a toda la corrupción actual, tiene que limpiar su expediente personal y justificar legalmente su fortuna de más de $130 millones de pesos. En suma, si quiere cambios reales, necesita a AMLO o estar con AMLO, no contra AMLO. Claro que es un sueño guajiro, pero el lugar de un reformador de verdad no está en donde Anaya está, sino con AMLO, buscando un proyecto de cambio conjunto, pero la ambición personal no lo deja ni siquiera imaginarlo. Si al final pierde, es muy joven puede llegar también a decir, que la tercerea o la cuarta es la vencida. Pero dejaría pasar una oportunidad, si sus posturas son sinceras y leales políticamente. ¿Podría convencer a sus seguidores? Pero como no es un verdadero reformador, allí está bien. Me queda claro que con la división de los reformadores, moderados o avanzados, en cualquiera que sea el partido o sector de la sociedad en dónde estén, si se encuentran hoy enfrentados, gana “la minoría rapaz” y corrupta que se ha enseñoreado en el Estado. Ni duda cabe.
Lo comento, toda proporción o comparación guardada, porque recordé de momento la propuesta del Partido Comunista Italiano (una corriente de comunismo cercano a la democracia liberal y la libre empresa, nada que ver con el soviético o chino) a la Democracia Cristiana de formar un gobierno de mayoría absoluta con una amplísima base social, un gobierno de compromiso histórico, con un proyecto político de democratización completa del Estado y la sociedad. Son especulaciones lejanas, pero qué lástima que no nos podamos permitir ni imaginarlo.
La reflexión viene a cuento, porque en México el liberalismo predominante es la versión conservadora del liberalismo (que sí es una ideología y una doctrina política, no como el populismo que no lo es, aunque falsamente insistan en ello los Krauze y Vargas Llosa, y otros muchos liberal-conservadores mexicanos, sobre todo, de la empresa privada).
El referente teórico e histórico que nos ofrece Bruce Ackerman en “El futuro de la revolución liberal” (Ed. Ariel, 1995), nos presenta las dos caras del liberalismo contemporáneo: lo que llama “el liberalismo activista”, y el “liberalismo como sinónimo del capitalismo laissez-faire” (“dejar hacer”, que al final significa de “libre mercado”). El segundo, corriente de liberalismo del siglo XIX, dice “que pensadores contemporáneos, como Friedrich Hayek y Robert Nozick, han proclamado decididamente un restablecimiento de esa tradición”, para ellos, cualquier revolución liberal (o cambio hacia ella) “se limita a proteger la propiedad privada y la libertad para contratar” (libre mercado). Y agrega: “Un sistema de laissez-faire permite, por una parte, vastas concentraciones de riqueza heredadas y una clase desposeída, sin educación, por otra. La mala distribución sistemática de la riqueza constituye una burla al ideal de igualdad política; es compatible, con todo tipo de fallos de mercado: monopolización, degradación medioambiental y explotación masiva de la ignorancia del consumidor. A pesar de Hayeck, ningún liberal sensible debería estar satisfecho con estas injusticias manifiestas”.
La argumentación contraria es para lo que llama “liberalismo activista” que identifica con pensadores como John Dewey y John Rawals, cuya esencia resume en cuatro principios, que delimitan el funcionamiento del libre mercado: “el primero –expresado en la teoría de los fallos dl mercado- subraya que los mercados del mundo real no se ajustan a los modelos ideales de competencia perfecta. Esta cuestión, cuando es elaborada, justifica una amplia gama d continuas intervenciones estatales (…) el segundo, expresado en un teoría de la justicia distributiva –cuestiona el derecho de una generación de ganadores en el mercado a transmitir las ganancias económicas a sus hijos, sin ofrecer una oportunidad igual para los hijos que fueron suficientemente desafortunados como para tener padres pobres”. Tercero, “subraya la importancia crucial de la educación para preparar a cada ciudadano para el ejercicio de elecciones sensatas”. Y cuarto y último, “asegura a todos los ciudadanos recursos políticos aproximadamente iguales a pesar de sus diferentes destinos en el mercado”. A este modelo social le llama “”estructura de igualdad sin dominación”, que es otra forma de afirmar el valor del libre mercado, y finaliza este párrafo diciendo: “Sin los esfuerzos constantes para aproximar la igualdad sin dominación, el discurso de un libre mercado degenera en una apología ideológica en favor de los ricos y poderosos”.
Son las dos versiones que históricamente han existido del liberalismo, una conservadora, y otra revolucionaria. Sostengo que la inmensa mayoría de los liberales mexicanos de las élites intelectuales, económicas y políticas, son conservadores. A todos los que no son liberal-conservadores como ellos, los descalifican como “populistas”, el mundo de las ideas y la política para ellos, se divide en liberal-conservadores y populistas (de derecha y de izquierda). Una simplificación excesiva, manipuladora, del mundo ideológico-político de hoy, que si algo tiene es una gran diversidad. La versión latinoamericana, del liberalismo conservador, la de los Krauze y Vargas Llosa, identifica al populismo como una ideología, que tiene una tendencia congénita a provocar crisis graves cuando llega al poder. Es una interpretación deformante, que lo hace una ideología que no existe. Vean a algún politólogo europeo de prestigio escribir sobre populismo y lo primero que rechaza es que se esté en presencia de una ideología, es un estilo de hacer política, no más. Y cuando es realmente el neoliberalismo el que ha provocado graves crisis en América Latina, que nos pregunten en México: 1994-96 y 2001-2002, y se han mostrado indefenso ante graves crisis mundiales como la de 2008-2009.
Los que se preocupan mucho porque México no se vaya a parecer a otro país latinoamericano en la economía y en la política, no saben que nos fue impuesto el neoliberalismo como modelo ajeno, como dijo López-Portillo “por imperativo hegemónico”, salvo que crean que en 1983-94 en que se implantó, nos parecíamos mucho a Gran Bretaña y a los EUA.
Por eso afirmo arriba que es una lástima que los mexicanos que consideran que es con reformas de contenido progresista como podemos salir de los cien baches en que estamos, estén confrontados, no solo la derecha está divisa, la izquierda reformista también, y ello impide una corriente histórica poderosa que saque a México de su decadencia y desprestigio actual. Esa “minoría rapaz y corrupta” que mencionó AMLO en el debate en su mensaje de cierre, está feliz con esa división y manipula a una u otra corriente del liberalismo conservador mexicano, que es la que a ella conviene.
Poe ello también afirmé aquí: si Ricardo Anaya fuera un verdadero reformador del centro-derecha mexicano, estaría con AMLO, no atacándolo.

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