Cercanía entre @JesusRCuevas y @lopezobrador_ para una mejor comunicación con todos

Son muy claras las tendencias del periodismo y periodistas. Trátese de La Jornada, Reforma, El Universal, Proceso, Hiriart, Fernández Menéndez, Loret, León Krauze, De Mauléon, Julio Hernández, Aristegui. Como clara la nueva empresa anti-obradorista ContraRéplica, dirigida por Rubén Cortés, un mercenario del periodismo. Aquí me parece todo claro, clarito
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Escuché por ahí que entre cierta intelectualidad de la izquierda se dice que hay ya medios interesados en tirar a Jesús Ramírez Cuevas como director de Comunicación Social de la Presidencia antes de que el nuevo gobierno asuma el poder el primero de diciembre próximo (no diré mi fuente, como dicen los periodistas “tradicionales”, tipo Loret de Mola, García Soto o Riva Palacio). SDPnoticias sería uno de esos medios señalados pues estaría en desacuerdo con el político y sus posturas o declaraciones, o porque se atribuye que la línea editorial del portal estaría dictada por Televisa, dado que esta empresa compró hace pocos años el 50% del periódico desarrollado por Federico Arreola.
Tengo entendido que si bien la operación SDP-Televisa es una realidad, la línea editorial nunca ha dejado de estar bajo el control del portal. Una de las mejores pruebas es la pluralidad de colaboradores del mismo. En mi caso, colaboro aquí desde febrero de 2010 y nunca se me ha impuesto línea alguna; y los que me han leído lo saben. El mismo testimonio tengo de otros colegas; aunque claro, desconozco el caso de todos.
Sin asumir una especie de inexistente vocería del SDP (le correspondería a sus directores, en todo caso), me pregunto qué cosa ganaría el portal con la destitución de Ramírez Cuevas; tampoco vislumbro por qué Televisa estaría en contra del vocero de AMLO. Pero contrario, por ejemplo, a la dura crítica que alguien como Raymundo Riva Palacio ha hecho al colaborador de López Obrador, considero que este se convirtió en una de las gratas revelaciones de la izquierda electoral. Que teniendo ya una larga trayectoria como periodista, se haya convertido en uno de los protagonistas de los debates en la televisión y la radio durante la campaña electoral. Durante los debates fue claro, elocuente, informado, firme ante los ataques. De allí que no sorprenda la posición en que lo ha colocado el presidente electo.
Ramírez ha entrado recientemente en algunas polémicas sobre temas puntuales, como son los referentes a los procesos o criterios para la distribución del presupuesto destinado a los medios durante el próximo gobierno (que sufrirá una drástica reducción del 50%; lo cual ha sido bien visto por el periodismo que se quiere serio y muy mal por la llamada por el vulgo “prensa chayotera”), la propuesta para que los medios hagan explícitas sus líneas editoriales o la defensa o explicación de las declaraciones y referencias de López Obrador a la que llama “prensa fifí”.
1. Desconozco los tecnicismos, pero acaso el primer punto debiera de estar destinado a una discusión en la Cámara de Diputados o tal vez ser tratado por un grupo de especialistas que establezcan mecanismos y criterios de asignación de recursos a los medios. Ya se trate de alcance, impacto o desarrollo regional. Esto no tendría que ser muy complicado.
2. El segundo punto sí parece un tanto naíf. Son muy claras las tendencias y/o filiaciones y fobias del periodismo y periodistas en México. Trátese de La Jornada, Reforma, El Universal, Proceso, Pablo Hiriart, Fernández Menéndez, Ricardo Alemán, Loret de Mola, León Krauze, Héctor de Mauléon, Julio Hernández, Carmen Aristegui, etcétera. Como clara es, por decir, la nueva empresa anti-obradorista ContraRéplica, dirigida por el periodista cubano Rubén Cortés, exdirector de La razón; un mercenario del periodismo. Aquí me parece todo claro, clarito.
3. El tercer punto pasaría justamente por aprovechar la cercanía que Ramírez tiene con López Obrador para acordar. Ya sabemos que Ramírez propiamente no será vocero porque, como ha dicho, el nuevo presidente tiene bastante capacidad y poder de comunicación como para necesitar que alguien hable por él excepto en cuestiones muy específicas. Jesús Ramírez no será un Rubén Aguilar, un Eduardo Sánchez. Pero esta confianza entre colaborador y jefe tendría que ser aprovechada para evitar conflictos mayores, confusiones, declaraciones contradictorias, etcétera.
Por ejemplo, si yo fuera Ramírez hablaría con López Obrador en confianza (Riva Palacio sugiere que esta es mucha entre ambos personajes; “recomendado por Carlos Monsiváis, uno de los pocos que podían contradecirlo sin caer en el ostracismo”) y le sugeriría/solicitaría que no empleara el término fifí. Que aunque su contenido pueda ser correcto, su uso no sólo es demodé, es de mal gusto, confrontador y provocador. Y si lo que se quiere es que la transición sea tersa y que “la luna de miel” con la sociedad dure lo más posible, entonces qué mejor que serenarse. Y así con todos los temas, ya se trate de besos o “corazoncitos”, o prepararse para problemas serios como anuncia “Templo Mayor” de Reforma del sábado pasado, sobre el desfalco en gastos de propaganda en Sedesol (“Las oficinas de Comunicación Social pasaron de sólo emitir boletines a ejercer presupuestos millonarios, cuya utilización genera muchas suspicacias”). La formalidad cuenta mucho cuando se trata de quien representa a los mexicanos a partir de más de 30 millones de votos; un 53%. Acaso valga la pena hacer un esfuerzo de verdadera conciliación al que ha convocado en la plaza pública el presidente electo y no caer en contradicción. Úsese, pues, esa confianza para una mejor comunicación del nuevo gobierno con todos sus gobernados que aún faltan dos meses para que inicie el cambio formal, que el de fondo parecería haber empezado el primero de julio pasado.

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