Gracias Señora Poniatowska
JANE DE LA SELVAjue 19 may 2016 18:45
Salí de la selva para hacer un viaje largo y antes de partir al aeropuerto de la ciudad de México conversé con una amiga sobre el cielo nocturno que recientemente había presenciado en un rancho cerca de Atotonilco, durante mi visita a su vecino San Miguel de Allende por motivos de chamba. La vía láctea en su máximo esplendor sobre una carpa color púrpura. Las maravillas diarias, ofrecidas al ojo.
Me recomendó entonces-- al saber que no la había leído—la novela de Elena , premio Alfaguara 2001, “La piel del cielo”, como acompañante en mi travesía aérea. Me lancé a Ghandi a comprarla y la metí en el bolso. Comencé pronto, sentada en la sala de espera, a deambular bajo el hechizo de su prosa por dentro del corazón, palpitando con sincronía hacia las venas y nervios el carácter de las circunstancias narradas. Quedé imantada; ya no pude soltarlo hasta finalizarlo.
Para quienes no han leído la novela no debo hablar de ella, léanla. Pero comparto que sentí la admiración de siempre por Elena, a la vez de un no sé qué por ella y por nosotros todos en México al ir conociendo el interior de la historia de La familia De Tena y sus allegados, verificar que la vida política actual sigue igual o parecida a la de entonces, en el fondo. Decenas de años de espera para la señora Poniatowska y demás mexicanos que aún no podemos ver un inicio hacia la solución para doblegar al sistema que nos mantiene sin que valga realmente la voz del ciudadano. Notemos que existe la certeza que la solución está en nosotros, no en ellos.
Se palpa la idea en su narrativa de que gracias a la genialidad científica natural de los mexicanos el gobierno corrupto fue forzado a apoyar, a entender que había que apoyar el desarrollo de las artes y sobre todo las ciencias investigativas. Cuando menos para pararse el cuello, para mejorar su reputación. Así fue en el proyecto que emprendió el genio atormentado Lorenzo de Tena. Se mira tanto un éxito-- a medias-- de principios del PRI, como triunfo profesional para el personaje que inspiró a Elena, que al margen de dicho triunfo profesional no logra la anhelada felicidad. La novela es sentimentalmente agridulce pero lógica. Abarca y hace justicia a la genialidad de los mexicanos representa la dificultad que enfrentaron nuestros científicos para lograr fondos destinados para la investigación. Plasma las características de fondo que abarca el comportamiento natural humano bajo circunstancias de extrema presión social familiar que siendo adultos se transforma en neurosis, y que podrían repetirse en cualquier historia dentro del tiempo.
Por este medio, aprovecho la oportunidad para agradecer a Elena la profunda influencia positiva que ha causado como librepensadora para las mujeres de México. La forma a contracorriente en que se ha entregado a la defensa de esa libertad, de esa igualdad basada en la fraternidad por encima de género, creencias, distinciones sociales o raciales. Para mí, Elena Poniatowska, es uno de los eslabones más importantes de MoReNa. Un gran valor nacional. Un ejemplo imborrable de amor a su país.


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