martes, 10 de abril de 2018

AMLO y los candidatos frente al primer debate

@NietzscheAristolun 09 abr 2018 21:56
 
  
 
 Y es que todos se agarran del supuesto hecho de que López Obrador es lento para contestar
Y es que todos se agarran del supuesto hecho de que López Obrador es lento para contestar
Foto propiedad de: Internet
El encuentro reciente de López Obrador con seis periodistas en el programa de Milenio TV y su participación en la asamblea general de la American Chamber of Commerce (AmCham), han servido como dos buenos ejercicios teniendo en el horizonte el primer debate de los candidatos presidenciales el próximo 22 de abril en el Palacio de Minería de la Ciudad de México. Y lo han sido tanto por el desempeño y la actitud de los entrevistadores como por la respuesta del candidato opositor.
Algunos consideran que el programa televisivo fue incluso una trampa o una emboscada, pues se vio cómo los cuestionamientos reiterados parecían una acción concertada. El acto de la AmCham fue conducido por Adriana Pérez Cañedo en papel de entrevistadora con una actitud si bien no acosadora como la de Carlos Marín, Héctor Aguilar Camín, Jesús Silva Herzog Márquez, Carlos Puig, Juan Pablo Becerra y Azucena Uresti, sí de apresuramiento a las respuestas del candidato. Y es que todos se agarran del supuesto hecho de que López Obrador es lento para contestar; él mismo juega con ese planteamiento, de que no habla “de corrido sino despacito”.
Más que lento, se trata en realidad de una oralidad pausada, segura, que piensa muy bien lo que quiere decir para no equivocarse, o buscando los términos más adecuados con cuidado pero que por lo general arriba al acierto. Los interlocutores buscan con su apresuramiento, por otro lado, tanto exhibirlo como hacerle desbarrar; sin lograrlo.
El desempeño de López Obrador en ambos actos ha sido exitoso, al grado de tener control sobre ellos, incluso y muy importante, sentido del humor. En ambos eventos hubo sonrisas, risas y aun francas carcajadas de sus interlocutores (y entre el público de la AmCham, también). Y es así porque el candidato de Morena ha logrado construir un discurso propio, con raíz, con sus códigos, sus frases clave conocidas y celebradas por el público: “la mafia del poder”, “el PRIAN”, “con todo respeto”, “la tercera es la vencida”, “soy peje pero no lagarto”; etcétera. Y ese repertorio lingüístico es todavía más amplio en el mitin ante miles. Sabe tomar el pulso del público. Y ahora lo está haciendo también en entrevistas en las que en el pasado solía estar más solemne, tenso. Como han dicho hasta sus críticos: en esta campaña López Obrador se está divirtiendo.
Y es que los cuestionamientos son los mismos, reiterados. Los periodistas los utilizan como estribillo o mantra. Y en vez de exasperarse se relaja y se divierte. Y no sólo eso, conforme ha afinado su programa, alcanza fortuna en dejar claro los temas propuestos por el coro: Corrupción, reformas energética y educativa, violencia y “amnistía”, aeropuerto, TLC y economía, etcétera.
La propuesta fundamental del único candidato opositor al sistema es sin duda la erradicación de la corrupción y la impunidad de manera radical; a partir de allí irradia su programa. ¿Cómo lograrlo? Respuesta: en México la corrupción no es cultural, como ha dicho Peña Nieto, se da como fenómeno “de arriba para abajo”. Y esto es claro, si el presidente es corrupto prácticamente todo el sistema se pudre; si lo contrario, es mucho más difícil que las grandes cantidades de dinero, desde el poder donde se dan las “tarascadas”, fluyan impunemente y derramen sus “beneficios” al grado de las “mordidas”. Es decir, la lógica del PRIAN de tarascadas, mordidas y moches: roban mucho pero dejan robar; todos alcanzan un piquito al menos. “El cáncer de México es la corrupción: AMLO”, ha titulado El Financiero Bloomberg alvideo de la participación del candidato opositor  en youtube.
Por eso es muy importante resaltar el regreso de López Obrador a un tema que abordó durante un encuentro con banqueros en Acapulco: el deseo de tener como modelo a los países escandinavos, donde existe prácticamente cero corrupción (tengo postergado el tema; pronto lo abordaré) y la clase media es la predominante; contrario a México, donde la población mayoritaria es pobre y aun miserable.
Pero lo que importa a final de cuentas es el contenido de la propuesta de cambio. Por mucho que Meade tenga elementos técnicos como burócrata de lujo por decenios, no alcanza convencer a sus interlocutores de ser el candidato “ciego y sordo”, cómplice del sistema corrompido. Anaya, cómplice asimismo del sistema corrupto y él mismo bajo sospecha de corrupción no logra convencer por muy “joven” (se dice que la juventud termina a los 30) y tecnificado que sea. Su retórica es robótica, plana, sin convicción más allá de la memoria y la obstinación; y más que programa propio, el suyo es uno que cada vez más se parece al de Morena. Zavala ni siquiera a programa llega, ha vivido y aún lo hace bajo la sombra de la ambición de su marido y a la sombra de dos fraudes -el suyo al registrarse como candidata con firmas falsas en 2018 y el de 2006-; por otra parte, quiere sacar filones a su demagógico discurso feminista.
Durante el debate del 22 de abril es claro que si no se ha definido todavía del todo el tercer lugar entre Anaya y Meade, entre estos intercambiarán ataques. Pero el blanco obstinado de los tres será López Obrador; el papel de Zavala no es otro sino el de golpeadora por encargo. No ha llegado de manera gratuita a su posición actual.
Para ese primer debate el ánimo, la atmósfera, la actitud, el desempeño de los tres candidatos prianistas (contario a lo que dice por allí un periodista, se tratará del debate entre tres candidatos pro-sistema, prianistas, y un único opositor, el candidato de Morena) es en absoluto predecible. Si a eso se agrega a los moderadores, Sergio Sarmiento, Azucena Uresti y Denise Maerker, de abierto anti-lopezobradorismo los dos primeros, estaremos de entrada ante un cuadro adverso a López Obrador. Lo sabe.
Y lo que tiene que hacer AMLO es continuar con la diversión. Va muy arriba en las encuestas, es muy clara y distinguible su propuesta, que disfrute relajado y con humor el previsible embate de sus tres adversarios que ya la mayoría de la sociedad los tiene muy bien ubicados; su mejor aliado es el público. 2018 tiene que ser diferente a 2012 y 2006.

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