Encuestas y ética, ITAM, Cabaret Voltaire y AMLO sin rival en la final de la liguilla

Ya veremos en un par de meses a qué encuestas desdeñan los dioses que las compararán con los resultados electorales, si a las tradicionales o a las de Facebook. Algunas serán peores que otras, claro que sí
Foto propiedad de: Internet“¿Dónde están ahora sus problemas? ¿Olvidados? Ya se lo dije, aquí no hay problemas. Aquí la vida es hermosa. Las mujeres son hermosas. Hasta la orquesta es hermosa”. Palabras tomadas de la película Cabaret con Liza Minelli
En el ITAM
Se celebró en esa universidad privada, el pasado viernes, una conferencia en la que participamos:
√ Alejandro Moreno, encuestador de El Financiero.
√ Lorena Becerra, encuestadora de Reforma.
√ Roy Campos, encuestador de Consulta Mitofsky.
√ Luis Estrada, encuestador de Spin.
√ Jorge Buendía, encuestador de Buendía & Laredo.
√ Francisco Abundis, encuestador de Parametría.
√ Federico Estevez, politólogo, moderador.
√ Y yo, que no soy encuestador, pero ahí andaba.
La encuestadora de Reforma y el gol de visitante vale doble
La señora Becerra obviamente habló de sus encuestas, que le dan una enorme ventaja a López Obrador.
Ella no solo se limitó a describir los números de los estudios que realiza para los diarios propiedad de Alejandro Junco de la Vega, sino que especuló un poco acerca de la posibilidad de que el voto útil o el voto estratégico pudiera darle a Ricardo Anaya mayores posibilidades de victoria.
La encuestadora de Reforma mencionó que el candidato del PAN-PRD-MC para lograr la hazaña necesitaría el apoyo de las opciones independientes (Margarita y El Bronco), quitar no pocos votos a Meade y hasta restarle preferencias al tabasqueño, que como los goles de visitante en las liguillas, valen el doble para el aspirante que marcha en segundo lugar.
Eso de que cada voto que Anaya le quite a AMLO vale el doble me hizo pensar, sin duda, en las finales del futbol mexicano.
Así que en mi intervención no pude dejar de decir que lo expresado por Lorena Becerra me recordaba aquella vez en la que, hace tantos años, analizaba con mi hijo Federico Manuel, todavía un niño, las posibilidades de que los Rayados del Monterrey, que habían tenido una pésima temporada, clasificaran a la liguilla en la última jornada del campeonato.
Esa misión no era del todo imposible, pero… se necesitaba no solo que los equipos rivales de los Rayados perdieran por goleada, sino también que el Monterrey ganara el último partido ¡nomás por 26 goles a cero!
Obviamente el equipo de mis amores no clasificó y, supongo, ahí empezó el proceso de traición que llevó a Federico Manuel, tiempo después, a dejar a los Rayados para ponerse la camiseta de los Tigres. No lo he perdonado.
¿Es lo qué pasa a tantas personas que militaron en el PAN o apoyaron abiertamente a este partido y que hoy respaldan con entusiasmo a López Obrador, como Manuel Espino, Germán Martínez, Tatiana Clouthier, Gabriela Cuevas y Poncho Romo? El caso es que han dejado la chamarra panista para ponerse la de Morena.
Roy y su pregunta sencilla con respuesta sorprendente
Quedó claro en el ITAM que el Filósofo de Güemez tiene razón: si dos perros persiguen a una liebre y el de adelante no la alcanza, el de atrás menos.
Es decir, los encuestadores, que hablaron todos de sus números, estuvieron de acuerdo en que si Anaya no puede derrotar a AMLO, hablar de posibilidades de victoria de José Antonio Meade ya es algo cercano a la utopía.
Lo curioso es que cuando Roy Campos pidió a los asistentes que levantaran la mano aquellos que creían que Meade iba a ganar, ¡unos 10 estudiantes lo hicieron!
Roy se sorprendió y rápidamente explicó el fenómeno: “Lo entiendo porque Meade es del ITAM”.
Pues sí. Meade en el ITAM juega en casa, ¿y qué con eso? Me quedó claro ahí que no solo existen el voto del enojo, el voto del miedo, el voto razonado, el voto estratégico, el voto útil y el voto inútil, sino también el voto sentimental.
Me cae muy bien Meade y creo que sería un gran presidente, pero temo que necesitará mucho más que convencer a los y las jóvenes de esa universidad privada ya no para ganar, sino de perdida para cerrar con brío su campaña dejando a Anaya en la tercera posición.
En efecto, a Meade le hace falta una nueva estrategia, pero la misma no se ve por ningún lado.
“Es la ética, estúpidos”, diría aquella frase de la campaña de Clinton
Cuando tuve la oportunidad de hablar no solo hice referencia a los viejos fracasos de los Rayados del Monterrey.
Como los encuestadores en sus exposiciones mencionaban números y más números, interesantes todos, decidí que yo tenía que ir al problema fundamental de las encuestas en México, que no es estadístico ni técnico, sino ético.
Recordé algo que dijo Savater: “La libertad es un movimiento de conciencia que nos lleva a pronunciar uno de dos monosílabos: sí o no”.
Es decir, SÍ hacer trampa o NO hacer trampa… con las encuestas, obviamente.
Si han fallado tantas veces las encuestas se debe a problemas metodológicos, que nosotros en SDP Noticias estamos tratando de resolver con un procedimiento diferente: preguntar vía Facebook.
Pero las equivocaciones de las encuestas no solo obedecen a su metodología, sino a que los encuestadores las venden y los políticos las compran para usarlas como propaganda.
No acusé a nadie en particular de ser corrupto como encuestador, pero sí dije que, como en aquella expresión misógina, el encuestador no solo debe ser honesto, sino parecerlo.
De Rafa Giménez a Jorge Buendía
Conté que cuando se fundó Milenio Diario contratamos como encuestador al que había tenido ese puesto en Reforma, Rafael Giménez, por cierto egresado del ITAM.
Un tipo brillante, Rafael, pero…
El problema es que la primera encuesta que entregó a Milenio, técnicamente perfecta —Vicente Fox derrotaba con claridad a Francisco Labastida—, el señor Giménez ¡también la había vendido al candidato Fox!
No era una calumnia, yo vi las facturas y el propio Rafael confesó que eso había hecho, pero se justificó diciendo que cuando lo contratamos lo habíamos autorizado a hacer algunos trabajos por fuera.
Quizá sí lo autorizamos, pero a hacer encuestas para la Coca Cola o las Sabritas, no a un candidato presidencial.
Ese también fue el caso, muy reciente, del ya ex encuestador de El Universal, presente en el evento, Jorge Buendía: no informó a los directivos del periódico que él también trabajaba para Ricardo Anaya.
Cuando en El Universal se enteraron, porque yo lo dije en el noticiero de Radio Fórmula de Ciro Gómez Leyva, le pidieron dejar de hacer encuestas para el diario propiedad de Juan Francisco Ealy Ortiz y Buendía se quedó nada más como articulista.
En su turno en el ITAM, el señor Buendía se defendió diciendo que yo estaba mal informado, que él sí había sido claro con la dirección de El Universal y que por algún error no se había publicado que iba a dejar de publicar encuestas.
Lo interrumpí —el moderador Federico Estevez se molestó porque tomé la palabra sin que me la dieran, pero no me importó: estos eventos sin diálogo no tienen sentido—, y le dije a Buendía que lo que él decía no era cierto.
Entonces el ex encuestador de El Universal me pidió que preguntara a los directores del periódico lo que había pasado… carajo, si le dije que él no contaba la verdad es porque ya les había yo preguntado.
No digo que las encuestas de Buendía sean poco serias. Creo que no lo son. Es más, pienso que él es de los mejores encuestadores que hay en México. Pero se equivocó al no decir a tiempo, con toda claridad, que trabajaba para un partido político y para un candidato.
Los más objetivos y nuestras encuestas en Facebook
Los otros encuestadores que hablaron en el evento —Luis Estrada, Alejandro Moreno y Francisco Abundis— estuvieron muy bien en sus presentaciones, pero me pareció raro que Estrada en lugar de hablar él mismo todo el tiempo que tenía, puso en una pantalla gigante el video de una entrevista que le hicieron en la TV.
Siempre he pensado que entre los encuestadores tradicionales los más objetivos son Moreno y Abundis.
El dadaísmo metodológico
Por lo demás, defendí nuestras encuestas en Facebook. Mencioné muy rápidamente que, ante los ataques que en otros foros hemos recibido de parte de los encuestadores tradicionales que cuestionan nuestra metodología, me ha dado por pensar en un viejo libro de Paul Feyerabend, de 1975, en el que este defendía el anarquismo metodológico o el dadaísmo metodológico.
En la ciencia, así hay que entenderlo, contra lo que se enseña en algunas universidades:
√ No hay reglas fijas.
√ No hay leyes científicas universales.
√ No hay normas inamovibles.
Invité a los estudiantes a atreverse a pensar fuera de la caja, como dicen los gringos. Es lo que hacemos con las encuestas de México Elige aplicadas al universo de usuarios mexicanos de Facebook: como los estudios tradicionales de vivienda y telefónicos han fallado tanto, estamos intentando otra cosa.
Los que nos critican, encuestadores tradicionales que hacen muy buenos negocios lícitos y no tan lícitos, deberían tratar de entender lo que hacemos en vez de descalificar a tontas y a locas.
En fin, ¡viva el anarquismo metodológico! que Feyerabend transformó en dadaísmo metodológico. ¿Por qué?
Simplemente, porque la palabra “anarquismo” tiene connotaciones violentas, mientras que dadaísmo no.
El dadaísmo nació a principios del siglo XX en el Cabaret Voltaire, en Zúrich, Suiza, donde gente muy libre experimentaba nuevas tendencias artísticas y políticas.
Ese cabaret sigue existiendo, como museo o centro cultural, poco visitado me parece. Tiene una historia interesante.
Los dadaístas originales rápidamente abandonaron ese lugar. Pero casi cien años después, en 2002, lo rescataron los neo-dadaistas que simplemente lo ocuparon: se lo quedaron así nomás, supongo que sin pagar alquiler ni comprarlo.
Obviamente, los desalojó la policía. Pero el municipio de Zúrich tuvo la buena idea de convertirlo en un pequeño centro cultural.
No sé qué es lo que se hace ahí en la actualidad, pero la sola existencia del Cabaret Voltaire en una de las más importantes ciudades de Europa nos recuerda que el dadaísmo es lo opuesto al positivismo.
Ese es un muy buen recordatorio porque, inclusive en estos tiempos —o sobre todo en estos tiempos— no está mal ser dadaísta o anarquista tanto en política como en arte, lo mismo en la ciencia que en la vida diaria.
Quise expresar que vale la pena ser y pensar distinto, lo que debe en mi opinión decirse con voz fuerte en escuelas como el ITAM tan dadas a la metodología casi positivista.
Siempre anarquista
Consideré que en el ITAM yo debía ser un poco anarquista o dadaísta, para el caso es lo mismo, frente a encuestadores tan enamorados de su método que no admiten nada que se salga del marco teórico en el que se han formado.
Carajo, un poco de frescura les haría mucho bien. Repito que los únicos encuestadores tradicionales que veo dispuestos a experimentar con procedimientos como el de Facebook o con otros todavía más revolucionarios, son Alejandro Moreno y Francisco Abundis.
Sé que ellos si insisten en revisar lo que hacen, podrán realizar contribuciones de valor. Ojalá sus colegas también se animen.
El diálogo en el infierno
Ya no tuve tiempo, pero quise recordar que según Feyerabend —discípulo de Popper por cierto—, Galileo fue el “primer anarquista epistemológico de la cristiandad científica”.
Así lo expreso Savater en un artículo de 2007 en El País sobre un libro de José Luis González Recio y Ana Rioja —profesores de la Universidad Complutense, especialistas en filosofía de la ciencia—, que pusieron a dialogar, en el infierno me parece, a Galileo y a Feyerabend.
Para entendernos, baste decir que en opinión de Feyerabend, el señor Galileo mantuvo teorías incoherentes para los líderes intelectuales de la época: teorías que no concordaban con las observaciones ya aceptadas.
En fin, escribió Savater que en la citada obra de los profesores de la Complutense “el Galileo infernal vapulea al infernal Feyerabend de modo contundente y convincente”.
“Pero”, añade Savater, “en cuestiones del más allá nunca se sabe y los autores de esta animada —aunque se trate de ánimas en pena— conversación dejan abierta la posibilidad de que el lector, como Catón, tome partido por aquel a quien los dioses desdeñaron...”.
Ya veremos en un par de meses a qué encuestas desdeñan los dioses que las compararán con los resultados electorales, si a las tradicionales o a las de Facebook. Algunas serán peores que otras, claro que sí.

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