AnayaEnTercerGrado #UncAnayaEnTercerGrado

Se le vio cansado, repetitivo. Un candidato que grita, que articula bien sus seudo respuestas, una persona que sabe la mejor manera de no contestar, haciendo parecer que lo hace. Pero no se vio al Chico Maravilla. Se vio a un político que pregona que se deben aceptar los errores para enmendarlos, sin aceptar nunca los suyos. Un mentiroso consumado, negando participaciones políticas, negocios y amistades
Foto propiedad de: Inter net“Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!/ Cuando quiero llorar, no lloro y a veces lloro sin querer.../ En sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé.../ Y te mató, triste y pequeño, falto de luz, falto de fe.../ Juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver!/ Cuando quiero llorar, no lloro y a veces lloro sin querer...” Rubén Darío, Canción de Otoño en Primavera
Anaya presume ser un candidato joven, pero actuó como una persona necia. “Déjame terminar la idea”, sostuvo durante toda la entrevista para callar a sus entrevistadores. No sólo eso, en el plano físico es impresionante ver que en tan poco tiempo de campaña, cómo las canas han poblado el inicio de sus patillas, al igual que se han ahondado sus entradas. ¿Esto es malo/bueno? Ni una ni otra, sólo refleja el terrible desgaste que ha sufrido en unos cuantos meses. Situación que es normal para cualquier presidente al término de su periodo, pero ¿en menos de un año? ¿Sin la presión presidencial? Reflejan tal vez, a un individuo que aún le falta foguearse en los rudos avatares de la vida pública nacional.
Cuando Raymundo Riva Palacios le dijo que sonaba igual de populista que Andrés Manuel, con propuestas como: las transferencias directas de dinero, meter a la cárcel a EPN y bajar de precio la gasolina, Anaya se defendió diciendo que era obvio un diagnóstico parecido, dado que el país es el mismo, pero la forma diferente. El problema para él, es que cuando trató de explicar esas diferencias, no salía adelante. Pasó de querer meter a la cárcel al presidente a explicar que un presidente no puede juzgar.
Carlos Loret le mencionó la gran distancia aún contra AMLO y Anaya prefirió decir que no se iban a mencionar las encuestas ahí. Ni regatearlas.
Denise Maerker le espetó que la alianza está unida con alfileres: si llegas, ¿con quién vas a gobernar? Y dando vueltas y más vueltas no contestó nada. Mencionó que sería con un gobierno de coalición. Pero sin explicar que esos gobiernos de coalición que tanto defiende (Alemania y Chile) tardan meses en ponerse de acuerdo y que también se caen con facilidad, por la fragilidad de los acuerdos. Anaya prefirió escaparse contestando por peteneras, como se lo hizo notar Raymundo Riva Palacio.
En fin, aunque contestó todo, no contestó nada. Se acepta que Anaya es un magnífico polemista, pero siendo un candidato a presidente, se pediría diera respuestas más certeras.
La defensa para no contestar por posible gabinete, secretario de Hacienda, deslindarse de Miguel Mancera, fue la presunción de ir en un gobierno de coalición, como clave para lograr un acuerdo político y con ello destrabar la parálisis legislativa. Lo cual fue desmontado por Denise como algo que sí funcionó en este gobierno, pues al principio se logró un gran pacto político y por lo mismo, no se tuvo parálisis legislativa.
Cuando se le preguntó dos veces por los Gallardo en SLP, dos veces a falta de una, mantuvo que no era miembro de la Alianza, cuando sí, Gallardo hijo va para diputado por la alianza.
Misma ausencia de respuesta, con diferente técnica cuando le preguntaron sobre los candidatos de la alianza en Oaxaca que se hicieron pasar por transexuales. Y en el caso de Oaxaca dijo que él no tenía que revisar, que sólo era candidato no presidente del partido. Por lo visto, ya olvidó que él fue presidente de su partido, y sí, con eso, tampoco contestó una pregunta directa.
Sobre el tema de las parejas del mismo sexo, se escabulló. Farfulló que sería lo dictaminado por la Suprema Corte y que él en lo particular está a favor de la tolerancia (¿es derecho o es tolerancia?). En el tema del aborto, dijo estar a favor de la vida, pero que no quiere que se criminalice a las mujeres por abortar. Total, un Echeverría se quedaría corto con aquel “no soy ni de derechas ni de izquierda, sino todo lo contrario”. En este caso, los otros dos candidatos han sido igual de esquivos.
A diferencia del programa de Javier Alatorre en TV Azteca, donde se le vio disminuido y escondido, aquí se le vio cansado. Por momentos repetitivo y reiterativo en sus respuestas. Pero no escondido.
Se vio un candidato que grita, que articula bien sus seudo respuestas, Una persona que sabe la mejor manera de no contestar, haciendo parecer que lo hace, sin lugar a dudas. Pero no se vio al Chico Maravilla, que el mismo ha vendido. Se vio a un político que pregona que se deben aceptar los errores para enmendarlos, sin aceptar nunca los suyos. Un mentiroso consumado, negando participaciones políticas, negocios y amistades. Un hipócrita que sacó a Margarita de su partido, mencionando respetarla. Y ante todo, alguien que presume juventud, pero sólo la tiene en años. Se extinguió su juventud de espíritu por haber mancillado la esperanza que se tenía en él al ser igual o más corrupto que cualquiera. Se le fue por jugar tan chueco como el político más consumado, Anaya puede llorar su juventud ida, y con él los que creyeron que escondía en esos pocos años, un hombre honesto. Esa juventud y honestidad, oh, divino tesoro, las perdió.

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