miércoles, 20 de junio de 2018

Tanta emoción por un gol... ¿Para luego andar arrastrando la cobija?

mar 19 jun 2018 13:30
 
  
 
Nunca se he sido aficionada al fútbol
Nunca se he sido aficionada al fútbol
Foto propiedad de: Internet
Sin duda México necesitaba un aliciente como el gol ganador del Chuky Lozano. Locos de emoción por el equipo mexicano comandado por el colombiano Osorio que hasta ahora ha hecho buen papel. Alemania habrá siempre de ser rival duro, un joven equipo que no acertó cuando tuvo la oportunidad porque también se enfrentó a nuestro guardameta Ochoa, quien fue el jugador que muy ufano expresó, en entrevista luego de derrota en partido amistoso contra Dinamarca, que los dos goles que le metieron los daneses se dieron porque no quisieron mostrar aún las armas que traían, indicando que había sido un entrenamiento previo al mundial y nada más. Una respuesta altanera y muy comprometedora, que sin duda cumplió en su primer encuentro el portero tapatío.
No he sido fan del futbol, jamás iría a un estadio a ver un partido, pero sí he pasado la existencia rodeada de ellos y ellas; visto o escuchado infinidad de duelos y griterío provenido de la pantalla chica desde que tengo uso de razón como cualquier compatriota, por lo que comprendo bien el deporte y aunque no sea fan, lo único que presencio voluntariamente es el mundial, por la calidad de la competencia y la subsecuente efímera euforia que se arma cuando ganamos. Nos unimos en ese sentimiento vencedor, nos da felicidad, andamos motivados, y claro que emocionados estamos hoy porque pareciera hay un claro chance para pasar a una próxima ronda.
Los jugadores mexicanos se crecen conforme levanta la espuma del furor ganador, todo es miel sobre hojuelas cuando un primer encuentro es ganado a una supuesta potencia. Pero hemos observado lo que con frecuencia sucede: cómo los jugadores ante el sorpresivo triunfo empiezan a bajar la guardia. Porque esa adrenalina al disminuir de intensidad, provoca que de alguna manera baje el empuje, la concentración, surjan las actitudes de “primadonas”. Luego entonces, el contrario lo percibe, lo nota, lo comprueba al paso del juego en la cancha y…nos bailan. Esa es la actitud que debe cambiar en nuestros deportistas. El inmerecido exceso de confianza que tantas veces los lleva a ser vencidos luego de encender nuestras esperanzas. La lucha constante que no se da.
Los fans de mi gremio, al suceder la debacle futbolística-- así como el resto de la nación que sigue los partidos—miran frustrados cómo de pronto se convierten en ratones nuestros previos titanes casi héroes del equipo nacional. Entonces se deprimen, andan decepcionados, empiezan a criticar y denostar a fulano o mengano por tal o cuál jugada que ocasionó el gol del fracaso. Maldicen por doquier. Piden la despedida del entrenador. Entran en duelo interno mientras continúan mirando los demás encuentros hasta la culminación del torneo. Así ha pasado tanto que ya ni me acuerdo cuánto. El llegar de la depresión colectiva porque no se pudo ganar más de dos o tres partidos. Siempre me he preguntado si ha valido la pena tanta emoción prendida de tal desbordada fe, para luego andar arrastrando así de feo la cobija, habiéndose desbaratado la que resultó, para variar, artificial nebulosa triunfalista inflada por la gran necesidad que tenemos de un júbilo verdadero.   

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