COLUMNAS
Sobre la Asamblea Constituyente de la ciudad de México; voto masivo
En mayo y diciembre de 2015 escribí sobre la tramposa e ilegítima decisión de Peña Nieto y Mancera de nombrar 12 “delegados” que los representen en la Asamblea Constituyente y de completar ese acto antidemocrático con la asignación de 28 diputados y senadores vía el dedazo. Es decir, 40% de los futuros asambleístas no serán elegidos por el voto directo de los ciudadanos sobre cuya ciudad e intereses se va a legislar.
No hubo manera de revertir dicha determinación porque la sociedad no se manifestó en contra de ella. Era deseable, lógico y posible dos cosas, 1). Que los asambleístas electos en 2015 fueran los encargados del constituyente. 2). Que la ciudad exigiera el sufragio sobre el 100% de los constituyentes pues los ciudadanos de la misma han luchado por décadas por el derecho a una verdadera democracia y a la exclusión del autoritarismo con que ha sido gobernada en el pasado. En mayo de 2015, escribí:
“En 1997, con el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas y como fruto de una lucha de cuando menos 30 años iniciada a raíz de la tragedia de Tlatelolco, el PRI era expulsado tras ejercer por décadas un gobierno autoritario y corrupto en la ciudad de México.
“A casi 50 años de esos inolvidables hechos y a casi 20 de que la sociedad del Distrito Federal decidiera una ruta hacia la democracia, de nuevo se cierne el autoritarismo sobre la ciudad…
“Es francamente una vergüenza que Mancera y Peña se quieran pasar de vivos ante una sociedad que ha luchado durante tantos años por alcanzar cierto nivel de democracia, por combatir el autoritarismo y la corrupción, por aspirar a la tolerancia y la libertad. Es una vergüenza y una traición más que el PRD lo avale. Ya el pacto PRI-PAN-VERDE-PRD ha hecho mucho daño al país. No debiera permitirse un nuevo atraco en la ciudad que ha sido de vanguardia, ejemplo de lucha cívica y política y cuyos logros no han sido gratuitos.” (SDPNoticias.com; 01-05-15).
Muchos analistas ven la conformación de ese 40%, junto con lo que sumen dentro del 60% restante a elegir, como un regalo al PRI, que quiere regresar por la puerta trasera al gobierno de la ciudad –y cuya presencia en ella ha sido y es precaria si no es por la conformación partidista del gobierno federal-, resultado del acobardado o calculado sometimiento de Mancera a Peña Nieto. Por lo pronto, el dedazo dará al PRI al menos 20 asambleístas que junto a los electos podría darle una representación que no tiene en la ciudad al grado de alcanzar el poder del veto. El analista Jorge Alcocer lo ha puesto en estos términos: “Pudiendo haber mandatado a los diputados a la Asamblea Legislativa del DF, electos en 2015, para aprobar la constitución de la CDMX, los socios en el Pacto por México decidieron inventar otra Asamblea e integrarla conforme las cuentas de cada partido por lo que habrán 100 diputados constituyentes, de los cuales 60 serán electos mediante voto popular y 40 provendrán de las cámaras federales a partes iguales (14 cada una) y 12 de las voluntades del Presidente y del jefe de Gobierno, a mitades.” (“Constituyentes y reforma”; Reforma, 12-03-16).
Ya que la gente no se manifestó para frenar el atraco, queda sólo una vía por el momento: el voto masivo el próximo 5 de junio. Sin embargo, a dos semanas de la elección, a más de confusión sobre el mecanismo del voto y de repartición de asambleístas de acuerdo a los porcentajes, (de entrada, existe la complejidad para el votante de elegir entre nueve partidos y 60 candidatos de cada uno de ellos, más once “independientes”), priva la desinformación y la indiferencia. Sobre ello afirma Alcocer: “Según mis personales sondeos la mayoría de los capitalinos no sabe que en la CDMX habrá elecciones. De los que sí saben, la mayoría no entiende lo que van a elegir, ni cómo. Al parecer los spots del INE no logran modificar ese estado de cosas. El problema está en las reglas del juego establecidas en el Decreto de reforma a la Constitución.”.
A menos de que haya una corriente de conciencia ciudadana que se esté moviendo sutil y acuda de manera masiva a las urnas para establecer su derecho a una verdadera representación que se contraponga a ese 40% amañado y a esa porción controlable dentro del 60% que pudiera resultar, existe el riesgo de una votación exigua que beneficie el propósito de Peña Nieto y Mancera.
Y el riesgo mayor será que la ciudad de México, de fuerte convicción y aspiración democrática, caiga o haya caído ya en la trampa de un fenómeno cuya existencia está demostrada: la mafia del poder. A votar, pues, para evitar la regresión política.



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