viernes, 25 de agosto de 2017

Claudia Sheinbaum, pieza clave para el 2018

@Renegado_Lvie 25 ago 2017 08:35
 
  
 
Claudia Sheinbaum encabezará sin duda uno de los mejores gobiernos que ha tenido la Ciudad de México.
Claudia Sheinbaum encabezará sin duda uno de los mejores gobiernos que ha tenido la Ciudad de México.
Foto propiedad de: Internet

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Quienes no conocen lo que es Morena y conocen poco a López Obrador, reaccionaron a la designación de Claudia Sheinbaum como coordinadora de organización del partido en la capital del país, con críticas hacia la “imposición” que, según ellos, habría consumado AMLO al dejarse llevar “por el corazón” y decidir por su ex colaboradora.
La vergonzosa y lamentable novedad es que tal argumento, equívoco y grotesco, no es invención de los eternos críticos y malquerientes de López Obrador. Fue el propio Ricardo Monreal quien lo puso sobre la mesa en una entrevista con Joaquín López-Dóriga, y al hacerlo prácticamente dio validez a las acusaciones de quienes ven “deditos” lopezobradoristas incidiendo en el proceso de selección de la candidatura al gobierno de la Ciudad de México.
Se equivoca Monreal y se equivocan todos los que acusan dedazo con el añadido machista de “por el corazón”. En primer lugar porque es un argumento discriminatorio para la ex secretaria del Medio Ambiente, quien sin duda tiene los méritos políticos y administrativos suficientes para haberse impuesto por propio derecho en la encuesta realizada por Morena. Pero se equivocan además porque revelan que no entienden, o sus ambiciones personales no les dejan ver, la ruta estratégica que ha trazado AMLO rumbo a la presidencia de la república, estrategia de la cual Claudia Sheinbaum es pieza clave.
Para acceder al poder en el 2018, y frente al colosal muro que ya ha comenzado a edificar la mafia del poder para cerrarle el paso, López Obrador necesita ir acumulando, desde ahora, una fuerza política cuyo ímpetu vaya in crescendo hasta convertirse, en julio del año próximo, en una verdadera avalancha de votos; una masa crítica tan formidable que no deje margen para el fraude de Estado que ya se da como un hecho en el círculo del tabasqueño. Si en 2006 la ventaja de AMLO sobre Calderón era de tal magnitud, que con todo el aparato de gobierno, la complicidad de las instituciones electorales y el más grosero fraude de las últimas décadas apenas pudieron fabricar una pírrica ventaja de 0.56% para el panista; si en 2012 el “súper favorito” priísta no sacó más que 6 puntos por encima, y eso luego de la descarada compra de votos y el más escandaloso dispendio de recursos, en el entorno de AMLO lo tienen claro: para ganar en 2018 se necesita una ventaja apabullante, irremontable aún con todas las trampas y mañas del poder; una ventaja blindada contra la guerra sucia que promete ser una verdadera carnicería; una ventaja, en fin, a prueba de todo intento de torcer la voluntad de los electores.
Y es en ese sentido que la designación de Claudia Sheinbaum cobra su pleno significado: sólo ella, de entre los cuatro competidores por la candidatura, puede garantizar lo que AMLO más necesita en su camino al 2018: una victoria arrolladora en la Ciudad de México, el segundo padrón electoral más importante del país. Un triunfo contundente de Sheinbaum en la capital del país catapultará al Peje a Los Pinos, lo que los otros precandidatos de Morena no podían ofrecer: Delgado y Batres por ser figuras de menor peso político; Monreal por el desgaste sufrido en casi dos años de fungir como jefe delegacional de la Cuauhtémoc, donde los constantes ataques, sin duda infundados y provenientes de los enemigos de Morena, lograron su objetivo: erosionar sus posibilidades como candidato. Que quede claro: Monreal es también un excelente cuadro de Morena, y ojalá el partido aquilate lo que eso significa, justo ahora en que la unidad interna resulta crucial para los planes de Andrés Manuel López Obrador.
Quienes principalmente salen ganando con todo este proceso son los capitalinos. Claudia Sheinbaum encabezará sin duda uno de los mejores gobiernos que ha tenido la Ciudad de México. Y de ello hasta los histéricos antiobradoristas deberían alegrarse.

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