miércoles, 4 de mayo de 2016

COLUMNAS

Atrapado en Dinamarca

@NietzscheAristomar 03 may 2016 19:40
  
 
Foto propiedad de: Internet
Suecia elevó la semana pasada, última de abril, el nivel de alerta terrorista porque tiene datos de que un ataque de ISIS a Estocolmo y otras ciudades, es inminente. La policía sueca recibió la información, de parte de “los servicios de inteligencia iraquí”, de que 7 u 8 yihadistas habrían entrado a ese país con la intención de perpetrar el atentado. Los antecedentes de París y Bruselas son una seria advertencia.
Para ir a Malmö, la ruta más simple y recurrida es llegar a Copenhague y cruzar en tren el estrecho de Oresund. Y lo que hasta hace poco era un tránsito libre y sereno entre estos dos países escandinavos, a raíz de la alerta terrorista se ha nutrido de rigurosos policías suecos presentes desde el abordaje del tren en el lado danés así como en cada estación antes de llegar a Malmö.
Desde el Báltico, leí las notas sobre el posible ataque sin considerar que fuera a verme afectado por los eventos a pesar de tener en la perspectiva un viaje a Suecia. Al registrarme para el vuelo Frankfurt-Copenhague, la chica de Scandinavian Airlines System (SAS) rasgó por accidente parte de la envejecida costura del pasaporte. Hilván que terminó por descoserse cuando, en una segunda revisión, un gordo policía sueco –que ignorante de la regla para mexicanos en Europa, demandaba visa- tiró demás haciendo desprender el librito del pasaporte de su cubierta.
Se detuvo el tren al menos por quince minutos. Me bajaron frente el escrutinio curioso y aun inquisitivo de los viajantes. Otra hora más de “investigación”. Para llegar a una conclusión oficial: para los suecos, yo carecía de pasaporte, me regresarían a Dinamarca. Me escoltaron y subí a un tren de vuelta a la arcaica estación central de la capital danesa.
No era la primera ocasión de estar bajo la presión policial por amenazas terroristas. Pocos años antes, me sorprendieron orinando en una estación de trenes de Nueva York al día siguiente de los atentados de Boston. Entonces, a pesar de no traer el pasaporte conmigo, la solidaria policía neoyorquina me dejó partir. Ahora, el pasaporte mexicano que traigo no contaba para los suecos. Natural, me sentí perdido ante el imponderable.
Al amanecer, ante la preocupación y la duda, algunas posibilidades asomaron durante la duermevela al cobijo de la especulación y la sugerencia de los amigos; ¿cuál elegir?:
1. Fatigado, regresar de inmediato a México asumiendo el alto costo que ello significaría; el pasaporte desprendido, sin embargo, aún podría ser un problema al abordar el avión o al llegar a Nueva York.
2. Al estilo mexicano, pegar el documento con Kola-Loka; como si nada hubiera pasado.
3. Ir a la embajada mexicana en Dinamarca que, junto al antiguo puerto de la capital, atiende las urgencias de 11 a 12:15.
4. Necio en el empeño sueco y orientado por las gaviotas, los cisnes y los patos, cruzar a nado el estrecho de Orosund.
5. En cualidad de espectro, como el padre de Hamlet, sólo que en inversión geográfica, subir al norte y cruzar de la danesa Elsinor a la sueca Helsingborg. Aunque entre sueños parezca sencillo, aún tengo que conjeturar cómo lograr esa rara cualidad shakesperiana de la ligera incorpórea-corpórea bruma antes de la hora en que canta el gallo.


P.d. Copenhague, escenario de reciente visita de Peña Nieto y de manifestaciones en su contra, da ahora otra noticia en relación a Ayotzinapa. Con base en el segundo informe del GIEI, el Consejo Internacional para la Rehabilitación de Víctimas de Tortura (IRCT), con sede en esa ciudad, declara sobre el endeble testimonio, producto de la tortura, de los presuntos criminales de los 43 estudiantes; otro duro golpe en contra de Tomás Zerón, Murillo Karam y su “verdad histórica”.

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